Tomar café ya no es solo un ritual mañanero: se ha convertido en un hábito cotidiano para millones de personas en todo el mundo. Más allá del placer de disfrutar una taza, la ciencia demuestra que este hábito puede tener beneficios importantes en la vejez.
Un estudio realizado en el marco del Estudio Longitudinal del Envejecimiento de Ámsterdam, que siguió durante siete años a 1.161 personas mayores de 55 años, encontró que quienes consumían café de forma regular tenían un menor riesgo de fragilidad. Esta condición se caracteriza por pérdida de peso, debilidad, agotamiento, lentitud al caminar y baja actividad física.
Según los investigadores, tomar entre 4 y 6 tazas de 125 ml al día —lo que se considera un consumo moderado, de acuerdo con la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria— sería la dosis adecuada para reducir la probabilidad de desarrollar fragilidad.
El efecto protector del café se debe a la acción de compuestos bioactivos como los antioxidantes, que ayudan a disminuir la inflamación, prevenir la pérdida de masa muscular y reducir el daño celular. Además, la bebida favorece una mejor sensibilidad a la insulina, lo que contribuye a mantener niveles de energía estables y a prevenir trastornos metabólicos asociados con la edad.
“Beber café es fundamental en la vida diaria de muchas personas. Nuestros hallazgos resaltan la posible asociación entre su consumo diario y la reducción del riesgo de fragilidad en la vejez”, señaló Margreet R. Olthof, profesora asociada del Instituto de Investigación de Salud Pública de la Universidad Libre de Ámsterdam y autora principal del estudio.