lunes 21 de enero, 2019

Un examen de conciencia para el Sodalicio - por Martin Scheuch

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Fuente: VIMEO / Sodalicio de Vida Cristiana, Ordenaciones Sacerdotales 2012

Randall Waters fue miembro de los Testigos de Jehová entre 1972 y 1980 y llegó a ocupar un alto cargo que ejercía en los cuarteles generales de la entidad jurídica de la secta, la Watch Tower Bible and Tract Society, que en ese entonces tenía su sede en Brooklyn (Nueva York, EEUU). Tras varios años de trabajo pastoral como ministro protestante, fundó en 1992 la Free Minds Inc., una organización educativa sin fines de lucro para informar a la opinión publica sobre el control de la mente y otros peligros de las sectas destructivas.

Basándose sobre los estudios del psiquiatra Robert Jay Lifton (1926- ) en los años 50 —en los cuales con una muestra de 25 prisioneros de guerra estadounidenses de la Guerra con Corea y 15 fugitivos chinos que lograron huir de la China comunista analizó lo que llama reforma del pensamiento y “lavado de cerebro”— Watters adaptó para los grupos religiosos los ocho criterios que Lifton había identificado para determinar si había habido una reforma inducida del pensamiento.

El resultado es una especie de examen de conciencia que toda agrupación religiosa debería realizar.

1. Control del medio: ¿Regula el grupo las relaciones con el mundo exterior tanto del individuo como del conjunto de integrantes y se debe rendir cuentas de ello ante una instancia superior?

2. Manipulación mística: ¿Cree la organización reconocer la acción de Dios en la estructura y acciones del propio grupo? Según la conciencia que el grupo tiene de sí mismo, ¿son los propios fines superiores a los fines del mundo exterior?

3. Confesión: ¿Se espera del individuo que ponga al descubierto sus faltas, a fin de garantizar la pureza del grupo?

4. Autosanación a través de la pureza: ¿Debe el individuo adaptarse a los valores del grupo? ¿Se divide el mundo dentro de un esquema de blanco/negro, bueno/malo, y se es malo cuando uno no se somete al grupo?

5. Aura de una ciencia sagrada: ¿Están prohibidas la crítica y la duda hacia el edificio doctrinal y las normas de la organización, con sanciones como consecuencia?

6. Lenguaje recargado: ¿Tiene el grupo un vocabulario propio e inusual? ¿Hay términos que, en la forma de un argumento irrefutable, dividen el mundo en un sistema binario, como por ejemplo “mundano” para las personas que no pertenecen a la organización?

7. Doctrina sobre la persona: ¿Están la fidelidad a los principios y el bienestar del grupo por encima del bienestar y los intereses de los individuos? ¿Es acomodada regularmente la doctrina, para justificar los cambios?

8. Dispensación de la existencia: ¿Son expulsados del grupo aquellos que piensan distinto? ¿Cree el grupo que será salvado y está convencido de que los de fuera tienen peores oportunidades?

Desde el 6 de enero está reunida la V Asamblea General del Sodalicio en la ciudad de Aparecida (Brasil). Hasta el domingo 13 de enero, hubo para los 104 sodálites participantes (68 laicos consagrados, 31 sacerdotes y 5 diáconos) ejercicios espirituales bajo la conducción del P. Gianfranco Ghirlanda, SJ.

Hubiera sido una ocasión propicia para hacer como institución un examen de conciencia similar al que se detalla más arriba. Pues si las respuestas a las ocho preguntas son positivas, nos hallamos probablemente ante un grupo que puede ser calificado de secta destructiva. Y no me cabe la menor duda de que un sodálite sincero de buena voluntad respondería con un “sí” a las ocho interrogantes.

Lamentablemente, no creo que haya una reflexión a este nivel en la asamblea que se está llevando a cabo. Quien ha sufrido una reforma del pensamiento (o “lavado de cerebro” en lenguaje popular) es prácticamente inmune a este tipo de consideraciones.

El P. Ghirlanda ha sido anteriormente asistente papal para los Legionarios de Cristo y los ha acompañado en llevar a buen puerto su proceso de “renovación”. Renovación que habría sido puro “gatopardismo”, es decir, “cambiar todo para que nada cambie”.

También el comisario del Sodalicio Mons. Noel Londoño parece estar pasando por alto las fechorías de alto calibre que ha cometido la institución a lo largo de su historia, incluso en tiempos recientes. Porque todos los allí presentes parecen estar convencidos de que se manifestará la acción del Espíritu Santo para el bien de la comunidad sodálite y de la Iglesia.

Como católico creyente, espero (aunque no con muchas esperanzas) que se tome la mejor decisión: la disolución de una organización que tanto oprobio y daño le ha ocasionado a la Iglesia.

Siempre listo para la conversación del día.
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