lunes 7 de enero, 2019

Cuando el periodista inventa la realidad - por Martin Scheuch

Lectura de 3 minutos
Untitled collage (12)

Cuando en 1954 el diario colombiano El Espectador envió a Gabriel García Márquez a cubrir una protesta multitudinaria contra el gobierno en la remota ciudad de Quibdó (estado del Chocó), el entonces joven periodista, tras un viaje de dos días por la selva, se dio con la sorpresa de que esa protesta no existía. No queriendo regresar a Bogotá con las manos vacías, le propone al corresponsal local de El Espectador organizar una manifestación. De esta manera, García Márquez consigue las fotos para la crónica que escribió, en la cual no solo el hecho principal es inventado, sino que varios detalles parecen ser fruto de su imaginación, como cuando escribe que «los manifestantes lloraban, escribían memoriales y se lavaban en la vía pública».

Cuando uno lee actualmente ese reportaje, la duda flota sobre cada descripción de la localidad y sus costumbres que hace el escritor colombiano, pues no se sabe cuánto de la realidad fluye en el relato y cuánto proviene de la fecunda imaginación del autor. Como le confesaría años más tarde al periodista Daniel Samper: «Inventábamos cada noticia…».

Mario Vargas Llosa, en su libro “García Márquez: historia de un deicidio” (1971), señala que el escritor colombiano se sintió atraído al periodismo por el trabajo de reportero, «que se moviliza tras la noticia y, si no la encuentra, la inventa». Esto no se limitó al reportaje sobre Quibdó, sino que parecería ser una constante de sus reportajes, donde aparecen personajes inventados y detalles ficticios como si fueran reales.

Todas estas libertades que el portador del Premio Nobel de Literatura 1982 se tomó sobre la realidad en escritos periodísticos que deberían reflejarla con la máxima fidelidad posible no han sido obstáculo para que la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano instituyera en 2002 el Premio Gabriel Gabriel García Márquez de Periodismo con el fin de incentivar la búsqueda de la excelencia, la innovación y la coherencia ética por parte de periodistas de habla española y portuguesa en las Américas.

La historia ha sido condescendiente con Gabo, a quien se le han perdonado prácticas que en la actual época de las “fake news” serían condenadas severamente. Como ha ocurrido recientemente con Claas Relotious, periodista de Der Spiegel —semanario alemán equivalente al Time en Estados Unidos—, a quien se le ha descubierto haber falseado y manipulado información en por lo menos 14 de los 60 artículos que escribió para la prestigiosa revista, sin contar las más de 100 colaboraciones que desde 2010 escribió como periodista independiente para varios medios.

Relotius era considerado como una persona talentosa, sumamente minuciosa y meticulosa con sus escritos, y como una superestrella del periodismo alemán. No era para menos, pues en los años 2013, 2015, 2016 y 2018 ganó el Premio Alemán al Reportero, tres veces por el mejor reportaje y una vez como mejor periodista independiente. Asimismo, la cadena CNN lo distinguió en 2014 como Periodista del Año. En 2017 recibió el Liberty Award y el European Press Prize por su reportaje sobre un yemenita en la prisión de Guantánamo.

Sin embargo, en este, como en otros textos suyos, aparecen personajes que no existen, entrevistas que nunca se realizaron, descripciones de lugares que nunca visitó. No todo lo que escribió Relotius está falseado, pues con frecuencia cumplió con los estándares requeridos para la labor periodística. Sin embargo, cuando no obtenía lo que deseaba, al igual que García Márquez, recurría a su imaginación para completar lo que faltaba. El resultado son reportajes y entrevistas parcial o totalmente inventados.

Relotius ha caído en desgracia, ha perdido su trabajo, ha sido desposeído de todos los galardones obtenidos, arrastrando a una crisis de credibilidad a la revista Der Spiegel, que reconoce no haber sabido aplicar los mecanismos de verificación para cumplir con la máxima que le dio Rudolf Augstein, su fundador: «Decir lo que es».

«En el oficio de reportero se puede decir lo que se quiera con dos condiciones: que se haga de forma creíble y que el periodista sepa en su conciencia que lo que escribe es verdad», decía García Márquez. Pero “creíble” no es lo mismo que “verdadero” y el concepto de verdad según la conciencia puede implicar una manipulación de los hechos a fin de sustentar lo que uno subjetivamente cree que es verdadero.

Tanto García Márquez como Claas Relotius han sabido escribir bien en sus propias lenguas y ambos han tenido una relación ambigua con la verdad. Pero se les juzga muy distintamente. Al colombiano se le sigue llenado de elogios y al alemán se le condena con dureza. ¿Hay acaso alguna diferencia en lo que hicieron?

Siempre listo para la conversación del día.
Ad
Copyright © 2018 - GRUPO ALTAVOZ