miércoles 2 de enero, 2019

Ni Chávarry ni José Domingo Pérez - por Renán Ortega

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Fuente: Andina

Pedro Chávarry hizo lo impensable. Sacó del caso Lava Jato al cuasi santo José Domingo Pérez y al coordinador del equipo especial, Rafael Vela, y el pueblo se ha levantado. Su héroe máximo de los últimos meses, el único que parece dispuesto a luchar por el encarcelamiento de los enemigos más famosos del Perú, ya no podrá seguir persiguiendo a los villanos y, con él, morirá la esperanza de una verdadera democracia.

O por lo menos ese es el relato que muestran los medios de comunicación y que resuena con los comentarios y protestas envalentonadas de las redes sociales. Pero todo es muy alejado de la realidad y confuso.

Yo no confío en José Domingo Pérez. A diferencia de la mayoría, para mí el caso de plagios revelados en su tesis sí es gravísimo. Es grave, porque un fiscal, especialmente uno con las características de Pérez, tiene mucho poder y, por lo tanto, debe ser una persona íntegra. Una persona íntegra no copia en una tesis de maestría (o en su defecto, no paga por que le hagan una tesis, algo muy popular en el Perú). Para mí, la sola posibilidad de que no haya tenido la honestidad intelectual para realizar un trabajo académico correctamente sí sugiere que no es una persona en la que puedo confiar. Creo que la capacidad que tenemos para pasar el plagio y la deshonestidad intelectual por agua tibia demuestra por qué estamos como estamos.

Dicho esto, para mí, Pedro Chávarry (quien cobardemente tomó semejante decisión en Año Nuevo) tampoco debería ser el Fiscal de la Nación. No debería ser Fiscal de la Nación porque tiene, también, una acusación grave de plagio en su contra. No debería serlo porque hay consenso en que habría mentido y sobre un caso tan grave como el “lavajuez”. No debería serlo porque ha sido sindicado como parte de una organización criminal; no por que sea necesariamente un criminal, pues la inocencia se presume, pero porque su permanencia en el cargo y la desconfianza que su propio nombre genera le ha hecho mucho daño al Ministerio Público, organismo que tiene la importante tarea de perseguir al crimen.

Sin embargo, la situación anterior, ¿significa que Chávarry ha dado un último golpe contra la democracia y que el Perú está más cerca a la destrucción absoluta? Para nada. Chávarry solo ha cambiado a dos fiscales mediáticamente fuertes, pero fácticamente poco relevantes. Primero, porque si bien José Domingo Pérez ha logrado convencer al juez Richard Concepción Carhuancho de meter presa a Keiko Fujimori, por más satisfacción que esto pueda traer a sus detractores, no es que haya conseguido justicia.

La prisión de Keiko es solo para que no suponga un peligro para el proceso y para que no huya. No significa que se le haya declarado culpable. No significa que ya se haya realizado un juicio para determinar si Keiko lavó dinero o no. Lo único que ha habido es un espectáculo en el que juegan la política, los medios de comunicación y un pueblo indignado.

Sin embargo, Pérez no ha cambiado el sistema de justicia, no ha revolucionado al Ministerio Público ni ha vuelto a los jueces más justos.

Sacar a Pedro Chávarry y mantener a José Domingo Pérez no significará, entonces, que de pronto la justicia va a funcionar como debería, que mañana los inocentes serán libres y los culpables van a estar presos. Ello porque José Domingo es un solo hombre (valiente sin duda alguna), pero detrás de él, sigue existiendo un sistema en el que la calidad de nuestros fiscales, más allá de Chávarry, es paupérrimo. En el que los jueces tienen niveles de terror y redes se tejen para que la justicia sea reemplazada por la influencia.

Por eso, para arreglar el Perú no basta con tener a un supuesto buen fiscal, pegado con babas. Luchar contra el crimen no es meter presos a unos cuantos políticos. Es tener un Ministerio Público que sistemáticamente golpea al crimen y jueces que sean, realmente, capaces e imparciales. Personalizar la justicia y el crimen es tonto, porque la realidad no funciona así. Ni el crimen viene de un solo lugar, ni la justicia emanará de un solo hombre.

Lo que necesitamos no es a un José Domingo Pérez, necesitamos un sistema que elija y prepare correctamente a fiscales. Que sean los mejores de sus promociones en las universidades. Que no plagien en sus tesis. La justicia no depende de Velas o Carhuanchos y caer en esa mentira (de nuevo) nos va a traer más decepciones en el futuro. En el Perú ya ha habido demasiados “héroes de la democracia”. Esos terminan condenados o prófugos.

Siempre listo para la conversación del día.
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