lunes 24 de diciembre, 2018

Navidad sin Navidad - por Martin Scheuch

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«No importa en lo que Ud. crea…

…le deseamos un tiempo de reflexión y un buen comienzo en el Año Nuevo».

La primera frase aparece en el anverso de la tarjeta de Navidad emitida por el equipo de integración del gobierno federal alemán y la segunda frase en el reverso. Si bien en la foto de la tarjeta, carente de originalidad por cierto, aparecen ocho personas, dos de ellas con típicos gorros de Papá Noel y una de ellas con una cornamenta de reno de fantasía posando delante de un enorme árbol de Navidad, esta tarjeta navideña sin ninguna mención a la Navidad ha causado indignación en más de uno aquí en Alemania.

Pues se considera que la encargada de integración a nivel federal, Annette Widmann-Mauz, del partido de gobierno Unión Demócrata Cristiana (CDU), responsable de los planes y estrategias de integración de refugiados y migrantes en la sociedad alemana, ha claudicado no solo de su adscripción religiosa, sino de su identidad cultural, en aras de una malentendida condescendencia con quienes son extranjeros en Alemania, en su mayoría de religión musulmana.

Armin Laschet, presidente del gobierno de Renania del Norte-Westfalia y también miembro de la CDU, ha declarado: «Yo considero obvio que, cuando es Navidad, no se deseen felices fiestas (“season’ greetings”) o cualquier otra cosa, sino que se desee una feliz Navidad».

Alice Weidel, presidenta de la bancada parlamentaria de la Alternativa para Alemania, partido extremista de derecha, ha aprovechado la anécdota para enfilar sus lanzas contra la CDU en Twitter: «¡CDU abole la Navidad! En una tarjeta de felicitación de la encargada de integración Annette Widman-Mauz de la cancillería se busca en vano el último residuo de cristiandad, la cual el partido todavía lleva en su nombre».

Sin embargo, las críticas no solo han llovido desde quienes se identifican con el cristianismo, sino también de quienes son ajenos a esta confesión. Sevem Dagdelen, experta en migración y diputada por la Izquierda en el parlamento alemán, ha dicho: «Es lamentable que una tolerancia mal entendida lleve aparentemente a que la Navidad, la fiesta del amor, se vuelva invisible». Su conclusión es que se trata de un «acto de sometimiento cultural y social».

La indignación ha sido de tal magnitud que el mismo vocero del gobierno, Steffen Seibert, se ha manifestado: «La ministra de Estado Widmann-Mauz celebra la Navidad como la gran fiesta cristiana que es, y nada más hay que decir al respecto. Eso también queda claro en su tarjeta personal de Navidad».

Pero quien ha puesto los puntos sobre las íes es Sawsan Chebli, Secretaria de Estado en Berlín del Compromiso Ciudadano, a través de un mensaje de Twitter: «He aquí lo que tanto me enerva del debate de la tarjeta de Navidad: se hablan tonterías sobre la tolerancia mal entendida, la disolución de nuestra cultura, la amenaza a nuestro modo de vida. Pero no conozco a ningún musulmán que quiera una tarjeta de Navidad sin Navidad».

Ciertamente, Alemania ha cambiado. Quiérase o no, el Islam ha obtenido carta de ciudadanía en la sociedad alemana —cuyas leyes protegen la libertad de culto y de conciencia—, en la mayoría de los casos dentro de un clima de respeto y tolerancia. Quienes esgrimen la visión anticuada y caduca de una cristiandad occidental para justificar la marginación y la violencia contra las minorías musulmanas, son generalmente partidarios de ideologías fascistas o neonazis que conculcan los valores fundamentales de cualquier Estado de derecho.

Recientemente, en el asilo de ancianos que es mi centro de trabajo, donde muchos de los miembros del personal son inmigrantes, dos trabajadoras bosnias, rubias y de fenotipo europeo, pero de religión musulmana, se pusieron a adornar el árbol de Navidad simplemente porque les gustaba hacerlo y les parecía bonito. Tuvieron que interrumpir la tarea porque el tiempo les quedó corto y tenían que ir a atender a varios ancianos que estaban a su cargo.

En el mundo actual es indudable que la celebración de la Navidad trasciende las fronteras de lo cristiano. Pero como me dijo una de las chicas bosnias: “Quien respeta su religión, respetará también la de los demás”. Y no es necesario ocultar la propia identidad confesional o cultural para quedar bien con otros.

A todos mis lectores, creyentes o no creyentes, sean cuáles sean sus opiniones, les deseo una feliz Navidad.

Siempre listo para la conversación del día.
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