lunes 17 de diciembre, 2018

El movimiento - por Martin Scheuch

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Fuente: verdadyvida.org

Resumo con mis propias palabras el testimonio de un ex miembro de un movimiento de inspiración cristiana.

«Recuerdo con gusto los congresos que se realizaban periódicamente, pues representaban un cambio respecto a la rutina diaria de una vida supuestamente basada en la Biblia. Durante tres días, cientos de personas correctamente vestidas, acicaladas y limpias se sentaban en filas y escuchaban absortos charlas, conferencias y ponencias. Los temas siempre eran los mismos: el Señor, nuestra fidelidad al Señor, el apostolado, cómo el apostolado demuestra nuestra fidelidad al Señor, por qué el apostolado es tan urgente, las señales del fin de los tiempos, el consejo directivo, nuestra lealtad hacia el consejo directivo, por qué debemos estar atentos a lo que dispone el consejo directivo.

»Consignas de aliento, lemas repetidos, normas de conducta, reglas de apostolado para los soldados de Cristo y la exégesis bíblica se engranaban unos con otros a lo largo de las actividades del programa. Nos comprometíamos a luchar contra el demonio, éramos animados a tener más celo y devoción, se nos fomentaba y exigía sentido de comunidad: nosotros contra los demás, contra el resto del mundo. Esa era la conclusión que nos mantenía unidos. Por supuesto, no había conferencia que no nos emocionara y que no aplaudiéramos a rabiar.

»No importaba cuántas dudas se tuviera en la vida cotidiana. Después de eso, tres días parecían cuestiones secundarias a no tener en cuenta. Este sentimiento de formar un nosotros colectivo era alimentado por los cantos de la asamblea, al inicio de las actividades, durante estas y al final. Y cuando después de tres días entonábamos el canto final con voz más fuerte que de costumbre, se me ponía la piel de gallina. Nosotros contra el resto del mundo. No eran solamente palabras, era nuestro sentimiento vital.

»Asimismo, teníamos nuestra publicación mensual, con textos redactados por líderes del movimiento, donde se nos ofrecía el “alimento espiritual”, es decir, los temas sobre los cuales debíamos reflexionar, aderezados con citas bíblicas e indicaciones de cómo debíamos entender esos pasajes de la Biblia. Por supuesto, no estaba permitido criticar esos textos y quien lo hiciera era mal visto, si es que no arriesgaba una amonestación.

»Pero todo esto no se podía comparar con la publicación de un nuevo libro escrito por alguien destacado del movimiento. Se trataba de un acontecimiento especial, donde en la presentación oficial del libro se animaba a los participantes a comprarlo como si se tratara de la revelación de un pensamiento infalible que debía ser tenido en cuenta casi como si de la Biblia se tratara.

»Por supuesto, el movimiento resaltaba la importancia de la familia y la vida, consideraba la homosexualidad como una perversión y condenaba todo tipo de actividad sexual fuera del matrimonio. Si bien la sexualidad era considerada como un don natural de Dios, que no debía ser sobrevalorado, al acentuar continuamente este aspecto para condenar sus desviaciones, terminaba haciéndose una sobrevaloración poco natural y distorsionada del tema. Casi se podía tener la impresión de que el sexo en todas sus variantes y conceptualizaciones teóricas era el tema principal del movimiento. En toda charla y ponencia se resaltaba la inmoralidad del mundo con sus pérfidas tentaciones; en cada segunda ponencia se hablaba de las ventajas de la castidad y el celibato; en cada tercera, se ponía ejemplos de la decadencia masiva de las costumbres en la industria del entretenimiento (el cine y la televisión, por ejemplo).

»Y, por supuesto, se decía que la gente joven que iniciaba relaciones amorosas a gusto y placer y luego las terminaba estaba practicando para su futuro divorcio. Y los divorciados, ciertamente, eran mal vistos —sobre todo si se habían vuelto a casar— y considerados indignos de pertenecer al movimiento».

Aunque así lo parezca, no estoy hablando del Movimiento de Vida Cristiana, cuyo Coordinador General es nombrado por el Superior General del Sodalicio y que sigue a pie juntillas la espiritualidad sodálite. O mejor dicho, la ideología sodálite. La información la he tomado y adaptado del libro Goodbye, Jehova! (2014), publicado en alemán, donde Mischa Anouk relata cómo dejó la secta de los Testigos de Jehová. He puesto “el Señor” donde dice “Jehová” y “apostolado” donde dice “servicio de predicación”, pues mal que bien son términos equivalentes.

Las semejanzas no son pura coincidencia, sino inevitables.

Siempre listo para la conversación del día.
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