martes 11 de diciembre, 2018

¡Que vivan los morosos! - por Renán Ortega

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Un escándalo por cobros indebidos de moras en la PUCP ha puesto el cargo del rector, Marcial Rubio, en peligro. Que la universidad es corrupta, dicen los alumnos que protestan. Que se está elitizando a la institución con esos cobros, que renuncie el rector. No voy a hablar del fondo del asunto, de si es legal o no lo que se hizo en la Católica o si los reclamos de los alumnos son legítimos. Lo que quiero hacer es hablar de un problema serio en el sistema educativo peruano: las moras.

Se informó que la Universidad de San Martín de Porres (USMP) ha sido multada por Indecopi por más de S/768 mil. ¿La razón? Por tomar medidas contra estudiantes morosos como no permitirles ver sus notas, no entregar sus exámenes parciales y condicionar el rendimiento de exámenes aplazados hasta que cancelaran su deuda. Esto le costó a la institución una sanción.

Y el problema para mí es que hemos caído tanto en el cuento de la educación gratuita, del derecho a la educación como un valor absoluto e inquebrantable que nos estamos adentrando en un sistema que no es sostenible en el tiempo. Estamos protegiendo a las personas que incumplen un contrato. Estamos protegiendo a quienes no cumplen con su parte de una obligación: pagar por un servicio.

Y lo grave de todo es que estamos fomentando un sistema en el que el pago de los estudios ya no es una prioridad para los padres, porque saben que están protegidos. En sus descargos, la USMP explica que tuvieron una “tasa de morosidad cercana al 50%”, por lo que tuvieron que aplicar dichas medidas para de alguna manera obligar al pago. Pero Indecopi ya intervino para evitar que esto suceda.

¿Cómo mantener cualquier empresa si casi el 50% de quienes utilizan el servicio no pagan por él? ¿Trabajarían ustedes si es que solo les pagan el 50% de lo que les prometieron y el resto no está garantizado? ¿Cómo pagarían las cuentas? ¿Quién asume el riesgo del otro 50%?

Vivimos en un sistema educativo paupérrimo, eso es cierto. Pero vivimos en un sistema en el que las demoras en el pago de pensiones son un problema grave y no hay nada que los colegios o universidades puedan hacer para hacer cumplir el contrato. No pueden retener libretas, no pueden retener exámenes, no pueden prohibir el acceso a las clases, no pueden condicionar las matrículas. En otras palabras, no importa si un estudiante no paga por el servicio, está en su derecho de seguir utilizándolo.

Claro, esto suena a justicia para muchos. Es más importante el derecho a la educación. Total, mejor que el Estado invierta más en educación para que todos se eduquen. Sí, todo muy lindo, pero lamentablemente vivimos en un lugar en el que la inversión en educación no es eficiente, en el que educar cuesta, en el que aunque un alumno no pague, un profesor tiene que cobrar igual.

Y claro, los centros educativos grandes, los ya bien establecidos, podrán resistir esa demora en los pagos, por lo menos por un tiempo. La Católica podrá sobrevivir, quizás. La Universidad San Martín también. Pero un sistema tan costoso y con pocos mecanismos para reducir los riesgos es poco amigable para los nuevos emprendimientos y para que los pequeños crezcan. Al final, por defender a los morosos (que están incumpliendo con una obligación) estamos creando un sistema que vulnera a quienes están detrás de las instituciones.

Siempre listo para la conversación del día.
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