martes 4 de diciembre, 2018

Mas allá del Presupuesto Público - por Marcel Ramírez La Torre

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Fuente: Congreso

El Congreso de la República aprobó el Proyecto de Ley del Presupuesto Público para el Año Fiscal 2019. Junto con dicha Ley se aprueban también las Leyes de Equilibrio Financiero y de Endeudamiento Público.

Cada año se repite el mismo arduo y trascendental ejercicio entre el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y los pliegos presupuestales del Gobierno Nacional y Gobiernos Subnacionales: formular y aprobar el presupuesto público para el siguiente año. En el mes de diciembre tendremos certeza de los montos que los distintos sectores del aparato estatal recibirán en sus respectivos Presupuestos Institucionales de Apertura; se iniciará así la razón de ser del gobierno.

Sin embargo, el enfoque institucional vigente del presupuesto público reduce dicho instrumento a una simple relación de gastos y a una cifra total que cada año se incrementa. Sin embargo, el punto que quiero plantear aquí, y lo hago en todas mis conferencias y clases, es que el presupuesto público es el principal instrumento de políticas públicas, pues de forma detallada hace explícito los componentes de un pacto fiscal; no solo cuáles son las prioridades de las políticas públicas del año en cuestión, sino que especialmente debe resaltar quiénes financiarán dichas prioridades. Este segundo aspecto es fundamental, pues permite reconocer que los gastos y el valor público que se espera lograr solo serán posibles si algunos ciudadanos soportan una carga tributaria, es decir, enfrentan y aceptan un sacrificio fiscal a fin de financiar el bienestar colectivo.

Esto significa que el presupuesto público es mucho más que cifras con muchos ceros, es la representación de un “intercambio fiscal” que lamentablemente al no hacerse explícito es percibido más como un círculo vicioso en que el Estado capta recursos inequitativa e ineficientemente y que a su vez, no tiene las mejores capacidades para ejecutar eficaz y eficientemente el gasto público.

Sin embargo, el presupuesto público también tiene otros aspectos que permanecen escondidos o no tan evidenciados, lo cual contribuye a reforzar la idea de una insuficiente transparencia de la acción pública. Algunos de dichos aspectos son los siguientes: ¿Cuál es el tamaño del ahorro fiscal que debe permitir enfrentar situaciones como catástrofes naturales o crisis cíclicas? ¿Quiénes soportan la carga del sistema tributario y que por ende financian el presupuesto? La respuesta a esta interrogante depende de la estructura de nuestra recaudación tributaria con preponderancia del Impuesto General a las Ventas y en segundo lugar  del Impuesto a la Renta. ¿Cuánto se reducirá el incumplimiento tributario de dichos impuestos y se ampliará efectivamente la base tributaria durante el año? Responder a estas interrogantes permitirá a la sociedad conocer si el costo del presupuesto público será cada vez mejor distribuido entre los ciudadanos, es decir, si tendremos un sistema fiscal más equitativo  y justo.

Adicionalmente es importante saber cuánto del gasto tributario estaría cumpliendo sus fines y cuánto debería rediseñarse o sustituirse de alguna forma. Esta información es vital para que el ciudadano sea consciente de la equidad del sistema y de los costos de oportunidad en bienestar perdido de mantener vigentes regímenes especiales que no logran resultados efectivos.

Como se ha dicho, el presupuesto publico es el instrumento de políticas públicas más importante y por ende es de enorme interés de los ciudadanos, pues refleja quiénes financian los gastos o soportan la carga tributaria y cuáles son las prioridades del gobierno para ese año.

En ocasiones como la actual, la aprobación de la Ley del Presupuesto Público debería aprovecharse para difundir la importancia de tener un intercambio fiscal más eficiente y equitativo, difundiendo entre los ciudadanos este nuevo mensaje y hacerlo en forma creíble. Para ello no es suficiente con difundir montos globales y por sectores o cuánto es centralizado y descentralizado, se debe desnudar con total transparencia los costos de captar los recursos para financiar el presupuesto anual y evidenciar que el mal uso de recursos tiene un costo inconmensurable en bienestar y oportunidades pérdidas. No me imagino ningún líder que desaproveche esta oportunidad para institucionalizar un verdadero enfoque de “pacto fiscal por el desarrollo”; el próximo año podría denominarse así.

Economista con Maestría en Economía Pública en la London School of Economics y estudios de doctorado en Economía (Birkbeck College) en el Reino Unido. Consultor experto internacional en gestión pública, política fiscal y tributaria y Reforma del Estado y docente de la Escuela de Gestión Pública de la Universidad del Pacífico.
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