viernes 30 de noviembre, 2018

(EDITORIAL): Lecciones de Chile

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Sebastián Piñera
Fuente: Ramon Monroy/Aton Chile

Mientras que en el Perú existe un profundo rechazo de parte de varios de los sectores más conservadores del país hacia las personas trans, en Chile el gobierno conservador de Sebastián Piñera acaba de promulgar la ley de identidad de género que legaliza el cambio de nombre y sexo en el documento de identidad nacional. Piñera, con bastante razón, dijo al momento de promulgar esta ley que todos “merecemos ser arquitectos de nuestras vidas y vivirlas en libertad”. 

En el Perú, donde la unión civil ni siquiera ha sido aprobada, un paso como el dado por Piñera es bastante más difícil de imaginar. Sobre todo porque, como indicábamos líneas arriba, Piñera no es un líder de izquierda ni un liberal, sino un presidente conservador. Varios grupos evangélicos, en protesta contra esta ley, han salido a las calles y han calificado a Piñera como “traidor” por supuestamente afectar a los niños chilenos y a la “familia tradicional”. El presidente chileno, sin embargo, no dudó en sentar una postura clara luego de reunirse con científicos y especialistas sobre el tema, tomando así una decisión informada que ha defendido con bastante convicción.

En nuestro país, en contraste con Chile, nuestros políticos conservadores han apoyado o participado de la marcha “Con mis hijos no te metas”, la cual fomenta la fobia a la palabra “género”. Un grupo de congresistas fujimoristas, además, ha presentado un proyecto de ley para eliminar todo rastro de la palabra “género” de las instituciones del Estado porque supuestamente atenta contra “la familia”. No importa cuánto se les diga que el concepto de género es científicamente útil y que lo utilizan especialistas de todas las ideologías. Muchos de nuestros políticos conservadores locales están cegados por sus ideologías y atribuyen al concepto de género una serie de males con los que este no tiene ninguna relación.

Lo que nos falta aprender en el Perú, tanto a la izquierda como a la derecha, es a aceptar que podemos estar equivocados y que nuestro rival político puede tener la razón. Aprender a escucharnos y a oír los argumentos científicos sobre los religiosos o ideológicos. Mientras las discusiones sobre políticas públicas estén entrampadas en dogmas inamovibles, es difícil que nuestro país avance en muchos temas que no tendrían por qué generar tanta polémica como la identidad de género con la que se reconozca una persona. Al fin y al cabo, ¿quiénes somos nosotros para decirle a otro con qué género quiere identificarse a lo largo de su vida? La verdad es que nadie y los expertos en salud mental ya no consideran que ser transgénero o transexual sea una “enfermedad mental”. Mucho menos creen que sea un invento ideológico que tiene por fin destruir a la familia. Nuestros conservadores, en este caso, deberían aprender del presidente Piñera y estar más abiertos a escuchar a los especialistas y cambiar de postura. Eso haría mucho bien a nuestra política. 

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