lunes 26 de noviembre, 2018

La inmigración venezolana vista por un alemán - por Martin Scheuch

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Jan Doria, estudiante de ciencias de la información y español en Tubinga (Alemania), se encuentra realizando un semestre de estudios en el extranjero en la Pontificia Universidad Católica del Perú.

El 18 de noviembre publicó en Informationsstelle Peru, informativo en alemán sobre acontecimientos peruanos, una reflexión comparando la inmigración venezolana en nuestro país con la inmigración que se da en Alemania, el país europeo que más refugiados ha acogido.

El Perú ha recibido a unos 500 mil venezolanos que huyeron de su país, lo cual representa aproximadamente un 1.6% de la población peruana. Alemania recibió en el año 2015 entre 750 mil y un millón de refugiados, la mayoría procedente de Siria, lo cual representa un máximo de 1.2% de su población.

Aun cuando en ambos países las redes sociales se han visto inundadas de comentarios xenófobos y racistas así como de fake news sobre los inmigrantes —presentándolos como invasores y criminales—, eso no se ha plasmado en el Perú en manifestaciones multitudinarias en contra de la inmigración, como sí ha ocurrido en algunas ciudades del Este alemán —lo que antiguamente era la comunista República Democrática Alemana—, organizadas por el movimiento Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (PEGIDA) y otros grupos populistas de derecha.

En el Perú, en cambio, se ha mantenido relativamente la calma. No ha habido manifestaciones callejeras contra la presencia de venezolanos en tierras peruanas y el candidato a la Alcaldía de Lima Ricado Belmont, que esgrimió un discurso antivenezolano durante su campaña, solo obtuvo el 3.89% de los votos.

El prurito alemán de hacer todo concienzudamente, planificando hasta el más mínimo detalle, está jugando en contra del Estado alemán a efectos de enfrentar con éxito la crisis migratoria. Desde hace tres años se discute si las decisiones que se tomaron fueron las correctas y de cuál es el plan para lograr superar la situación. Pues en Alemania siempre tiene que haber un plan, con fechas y plazos que se tienen que cumplir. Y si esto no ocurre, arde Troya. Muy al contrario de lo que ocurre en el Perú, donde nunca ha habido un plan, donde no se pierde tiempo discutiendo si las decisiones fueron correctas en una situación ante la cual no hay marcha atrás, sino más bien se enfrentan los retos con flexibilidad y espíritu práctico. Además, el gobierno de Martín Vizcarra tiene actualmente otras prioridades, entre las cuales se halla la lucha contra la corrupción

Otro factor a tener en cuenta es que un venezolano recibe permiso de trabajo en el Perú con mayor facilidad que un inmigrante en Alemania, pues en este país se examinan sus calificaciones y aptitudes a través de trámites burocráticos engorrosos, mientras que en el Perú basta con presentar una solicitud de asilo para obtener automáticamente permiso de trabajo. Y para muchos venezolanos resulta fácil integrarse en el mercado laboral informal que existe en el Perú, prácticamente inexistente en Alemania.

Ciertamente que las diferencias culturales entre un peruano y un venezolano son mucho menores que entre cualquiera de los refugiados que pisan tierras germanas y un alemán nativo. Pero eso no es todo el problema.

«La minuciosidad alemana es fabulosa, pero ahora se necesita flexibilidad alemana», decía Angela Merkel a inicios de 2016, frase que ahora nadie quiere recordar. Y sin embargo, es la flexibilidad lo que hace que el Perú esté mejor preparado para enfrentar una crisis migratoria. Los peruanos están acostumbrados a lo inesperado, mientras que a los alemanes típicos eso les suele disgustar, acostumbrados a planear con mucha anticipación hasta sus vacaciones.

Jan Doria concluye que Alemania puede aprender mucho del Perú. Que no vale la pena perder tiempo discutiendo demasiado si las decisiones fueron las correctas. Que una crisis debe ser afrontada con optimismo y con la conciencia de que la vida misma no es planificable. Y que el gobierno, como está haciendo el presidente Vizcarra, debe preocuparse de llevar a cabo las reformas sustanciales que el país necesita, sin dejarse distraer por el juego del populismo de derecha, que busca aprovechar la situación para alcanzar réditos entre la población.

Las virtudes alemanas no han servido de mucho para afrontar la crisis migratoria. Mejor preparado en este sentido está el Perú, con todos sus déficits. O quizás gracias a ellos.

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