lunes 5 de noviembre, 2018

El jesuita sancionado por no ser homófobo - por Martin Scheuch

Lectura de 3 minutos
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«No podemos hacernos responsables de excluir de la Iglesia a seres humanos, para los cuales la homosexualidad forma parte de su identidad. No somos un establecimiento disciplinario».

Así se se expresaba en el 2017 el jesuita Ansgar Wucherpfennig (1965- ), rector de la Escuela Superior Filosófica-Teológica Sankt Georgen (Frankfurt) y persona de contacto de la Iglesia católica —junto con la agente pastoral Helga Weidemann— para gays y lesbianas en la región.

Como ejemplo de la buena labor realizada se puede mencionar el caso de Thomas Michael (nombre ficticio), homosexual católico creyente, quien en el año 2008 había decidido oficialmente separarse de la Iglesia. Le molestaba la posición oficial de esta en el trato con los homosexuales. La gota que colmó el vaso fue la separación de su cargo del párroco de Wetzlar, Peter Kollas, por parte del ultraconservador obispo Franz-Peter Tebartz-van Elst —actualmente separado de su cargo por escándalos financieros en su diócesis—, debido a que junto con un párroco luterano había concedido la bendición eclesiástica a una pareja homosexual tras su unión civil.

En el año 2015, tras mantener conversaciones con Wucherpfennig, Thomas Michael —actualmente un sexagenario— decidió regresar a la Iglesia católica, pues vio que la actitud de parte de representantes de la Iglesia era otra, más abierta y atenta a las personas individuales. Y todo gracias a que la Iglesia local en Frankfurt ofrecía consejería para homosexuales —de la cual participaba el jesuita Wucherpfennig— con el lema: «Ver al ser humano. Atención pastoral para hombres y mujeres homosexuales».

«Nunca he tenido la sensación de que haga algo injusto con mi homosexualidad. Dios me ha creado con este deseo. ¿Por qué debería él rechazarme a causa de este motivo?», declaró el gay católico.

¿Por qué seres humanos como Thomas Michael deberían cambiar y no la Iglesia? A estas reflexiones llegaba Wucherpfennig. «La Iglesia, con este servicio de atención pastoral, ha puesto en claro —para muchos demasiado tarde— que en la Iglesia hay homosexualidad… y que está permitido que haya…»

Recientemente, esta posición humanista de acogida a la diferencia sexual ha tenido consecuencias para el P. Wucherpfennig. En febrero de 2018 fue nuevamente elegido —por tercera vez consecutiva— para ejercer el rectorado de Sankt Georgen por un período adicional de dos años, a iniciarse el 1° de octubre. Sin embargo, el 7 de octubre se hizo público que la Congregación para la Educación Católica, uno de los dicasterios de la Curia romana, se había negado a concederle el “nihil obstat” —“nada obsta”, permiso para poder ejercer un cargo docente en una institución educativa católica—, alegando unas declaraciones que el jesuita había hecho a la Neue Frankfurter Presse en octubre del 2016.

A la pregunta:

«He leído que usted ha bendecido parejas homosexuales. ¿Por qué la Iglesia católica tiene una postura tan negativa hacia los homosexuales?»

había respondido lo siguiente:

«Mi impresión es que se trata de pasajes bíblicos arraigados y en parte formulados ambiguamente. Por ejemplo, por San Pablo en la Carta a los Romanos. Las relaciones homosexuales en la Antigüedad eran situaciones de fuerte dependencia y sumisión. El amor debería ser una relación libre e igualitaria, de ninguna manera con desnivel. Eso es lo que propiamente quería decir San Pablo, según mi hipótesis».

Mientras que la decisión ha generado controversia, el jesuita no tiene pensado retractarse por una cuestión de conciencia. A favor de él y en contra de la decisión de Roma se han declarado el actual obispo de Limburgo Georg Bätzing, el provincial de los jesuitas Johannes Siebner, el decano de la ciudad de Frankfurt Johannes zu Eltz y el canonista Thomas Schüller, así como el Consejo de Facultades Teológicas Católicas, los Colectivos de Teología Católica, la sección alemana de la Sociedad Europea de Teología Católica y el Fórum de Teólogas Católicas en una declaración conjunta.

Ante esto —y a fin de evitar mayores conflictos— Roma ha dado su brazo a torcer, ofreciendo una posible solución: que sea el P. Arturo Sosa, superior general de los jesuitas, quien garantice la “recta doctrina” del P. Wucherpfennig. Con lo cual, en la práctica, Roma declina su responsabilidad y Wucherpfennig podría asumir el rectorado de Sankt Georgen si así lo decide el P. Sosa.

Es una señal de que las cosas están cambiando y de que la cúpula de la Iglesia católica no podrá seguir tomando autoritariamente decisiones arbitrarias sin encontrar resistencia de parte del catolicismo reflexivo y pensante.

Siempre listo para la conversación del día.
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