lunes 29 de octubre, 2018

(EDITORIAL): Una victoria lamentable

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Jair Bolsonaro
Fuente: Difusión

Durante los años recientes, América Latina estuvo amenazada por lo que se conoce como el “socialismo del siglo XXI”. Bajo esta etiqueta, se agruparon distintos gobiernos que llegaron a gobernar países como Argentina, Venezuela, Brasil, Bolivia y Ecuador. No todos los gobiernos del “socialismo del siglo XXI” fueron igual de perjudiciales, pero la implementación de medidas de carácter proteccionista, autoritario e intervencionista fue un lastre para nuestra región.

En Brasil, el país más grande y rico de Sudamérica, “socialismo del siglo XXI” entró en una grave crisis debido al estallido del caso Lava Jato. Petrobras, una empresa pública que para la izquierda peruana era un ejemplo a imitar, se vio implicada en un inmenso escándalo de corrupción que comprendió a distintas fuerzas políticas brasileñas y a empresarios mercantilistas como Marcelo Odebrecht. Entre las consecuencias que tuvo la desacreditación del partido de Lula da Silva (no así de él mismo) y de otras fuerzas políticas tradicionales está la victoria de Jair Bolsonaro, un candidato iliberal que representa ya no una amenaza desde el populismo de izquierda, sino un resurgimiento del populismo reaccionario de derechas.

Bolsonaro, aunque ha hecho algunas propuestas sensatas que implican reducción de aranceles y privatizaciones, es un político autoritario que cuya candidatura fue apoyada por lideres evangélicos y los grupos más conservadores de la política brasileña. Para ponernos en contexto, Bolsonaro pretende tipificar como “terrorismo” las ocupaciones de tierras; ha elogiado al presidente de Filipinas por su brutal y absurda guerra contra las drogas que ha generado más de 20 mil muertes; ha indicado que los policías deben tener “carta blanca” para matar delincuentes; a propuesto crear “campos de refugiados” para los venezolanos en lugar y, por supuesto, ha propuesto eliminar la “ideología de género” de las escuelas y ha propuesto que se enseñe “Educación moral y cívica”, un curso que existía durante la dictadura brasileña y que difícilmente carecerá de contenido ideológico.

Además de todo ello, es sumamente preocupante la llegada al poder de un político que a menudo sustenta sus opiniones en base a sus prejuicios y no al conocimiento científico. Al igual que Ricardo Belmont en el Perú, Bolsonaro es una persona que cree que conoce más de lo que realmente sabe y que no duda en hacer gala de su ignorancia. Por ejemplo, Bolsonaro ha señalado que él apoya la tortura pese a la abundante evidencia de que esta práctica no sirve ni es una medida útil. En una infame entrevista con la actriz Ellen Page, el hoy presidente electo de Brasil aseguró que había aumentado el número de homosexuales debido a las drogas, “las libertades” y “las mujeres trabajando”. A lo largo de su carrera, Bolsonaro ha expresado ideas homófobas y machistas. ¿Cómo se puede confiar en que una persona que está más interesada en sus prejuicios que en la evidencia implemente las políticas adecuadas?

Con la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, la política latinoamericana da un giro que hasta hace unos años hubiese sido impensable. La corrupción y los problemas económicos de Brasil son parte de la explicación de la victoria del político populista. En nuestro país no existe por el momento un personaje similar a Bolsonaro, pero tampoco una alternativa que sea una solución para los problemas del Perú (o parte importante de ellos). Lo que nos toca a los peruanos es hacer lo contrario a lo que nos recomendaba la izquierda hace unos años (imitar a Brasil): debemos aprender de los errores de nuestro vecino más grande para evitar que los populismos de derecha e izquierda cobren mayor fuera.

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