miércoles 12 de septiembre, 2018

(EDITORIAL): Por fin, se hizo justicia

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Abimael Guzmán
Fuente: Andina

El 16 de julio de 1992 es una fecha que quedará siempre en la memoria de los peruanos. Un coche bomba enviado por Sendero Luminoso estalló en la calle Tarata de Miraflores matando a 25 personas y dejando como saldo a más de 200 heridos. Historias como las de Vanesa Quiroga, la niña de solo 8 años que perdió una pierna luego de la explosión, se convirtieron rápidamente en símbolos de la crueldad de Sedero Luminoso que muchos limeños nunca podrán olvidar.

Luego de más de 26 años desde el atentado, ayer el Colegiado “A” de la Sala Penal Nacional condenó por fin a cadena perpetua a los líderes terroristas que estuvieron detrás de este atentado. En calidad de autores mediatos, estos son los responsables del sufrimiento de tantos peruanos: Abimael Guzmán Reynoso, Elena Yparraguirre, Óscar Ramírez Durand ‘Feliciano’, Osmán Morote Barrionuevo, María Pantoja Sánchez, Laura Zambrano Padilla, Florindo Flores Hala ‘Artemio’, Margot Liendo Gil, Edmundo Cox Beuzeville y Florentino Cerrón Cardoso.

Tal vez ni Guzmán ni Yparraguirre fueron autores materiales del delito, pero la cúpula central de Sendero Luminoso es el primer responsable de las miles de muertes de inocentes que hubo en nuestro país. Hijos que quedaron sin madres, niñas ultrajadas, autoridades municipales que fueron ultimadas a sangre fría, todos fueron víctimas del fanatismo y del nulo respeto por la vida humana que sembraron Guzmán y sus allegados en el resto de terroristas.

Hace un tiempo, el ya fallecido abogado de Abimael Guzmán, Manuel Fajardo, aseguraba que el atentado de Tarata había sido un “error”. Como si de alguna manera redujera la gravedad del crimen cometido, Fajardo aseguraba que en realidad se había querido atentar con un “local político”: “Fue un error. Esa acción no estaba dirigida para las personas que vivían en Tarata… había un local político ahí”.

La verdad es que, así hayan querido atentar en un primer lugar contra un “local político”, en ningún momento les preocuparon las vidas inocentes. Incluso si hubiesen terminado atentado contra un “local político” hubiese sido un crimen atroz. La diferencia del objetivo es trivial, solo relevante en la mente de una persona que ya está dispuesta a cometer un acto criminal. A la justicia lo que le debe importar es que estas personas tenían la intención de matar y que terminaron cobrando vidas humanas. Por eso es que merecen morir en la cárcel.

Ahora que por fin se hizo justicia, lo que nos queda a los peruanos es tratar de comprender lo que pasó y no olvidarnos de lo que sucedió en durante los años de la violencia terrorista. Para que no vuelva a haber un Sendero Luminoso, es importante enseñar en las escuelas lo que ocurrió, hacer trabajo de memoria y también mejorar este país para que nunca más un demagogo saque provecho de la pobreza. Los senderistas han sido condenados, por lo que nos toca luchar para que nadie más vuelva a repetir su ejemplo.

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