martes 10 de julio, 2018

¿Democracia en el Perú? - por Bruno Schaaf

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Fuente: trome

Era 1948 cuando Rafael de la Fuente, más conocido como Martín Adán, paseaba por la Plaza San Martín. De pronto, una tanqueta irrumpe la tranquilidad de otoño y continúa bulliciosa con dirección a Palacio. Sí, era la tarde del golpe de Odría; la democracia iba a terminar. Entonces, De la Fuente, con plena sensatez, formuló lo cierto: El Perú ha vuelto a la normalidad.

La pregunta cae, y es: ¿Cómo no volver a la normalidad?¿Cómo salvar a esta democracia? Las últimas décadas democráticas y anormales han solucionado mucho, pero no han podido acercar a la población a sus autoridades; el ciudadano no confía en el estado y pierde interés, lo que empieza a ser mortal en un democracia representativa con sufragio obligatorio. No volver a la normalidad significa tener una población informada y responsable. Lamentablemente, Ipsos y sus encuestas nos señalan un camino empinado y con posibilidad de huayco.

Según la encuesta urbano-rural de Ipsos, el 12% de la población no conoce a Keiko; el 45% a Julio Guzmán; el 39% a Acuña y un increíble 51% no conoce a Alfredo Barnechea. He de recordar que todos fueron candidatos en el 2016 y que probablemente lo serán en el 2021 ¿Cómo puede alguien votar si no conoce a la mitad de los candidatos más importantes?

Ciertamente, Perú no es un democracia ideal en la que el elector estudia a los candidatos, pero un desconocimiento tan alto sólo puede ser explicado por la compra de votos, por el voto de costumbre, por un nivel estratosférico de decepción de la democracia o por una mezcla de los tres.

Realmente, para llorar. A Ricardo Belmont, dos veces alcalde de Lima y exitoso presentador de televisión, ¡sólo lo conoce el 39% de los limeños! Ciertamente parece que Ipsos hace sus encuestas en Minsk, pero lamentablemente las hace en Lima y esos niveles de ignorancia son ciertos.

Más que una pregunta, una respuesta: ¿Quién vota? Bueno, en el Perú todos están obligados a votar; incluso, no hacerlo cuesta. De ese modo, todos pueden llegar al cargo, pues el elector no está comprometido ni informado. Decir que la culpa la tiene el candidato por no hacerse conocido es culpar a Luisito Rey del déficit mexicano, pues está comprobado que los gastos en campaña son enormes y que la publicidad llega a más del 50% de la población.

Por ejemplo, ¿cómo es posible que César Acuña, que gastó más de 5 millones de soles en campaña, tan solo sea conocido por el 34% de la población? El desconocimiento es enorme, incluso con publicidad, y es que el problema no radica ahí, sino en la confianza y en la esperanza de cambio, lo que se resume en falta de interés. La ausencia de esta en buena parte de la población nos condena a cruzar los dedos en cada elección, pues solo tendremos mejores representantes cuando esa parte de la población comprenda que también es parte del Perú y que un voto consciente es un demanda justificada.

Escribe Bruno Schaaf
Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Mannheim. Amante del Perú y nostálgico de un mejor futuro para todos los peruanos.
Siempre listo para la conversación del día.
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