lunes 9 de julio, 2018

Nos estamos distrayendo con el feminicidio - por Renán Ortega

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esneiderjuanita
Fuente: Difusión

Sé que esta columna va a generar polémica y sé que muchos me odiarán por lo que voy a decir, pero creo que estamos cayendo en un grave error. No solo voy a explicar por qué el caso de Juanita Mendoza Alva no debería ser tratado como feminicidio, sino por qué creo que el problema más grave, en este caso, ni siquiera ha sido el machismo.

Quiero empezar por aclarar que considero que hay una situación grave de violencia contra la mujer que debe ser combatida. Creo, también, que tenemos un serio problema de machismo que debe ser erradicado. Sin embargo, más serio aún es que no existe la justicia.

¿Por qué lo que hizo Esneider Estela Torres no es un feminicidio? Porque no cumple con los requisitos no solo descritos en el Código Penal, sino bajo la interpretación establecida en el Acuerdo Plenario-N°-001-2016 (el acuerdo plenario define cómo se debe interpretar el delito).

En simple, se exige que, para que haya feminicidio, quien lo cometa sea necesariamente un hombre adulto y que, además, haya matado a una mujer “por su condición de tal”. Y el problema es la definición de lo último. Es decir, el sujeto no solo debía querer matar a la mujer, sino que “se le agrega un móvil: el agente la mata motivado por el hecho de ser mujer”. El acuerdo plenario esboza una situación en la que la persona actúa por una situación social en la que el hombre trata de imponerse sobre la mujer y la ve como algo menor.

Habla de una “actitud de minusvaloración, desprecio, discriminación por parte del hombre hacia la mujer”, como parte de una “especie” inferior (ojo, el acuerdo plenario es el que utiliza la propia palabra especie). En otras palabras, Esneider debió matar a Juanita Mendoza por considerarla inferior, por discriminarla como mujer y para imponer su superioridad como parte de la especie dominante: el hombre.

Sin embargo, según lo que se sabe hasta hoy, a Juanita Mendoza la quemaron no por ser mujer, sino por los insultos que ella lanzó contra su asesino y por oponerse a la relación entre Esneider y su hermana.

Entonces, no basta con que haya matado a una mujer, sino que la motivación tiene que ser un desprecio por el sexo femenino y ese sentido de superioridad masculino. Hasta hoy, no se sabe si efectivamente el sujeto actuó bajo ese móvil.

Ahora, si queremos decir que un hombre que mata a una mujer siempre lo hace porque le tiene desprecio al sexo femenino, que siempre lo hace porque vive bajo una estructura patriarcal que de plano lo convierte en un ser que cree que puede hacer lo que quiera con las mujeres, deberíamos cambiar la ley para que siempre que la víctima sea mujer, haya feminicidio. Creo que eso sería un grave error.

Pero para mí el problema más grave de todos es que la muerte de Juanita se da en la siguiente situación: Esneider fue detenido en diciembre del 2017 por tráfico ilícito de drogas cuando distribuía 35 envoltorios de pasta básica de cocaína y, poco después, liberado. Ese mismo año fue detenido de nuevo por supuestamente cometer delitos con la banda “Los sicarios de Cajamarca”, destinada a robar y desmantelar motos y mototaxis, pero fue liberado. Este año, fue nuevamente detenido y acusado por pertenecer a la misma banda, pero fue liberado.

¿De verdad nos sorprende que un sujeto que ha sido detenido por formar parte de una banda que empieza con “Los sicarios de…” haya matado a una mujer poco después? ¿De verdad creemos que la solución pasa por poner penas más graves y llamar feminicida a un asesino? Yo creo que no. Yo creo que el problema pasa porque la justicia, en general, no existe. Porque no importa si le ponemos 40, 50, mil años como sanción a un delito, mientras la Fiscalía y el Poder Judicial puedan hacer de las suyas, toda campaña social se vuelve inútil porque otros Esneider van a seguir libres.

Hoy, el Consejo Nacional de la Magistratura es la estrella por unos audios revelados por IDL-Reporteros en que hasta parece que un juez negocia la libertad de un violador. Yo no sé si de verdad estamos apuntando al lugar correcto. Mientras pedimos penas más graves al Congreso, detrás de los titulares y las pantallas hay operadores políticos que negocian con los criminales que queremos ver presos y nadie lucha contra ellos, por lo menos no de verdad.


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