martes 15 de mayo, 2018

El Mecanismo de Duberlí - por Alejandro Cavero

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Tribuna Libre
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Fuente: La República
Alejandro Cavero se desempeña como analista y comunicador político.

Hace algunos días, el presidente del Poder Judicial, Duberlí Rodríguez, sostuvo que sería “irresponsable” de su parte descartar una eventual postulación a la Presidencia o al Congreso. Lo realmente irresponsable, sin embargo, es que en el Perú nuestros jueces no tengan claro uno de los requisitos más importantes para administrar justicia: la independencia.

Cuando un juez tiene ambiciones políticas o se deja guiar por lo que dice la opinión pública, los partidos o los poderes de facto pierde su independencia y su capacidad de juzgar desde el derecho y no desde la política. En el Perú hemos confundido muy peligrosamente el perseguir el crimen con administrar justicia.

En todo sistema penal, el Ministerio Público es quien acusa y persigue el delito y es el juez quien decide como tercero independiente e imparcial. Por tanto, cuando uno recurre a la experiencia norteamericana (un país con uno de los sistemas de justicia más respetados del mundo) se da cuenta de que quienes hacen política son siempre los fiscales y no los jueces (para muestra está la serie “Billions”, o el “Batman” de Nolan y su recordado fiscal Harvey Dent). Los jueces, al menos en Estados Unidos, no suelen -en la gran mayoría de casos- buscar cargos electorales. Más bien, buscan construir sus carreras judiciales desde la academia o el ejercicio privado.

Es verdad que el Ministerio Público y el Poder Judicial deben trabajar de la mano, pero ello no significa confundir sus papeles ni mucho menos. El Ministerio Público es solo una parte en el proceso, tan igual como la defensa de un acusado. Para el juez no debe existir una suerte de “cruzada moral” junto con la Fiscalía por atrapar a los malos. Esa simplemente no es su función. De allí que fuera precisamente ese aspecto el que me resultara peligroso al ver en Netflix “El Mecanismo”, la serie inspirada libremente en el caso Lava Jato en Brasil. En esta serie se aprecia, o se intenta relatar, una complicidad bastante peligrosa entre la Fiscalía y el Poder Judicial, y un afán de protagonismo en el juez del caso que no es sano para ningún sistema imparcial de justicia, por más buenos resultados que pueda obtener en el corto plazo o frente a la opinión pública.

Y lo vemos también en el Perú. Como dijo el abogado Carlos Chipoco hace algunos días, “cuando un juez (haciendo alusión al caso de Richard Concepción Carhuancho) se pasea por los medios o reacciona a la opinión pública, está tomando decisiones en función a lo que piensa la gente y no en función a lo que está en el caso, y esa no es su labor”. No podríamos estar más de acuerdo. Y es que aquí estamos dejando de lado algo muy importante: el juez no le rinde cuentas a la ciudadanía, solo se las rinde a los jueces superiores y a su conciencia. Cuando asumimos que el Poder Judicial es un órgano político que debe justificar sus decisiones ante lo que piensa la gente, perdemos objetividad. Quizá el hecho de que el señor Duberlí Rodríguez haya sido congresista en el pasado le ha hecho pensar que el Poder Judicial es una suerte de Parlamento que debe justificar ante sus electores y la prensa las decisiones que se toman, algo sumamente pernicioso.

De hecho, yo soy de los que piensa que los jueces en general no deberían aspirar a (ni se les debería permitir) tener ninguna carrera política, ni presente ni futura. ¿Qué imparcialidad puede tener un juez que ha sido congresista o militado en un partido político? ¿Cuántos quieren apostar que no tendremos al juez Moro postulando a algún cargo electoral en Brasil? Cuando la justicia se politiza o se mediatiza, los perjudicados somos los ciudadanos que ya no veremos nuestros derechos respetados por la ley, sino por el juego político del poder. Algo, sin duda, bastante peligroso ya no solo para los políticos sino también para cualquiera de nosotros.

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