lunes 14 de mayo, 2018

Marx y Marx - por Martin Scheuch

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marx

El 5 de mayo la ciudad de Tréveris (Trier, en alemán), ubicada en Renania-Palatinado —el estado federal donde yo vivo— celebró el bicentenario del nacimiento de Karl Marx, no sin que se generara cierta controversia al respecto. Las opiniones estaban divididas entre quienes decían que había que homenajear al genial filósofo, revolucionario, pensador social y economista, y quienes protestaban debido a que su pensamiento había inspirado regímenes dictatoriales que habían pisoteado derechos fundamentales y cargaban un número incalculable de muertos sobre sus espaldas.

Pero como señaló la socialdemócrata Malu Dreyer, actual jefa de gobierno de Renania-Palatinado, “no podemos responsabilizar a Marx de los crímenes cometidos en su nombre”.

Lo cierto es que 200 años después de su nacimiento en Tréveris —ciudad que incluso ha dedicado una exposición histórico-cultural en su honor—, el pensamiento de Karl Marx —que yo mismo no comparto— sigue siendo de actualidad, sobre todo por sus análisis de cómo funciona el capitalismo y de por qué la riqueza generada se construye sobre la explotación y alienación de los obreros, sin mencionar las certeras predicciones de Marx respecto a las crisis cíclicas del capitalismo, un tema que sigue siendo de candente actualidad.

Asimismo, Karl Marx señalo que la religión puede convertirse en un elemento que perpetúa situaciones de opresión, al adormecer las conciencias y ofrecer una felicidad ilusoria que no permite tomar conciencia de la injusticia sufrida:

“La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el sentimiento de un mundo sin corazón, así como el espíritu de una situación sin alma. Es el opio del pueblo. Se necesita la abolición de la religión entendida como felicidad ilusoria del pueblo para que pueda darse su felicidad real.”

Porque una cosa es cierta: la religión puede ser utilizada para atentar contra derechos humanos fundamentales de la persona. Lo cual ciertamente no pertenece a la esencia de religioso —como sugiere Marx—, pues una religión correctamente entendida y vivida sanamente puede constituir una experiencia liberadora que amplíe los horizontes de una persona y la lleve a un compromiso social auténtico. Siempre y cuando se sea tolerante y respetuoso hacia quienes no comparten esa experiencia.

Y eso parece haberlo entendido bien el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich y presidente la Conferencia Episcopal Alemana, quien se ha opuesto a que un símbolo cristiano sea utilizado políticamente en contra de la neutralidad que debe mantener el Estado.

Pues resulta que el gabinete de ministros de Baviera decidió el 24 de abril de este año que, a partir de junio, todas las entidades del estado federal deberán contar con un crucifijo visible. Markus Söder, jefe de gobierno bávaro y miembro del partido conservador Unión Social Cristiana (CSU), ha fundamentado esta medida argumentando que busca expresar la impronta histórica y cultural de Baviera y ser un reconocimiento visible de los valores fundamentales del ordenamiento jurídico y social. “La cruz no el símbolo de una religión”, declaró. “Esto no constituye ninguna transgresión contra le ley de neutralidad del Estado”.

No lo ve así el cardenal Marx. En declaraciones del 29 de abril a la “Süddeutsche Zeitung” criticó agriamente esta decisión. Se habría generado divisiones, desasosiego y confrontaciones. “Si se ve la cruz sólo como un símbolo cultural, entonces no se la ha entendido”, declaró el prelado. “Pues la cruz sería expropiada en nombre del Estado”. Pero al Estado no le corresponde explicar el significado de la cruz.

En una encuesta representativa publicada ese mismo día en “Bild am Sonntag”, 64% de los encuestados se manifestaba en contra de que se colgaran crucifijos en las entidades estatales. Marx considera que este debate público es importante y debe seguir. “¿Qué significa vivir en un país de impronta cristiana?” Si es así, se debe entones practicar la inclusión con todos: cristianos, musulmanes, judíos y no creyentes.

Mons. Wolfgang Bischof, obispo auxiliar de Múnich, declaró adicionalmente que “la cruz no es símbolo de Baviera y menos aún es un logo electoral”. Pues aparentemente Söder quiere ganarse la pleitesía de los bávaros con esta medida para volver a ser reelegido.

Lo cierto es tanto el Marx comunista como el Marx católico estarían de acuerdo en que la religión no debe usarse para transgredir derechos humanos de vigencia universal.

Siempre listo para la conversación del día.
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