viernes 11 de mayo, 2018

Querer no es poder - por Marcelo Mosenson

Lectura de 3 minutos
Inspirational Motivation Inspiration Outdoors Life
Fuente: Difusión

Estamos intoxicados de frases pretendidamente verdaderas para que luego nos terminen constituyendo hasta el punto de condicionar nuestras vidas hacia el fracaso.

Querer es poder es una de esas frases que entusiasman y seducen por su contundencia y la simpleza de su propuesta. Por supuesto que la voluntad es clave para obtener resultados, pero aún así, a juzgar por nuestras vidas y todo lo que nos hemos animado a querer a lo largo del tiempo, el querer es poder podría cuestionarse por la triste realidad de nuestras frustraciones.

Nos enseñan que querer es poder en lugar de preguntarnos de cuáles son nuestras expectativas en función de lo que venimos haciendo. Solemos contentarnos con el esfuerzo para así no tenernos que cuestionar acerca de nuestras elecciones. En otras palabras, pretendemos cambiar a partir de lograr ciertos resultados, en lugar de cambiar nosotros mismos para así acceder a lo que pretendemos lograr. O en otras palabras, esperamos hacer en lugar de trabajar en ser.

Difícilmente logremos hacer dinero si seguimos rodeados de amigos con mentalidad de pobres, como tampoco estaremos alegres si nos rodeamos de personas más dispuestas a la queja compulsiva que a los que viven alegres, con expectativas y actúan en consecuencia.

Pasamos de una cultura disciplinada a una autoindulgente donde el comprender pareciera bastar para justificar.

Nos quejamos por estar enfermos, por perder un trabajo, por haber sido estafados o por haber fracasado en el intento como si todo esto no se tratara más que de la vida misma.

El problema de estas frases es cuando se asocian con otras creando una suerte de amalgama prácticamente imposible de separar. Bajo la hegemonía del discurso psicoanalítico, asumimos que nadie cambia o tan sólo apenas, que todo o casi todo es producto de nuestra compulsión a la repetición. Como si el inconsciente fuera finalmente una suerte de motor de nuestro destino. Frente a él, la voluntad, disciplina y expectativas se verían reducidas a una mera ilusión. Mientras que el libre albedrío no sería más que un albedrío esclavo de nuestro inconsciente.

Declaramos constantemente nuestro deseo de cambiar de vida, pero pocas veces estamos dispuestos a cambiar nosotros. Conservamos amigos inútiles, persistimos en esperar que nos aprueben personas a quienes no legitimamos y pedimos permiso para cambiar.

Por supuesto que no vamos a recibir permiso de nadie a quien nuestro cambio implique poner en cuestión sus propias creencias, torpezas y frustraciones. Nadie va a alentar la felicidad ajena a costa de poner en cuestión su propia tristeza y mediocridad.

La respuesta ya está contenida en a quién decidimos plantear la pregunta.

Nuestras vidas se ven malgastadas por no traicionar el supuesto amor de nuestros amigos, padres, hermanos, parejas y  socios.

De nada sirve la voluntad si vamos a pedir permiso para vivir una vida inimaginable, incluso para nosotros mismos. Los otros son el infierno. Pedir ayuda puede resultar en no pocas oportunidades, un salvavidas de cemento. Estamos solos en el cambio personal.

Por el contrario, los libros, la lectura de hombres que nos inspiran, pueden ayudarnos a torcer el rumbo de nuestras vidas, ya que los textos nos infunden confianza y autorizan sin necesidad de confrontación alguna.

Tampoco es cierto que no sepamos lo que deseamos. Por supuesto que lo que sabemos solo que suena más bonito decirlo que comprometernos a luchar por lo que queremos.

Basta vernos a cado uno de nosotros, día a día, para medir nuestro compromiso con lo que declaramos querer. Aún peor, adormecemos y aniquilamos sueños para ya ni siquiera padecer la incertidumbre de una eventual frustración.

Cuestionamos la noción de éxito para no asumir nuestra propia cobardía. Preferimos afirmar que cada uno es diferente en lugar de comprobar que lo que hace un hombre habla del Hombre. Y entender que si alguien lo ha podido, posiblemente también lo pueda uno.

Pareciéramos estar más inclinados a sacrificar la alegría que a soportar el dolor que conlleva hacerse cargo de algún sueño.

Buscamos el bienestar en lugar de la pasión para luego aprender que tampoco estamos bien mientras añoramos lo que jamás fue.

Nadie nos puede quitar el derecho a ser cobardes, pero la cobardía no nos da derecho a la queja aunque, efectivamente, la alimenta.

Probablemente no haya mejor estímulo que asumir el dolor. Esquivarlo, adormecerlo y “tratarlo” solo lleva al sufrimiento.

Al escribir con cierta responsabilidad, uno lucha constantemente por evitar pedir permiso a interlocutores imaginaros, vivos o muertos, respecto de lo que se escribe, aún a riesgo de ser subestimado y menospreciado por algunos otros.

No se escribe ni se vive jamás en libertad. Por eso no basta con querer. Pero entiendo que es el real compromiso con uno mismo es lo que nos permite soñar y concretar.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
Siempre listo para la conversación del día.
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