viernes 11 de mayo, 2018

Lucha anticorrupción: Realidad o cuento chino - por José Antonio Alfageme

Lectura de 6 minutos
corruption-647_013017112940
Fuente: India Today

Todos se quejan de la corrupción, desde el siempre mencionado “ciudadano de a pie” hasta los políticos y altos funcionarios públicos. Sin embargo, esta sigue vivita y coleando. Y lo que se hace no alcanza, no ha alcanzado y, parece, no alcanzará para derrotarla. ¿Será que esto sucede porque a quienes le encargamos orientar y desarrollar esa lucha están relacionados precisamente a sectores donde ella se aloja y desarrolla?

Parafraseando al cantautor argentino León Gieco, la corrupción es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente. Gieco se refería en este verso, en su tema “Sólo le pido a Dios”, a la guerra. Pero la corrupción es también un hecho cuasi bélico, que se parece mucho a la guerra de guerrillas (donde fuerzas pequeñas atacan ocultas al enemigo en sus puntos más débiles) y también a las clásicas guerras de movimiento, en las que la lucha se convierte en una franca y visible contienda por territorios.

La corrupción mata (espiritual, institucional y hasta físicamente) a los pueblos, roba fondos que deberían haber sido escuelas, centros médicos, carreteras, sueldos mejores para maestros, médicos y policías y, también, roba esperanzas de la sociedad; trastorna la mente de los gobernantes, que dejan de pensar en gobernar para armar, dirigir y defender sus propios proyectos corruptos; convierte a otros en una especie sui generis de zombies corrompidos y corruptores que ingresan al ejército enemigo para cumplir roles tan diversos como soldados, sicarios, abogados, consejeros, historiadores y hasta ideólogos.

El Perú tiene una serie de problemas en temas como educación, salud, seguridad. Justicia, orden e institucionalidad. Y todo esto tiene que ver con la corrupción, con personajes que aspiran a ser los reyes o reyezuelos de hasta el más olvidado municipio del país, pero que lo que buscan realmente es utilizar el cargo como punto de apoyo para su propio enriquecimiento. Si no, ¿por qué tantas candidaturas? ¿Es que surgió un extraño aliento cívico que hace que muchos se preocupen por la situación de sus localidades o regiones?

Y el nivel central nacional no es una excepción, sino parte de la regla. Los presidentes de los últimos 30 años han tenido participación en la corrupción y, de seguro, muchos otros que han ocupado cargos por debajo de estos.

El escándalo de Odebretch y de las constructoras “hermanas” está desnudando la calidad de gobernantes que hemos tenido. Ahora, sabemos que prácticamente todos los políticos más conocidos han sido “favorecidos” con la “generosidad” de las constructoras brasileñas. Pero acá … no pasa nada…

Solo respecto al tan conocido caso “Lava Jato”, tenemos el “récord Guiness” de tener a tres personas detenidas. Dos vice ministros y la pareja de uno de estos dos. Otros, seriamente comprometidos, o están fugados o claman por doquier su inocencia. Toda acción contra ellos es respondida como una “acción política que busca desprestigiarlos”. Y de todos los demás que participaron, no se sabe nada. La justicia anda a paso de tortuga, cuando se requieren autos de la Fórmula 1, cuando se necesita docencia pública efectiva sobre aquello de “No robar, no mentir y no ser ocioso”.

Es notorio que un presidente o un ministro no pueden hacer nada sin funcionarios de menor rango. Ellos no conformaron los comités que realizaron las licitaciones, ellos no elaboraron solos las defensas y la mercadotecnia que vendió sus proyectos como unos “de salvación nacional”, ellos no formaron parte de las entidades reguladoras, de los jueces y asesores que se encargaron de retirar obstáculos o de los legisladores que prepararon las normas que los hicieron posible, ni de los periodistas que defendieron con ansias a sus políticos o funcionarios favoritos o atacaron a sus enemigos ídem.

Sobre todo esto, no se conoce ninguna acción en curso. Y eso es grave. Y parece existir un aparato muy bien desarrollado de defensa y contraataque que opera a todo nivel, con ramificaciones en los medios, la justicia y hasta en las zonas más altas del Estado. Destaca la capacidad de desarrollar campañas muy bien montadas que tratan de desprestigiar a cualquier entidad que intente hacerles frente, desde un congresista que supo grabar uno de los más cochinos complots para cambiar votaciones en el Congreso, al más puro estilo montesinista, cuyos pecados no limpian en nada la acción ilegal y lumpenezca patentizada en video. En forma similar, se intenta todo el tiempo desacreditar a la comisión Lava Jato, que junto a pocos y destacados fiscales, están investigando los hechos.

Ahora, muy recientemente, vemos cómo se ha querido hacer polvo el prestigio de un juez que parece un símil del brasileño Moro, del Brasil, y ¡Oh maravilla! en toda la prensa circulan seudo analistas que quieren crucificarlo y retirarlo. ¿Y de qué se trataba? De la prisión preventiva de alguien que tiene hasta muertos –antiguos y recientes– aparentemente en su haber y tiene registros plenos de su contabilidad y evidencias de proyectos inflados dolosamente.

También, de la incautación de su vivienda, la que claramente ha sido comprada con dineros corruptos, que no pueden ser explicados lícitamente con los ingresos recibidos por su trabajo. Admitir esto último sería casi como atrapar a un ladrón y permitirle que se quede con el televisor robado porque “el pobrecito necesita divertirse”. Y, paradojas del destino, la ley de incautación fue promulgada por el mismo personaje… cuando quería aplicarlo a su antecesor. Como dice el refrán, “No hagas a otro…”.  Karma le llaman.

El juez Moro y otros como él han tenido, también, vicisitudes parecidas en Brasil, pero felizmente, ahí pareciera que el caso avanza. Hay muchos presos y/o con juicios abiertos y cada día se procesan –en la justicia y en la prensa– nuevos casos vinculados. Acá, la distancia con ellos se ve enorme.

También, hay una distancia muy grande entre el actual y el pasado proceso anticorrupción, al inicio de este siglo, contra el régimen del renunciante y fugado Alberto Fujimori. Ahí, hubo muchísimos procesados y condenados, el cambio fue radical e incluso afectó a quienes no tuvieron nada que ver.

Toda esta situación es un fuerte incentivo para una actividad que ahora resulta muy rentable, que no necesitas hacerla a oscuras y hasta te brinda notoriedad, alabanzas así como movilidad y custodia públicas gratuitas. Será por eso que hay tantos interesados para volverse “políticos”.

No basta con quitar la hierba mala

La lucha anticorrupción no significa mucho si no se hacen cambios profundos para evitar que ella vuelva. Un ejemplo lamentable es lo que pasó al inicio de los 2000: el supuesto redentor de la corrupción resultó ser tanto o más corruptos que su enemigo y, de ahí hasta ahora, las cosas no han mejorado en absoluto.

Esta lucha es también traumática: La sociedad se divide, los ataques en contra y los defensivos son atroces. Todo vale. La lucha es como la guerra, con traiciones, celadas, complots, mentiras, etc. Y se despierta lo peor de cada quien, incluso de los que están en el bando de los que luchan contra ella. Y la energía, dinero y concentración que demanda son extraídos de lo que debería dirigirse a mejorar el presente y a construir el futuro.

Por eso es que el esfuerzo más importante debería dirigirse no a “cortar la hierba mala”, sino e impedir que ésta crezca. Y, sobre esto, no hay mucho que mostrar, apenas algunas propuestas sobre la elección de gobernantes y legisladores.

La corrupción avanza gracias a la discrecionalidad del que gobierna, para decidir proyectos, contratar obras y personas, para influir en otras entidades y para cambiar normas. En esto no importa el nivel en donde esté, es parte del modelo.

También, se desarrolla debido a que no hay ninguna exigencia para que el que gobierne cumpla sus responsabilidades, las cuales tampoco están determinadas, al igual que metas mínimas obligatorias a satisfacer. Hay que entender que, así como la ociosidad es la madre de todos los vicios, la falta de exigencias y la discrecionalidad asociada a ello son la madre y padre de todas las corrupciones. El gobernante deviene en monarca cuando los votos son la única justificación del cargo. Los votos, bajo el modelo de democracia actual, son lo que la sangre real o el linaje eran para el absolutismo.

Finalmente, requiere de todo un aparato bien estructurado anti-corrupción. Y acá, parece que está todo muy verde. La defensa de derechos empieza a ser utilizada como herramienta para impedir actuar a la justicia. A políticos corruptos vistos claramente envueltos en casos corruptos tendría que aplicárseles esquemas similares al de flagrancia y proceder a su prisión preventiva. A pesar de todas las justificaciones, tener la posibilidad de penas de 20 o 30 años, es suficiente incentivo para fugar y para intentar bloquear las investigaciones.

Todo corrupto lucha contra la delación y contra micrófonos y cámaras secretas. Esto está en el corazón de cualquier banda, incluso la más improvisada. Cuántas guerras se han ganado gracias al espionaje y al traspaso de un enemigo al otro bando y a los secretos que este contara. Cuántos casos se han solucionado porque de cualquier forma se ha podido conocer la verdad.

Y la justicia tiene que tener reacciones rápidas para estos problemas. Hace poco tiempo, el jefe de un partido que fue aliado del anterior gobierno ofrecía “plata como cancha” a sus correligionarios y nada pasó con él.

Pareciera que los bienes y fondos de todos no le importan mucho a los que deben cuidarlos y defenderlos, otra característica clave para entender la enfermedad que sufre “nuestro” Estado, “nuestro servidor”, “nuestro empleado” aprovechado…

Economista, con postgrado en Sistemas de Información y maestría en Gobierno y Gerencia Pública. Especialista en Reforma y Mejoramiento del Estado, Análisis de Procesos y Diseño Organizacional. Consultor de proyectos del BID, Banco Mundial, OPS, PNUD y USAID. Funcionario por más de diez años en el Banco Central de Reserva.
Siempre listo para la conversación del día.
Ad
Copyright © 2018 - GRUPO ALTAVOZ