viernes 11 de mayo, 2018

¿Es positivo aumentar el impuesto a las gaseosas y licores? Tres expertos opinan

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Fuente: Pablo Secada, Patricia Ritter y Óscar Sumar

Ayer, a través de varios decretos, el gobierno de Martín Vizcarra incrementó el impuesto selectivo al consumo (ISC) para varios productos. Desde hoy, las bebidas con un contenido de azúcar igual o mayor a 6 gramos por cada 100 mililitros serán gravadas con un impuesto del 25% (antes era del 17%).

Del mismo modo, se ha incrementado el impuesto selectivo al consumo para los licores (dependiendo de su grado de concentración de alcohol), los cigarros, los combustibles (salvo la gasolina 97 cuyo ISC se ha reducido) y los autos nuevos (con la excepción de los eléctricos).

Según explicó el presidente Martín Vizcarra, la medida tomada por su gobierno de incrementar este tributo tiene dos objetivos: aumentar la recaudación fiscal y mejorar la salud de los peruanos.

“Tenemos que hacer ajustes en la política económica para tener más recaudación (…) cambiando el impuesto selectivo a productos que hacen daño a la salud”, arguyó.

¿Una medida adecuada?

Frente al alza de este impuesto, Altavoz conversó con tres especialistas.

Oscar Sumar, profesor de calidad regulatoria en la PUCP y presidente de Regulación Racional, aseguró que si bien cada producto gravado tiene sus particularidades, en general desaprueba esta medida.

A su juicio, aumentar el impuesto selectivo al consumo para el tabaco, el alcohol y las bebidas contempladas en el decreto no tendrá consecuencias positivas para la población.

Según dijo, no se puede evaluar el éxito de medidas como esta simplemente contemplando si las personas dejaron de fumar cigarros o consumieron menos litros de alcohol, sino que se debe evaluar qué productos sustituyen a estos bienes.

“Las personas calculamos qué riesgos asumimos y estos riesgos que asumimos están basados en nuestras preferencias. Hay personas con mayor o menor aversión al riesgo, pero esa preferencia es algo ‘fijo’, no es algo que cambie. Es una característica de cada persona el nivel de riesgo que está dispuesta a asumir”, señaló Sumar.

“Si a una persona le dices ‘no puedes tomar alcohol”, ejemplificó Sumar, “esa persona se va a drogar”.

“La persona ya tomó la decisión de realizar una actividad riesgosa, no lo van a variar salvo que prohíban todos los sustitutos posibles de esa actividad. Pero dado que sería imposible poner impuesto selectivo al consumo a todos los productos, esa persona simplemente va a variar al sustituto más parecido que le genere el mismo nivel de riesgo”, añadió.

Sumar también resaltó que no debemos pensar en este impuesto necesariamente como un ahorro. Al contrario, señaló que si bien se podría dar un ahorro fiscal, existe un costo social: a las personas les va a costar más consumir lo que prefieran y, además, los recursos de la sociedad ya no van a ir a aquellas actividades que la sociedad prefiere.

“Al final no es que simplemente vas a tener un ahorro en salud -que no necesariamente se va a dar. El ahorro sería exactamente equivalente al gasto que vas a hacer en consumir productos. Y además no son equivalentes. Por un lado estás hablando de un ahorro fiscal y por el otro de un costo económico que es una pérdida de eficiencia. Al elevar el precio de un producto estás afectando las decisiones de la sociedad”, destacó.

Para el economista y CEO de la consultora Oportunity Investments, Pablo Secada, se debe saludar que el gobierno haya incrementado los impuestos a los combustibles más contaminantes. Esto porque, hasta el momento, se cobraba un menor impuesto selectivo al consumo por el diesel que por combustibles con menor impacto ambiental.

“Si gravas la nocividad gravas la externalidad, reduces el consumo de los combustibles más nocivos y reduces el costo a terceros en enfermedades pulmonares y contaminación ambiental. Esto es lo que tienen que hacer. Aquí normalmente no lo habían hecho porque como PetroPerú traía petróleo del lote 1AB, después del 192 y lo refinaba en Talara, era petróleo pesado, lo que contaminaba más. Siempre el MEF le daba su ‘ayudida’ y no le gravaba lo que PetroPerú producía. Se han salido de eso cuando están metiendo US$6 mil millones en Talara, entonces es algo que hay que destacar”, explicó.

Secada, no obstante, señaló que no cree que el gobierno haya calculado el costo social de esta medida con respecto a productos como el alcohol. Es decir, si se ha comparado los beneficios que podría tener un mayor ISC al alcohol con sus costos (problemas de salud por consumo de bebidas adulteradas más baratas, por ejemplo).

Consultado sobre si esta es una buena medida fiscal, Secada indicó que en realidad lo que se debe hacer es mejorar la calidad del gasto, ya que no es útil tener más dinero si es que se va a malgastar.

“La reforma de fondo debería ser mejorar la calidad del gasto. Cuando la gente empiece a ver que pagar impuesto tiene consecuencias positivas, estará más dispuesta a pagar impuestos. Pero tienes que hacerlo de manera coordinada, no puedes mandarte con un paquete de impuestos selectivos y mayor fiscalización de la Sunat y en el lado del gasto no haces nada. Es más, dices que lo que dejes de gastar en estas cosas superfluas lo vas a meter a inversión pública que no tiene evaluación. Si haces eso y no el resto solo tienes unos soles más para malgastar”, aseveró.

¿Menos obesidad a costo de diarrea?

Altavoz también se comunicó con Patricia Ritter, profesora de economía de la Universidad de Connecticut en Estados Unidos y autora del estudio “Soda Consumption in the Tropics: The Trade-Off between Obesity and Diarrhea in Developing Countries” (Consumo de alcohol en los Trópicos: El costo de oportunidad entre obesidad y diarrea en los países en desarrollo).

Ritter enfatizó que si bien los gobiernos suelen simpatizar con la idea de aumentar los impuestos a bebidas azucaradas como método para reducir la obesidad, medidas como esta son positivas “siempre y cuando las personas sustituyan el consumo de estas bebidas por bebidas con menos calorías”. No obstante, eso no parece ser lo que ocurrirá en el Perú con el reciente incremento del ISC.

“El problema es que los individuos que toman gaseosas no necesariamente van realizar esta sustitución. Primero que nada, el impuesto no es muy grande: el aumento efectivo es de 8 puntos porcentuales. Asumiendo que las empresas de bebidas trasladen todo el impuesto al precio final (cosa que muchas veces no pasa), el aumento por ejemplo de una gaseosa pequeña sería alrededor de 0.16 soles. Por lo tanto, la respuesta en consumo podría ser muy baja”, indicó.

Más aún, Ritter aseveró que podría darse una sustitución de las bebidas azucaradas por agua contaminada, lo que podría reducir la obesidad al costo de aumentar los niveles de diarrea.

“Segundo, en mis estudios yo encuentro que en el Perú y en otros países en desarrollo, un número significativo de familias que no tienen acceso a agua potable en sus casas sustituye el consumo de gaseosas con agua de muy bajo precio, que muchas veces es agua contaminada. Si esto ocurre, los niveles de obesidad en el Perú podrían disminuir pero a costa de un incremento en los niveles de diarrea”, refirió.

¿Existe una solución para reducir la obesidad a la vez que la diarrea? Según Patricia Ritter, se debe incrementar las opciones de las personas brindando acceso al agua potable.

“Investigaciones que he conducido en Marruecos y Filipinas muestran que un mecanismo efectivo para disminuir el consumo de gaseosas y comida fuera de la casa es proporcionar acceso a agua potable en los hogares. El acceso a este servicio tiene la importante ventaja de reducir los niveles de obesidad infantil y al mismo tiempo reducir los niveles de diarrea. Por supuesto, mientras que el aumento en el impuesto selectivo significa un aumento la recaudación fiscal, el acceso a agua potable constituye un costo para el Estado”, explicó.

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