viernes 13 de abril, 2018

La juventud no es cuestión de actitud - por Marcelo Mosenson

Lectura de 3 minutos
vejez
Fuente: Difusión

¿Cómo puedo comenzar algo nuevo hoy con todo lo que hay de ayer en mí?
Leonard Cohen

Viejo de mierda es de las puteadas más desconcertantes. Puesto que todos somos viejos en potencia desde que nacemos.

La búsqueda de la juventud está perdida a partir de su mismo anhelo.

Poco importa que la expectativa y calidad de vida aumenten década tras década. Aún si la ciencia lograra que viviésemos cientos de años y nuestros cuerpos no se marchitaran jamás. Como quien guarda un lomo en el freezer para evitar su descomposición seremos, de no morir al poco tiempo de nacer, irremediablemente viejos.

Nunca salgo de mi asombro cuando hombres y mujeres creen combatir la vejez por mantener sus cuerpos joviales. Pero mucho más me sorprende cuando escucho a viejos afirmar con sumo orgullo que se sienten jóvenes. Como si el ser viejo o joven radicara en una actitud frente a la vida. Pues, no. Independientemente de las acciones que cualquiera tome frente a su existencia siempre seremos viejos a partir de cierto tiempo, aún si nuestro envejecimiento celular se detuviera por completo y nuestra postura frente a nuestras vidas sea de lo más “jovial”.

Hay un momento en la vida en que el pasado, inevitable, constituye nuestro presente preconfigurando, de alguna manera, nuestro futuro.

Peor aún, cuanto mayor longevidad alcancemos, aun si suena tautológico, más viejos somos. La única manera de evitarlo consistiría en anular nuestra memoria a largo plazo. Pero me temo que nadie estaría dispuesto a inyectarse una droga que pudiera ocasionarnos una amnesia selectiva con el fin de borrarnos trozos de recuerdos. Como quien se realiza un lifting cortando excesos de piel fláccida y arrugada para disimular lo inevitable.

La vejez se basa inexorablemente en la memoria de nuestras vivencias.

Creer que la vejez radica en el deterioro del cuerpo y la vitalidad, es subestimar por completo lo que nos constituye como sujetos.

La primera vez es patrimonio de la juventud, al igual que la nostalgia lo es respecto de la madurez. El primer beso, los primeros viajes, las primeras decepciones amorosas o la pérdida de la virginidad, en todas sus variables, están perdidas. No hay manera de recuperar la mirada de aquella primera vez.

No saber quien querer ser para luego padecer quien uno es o no supo y pudo ser son las inherentes realidades de la juventud y la vejez, respectivamente.

No hay nada más patético que intentar cumplir ciertos sueños de juventud cuando estos ya están caducos. Para ciertas deudas hay plazos.

Nunca es tarde es una frase hermosa como eventualmente falaz. Muchas veces ya es demasiado tarde. La madurez consiste, precisamente, en aceptarlo. Nadie ha cumplido jamás todos los sueños de su juventud. Por suerte, muchos de ellos resultan algo ridículos a la distancia. No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió, canta con razón Joaquín Sabina.

Otra de las imposibilidades de juventud que se manifiestan en la madurez y la vejez radica en que ningún joven busca ser joven. Ya lo es. Sólo se añora o se busca la juventud si ya ha sido perdida.

Cualquiera que tenga el coraje de detenerse a observar la estela dibujada por su pasado comprobará que, al fin y al cabo, no vivimos como queremos sino que apenas vivimos casi como lo necesitamos.

Cada vez que soy testigo de las abalanzas que se realizan a personajes mediáticos preguntándoles acerca de su fórmula para mantenerse tan jóvenes y joviales me dan ganas de preguntarles, ¿para qué viven? ¿Acaso no aprendieron nada?

Espero de un viejo que me enseñe a morir de manera tal que yo pueda aprender a vivir. Por lo general, las sabias enseñanzas que pude recibir por parte de hombres y mujeres mayores fueron producto de seres ajenos al botox, las cirugías y los músculos trabajados en exceso.

No me imagino a personajes como Chavela Vargas, Leonard Cohen, Jorge Luis Borges o Arthur Miller haciendo apología de la juventud. Sin embargo, todos ellos han seguido creando y trabajando hasta su muerte ya pasados sus ochenta años de edad.

Sólo volvería a mi juventud si me extirparan de la memoria los recuerdos relativos a mi primera vez. ¿Pero de ser así, cómo revivir algo que no viví ya que carezco memoria como para recordarla?

La primera vez fallece al instante de haberla vivido.

Por suerte aún me quedan muchas primeras veces por experimentar. También celebro las repeticiones que me llevan a saborear sin temores lo que ya he descubierto y valoro desde hace tiempo.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
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