viernes 13 de abril, 2018

(EDITORIAL): ¿Cuándo aprenderás, Arana?

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Marco Arana

Aunque parezca increíble dadas las circunstancias que viven los venezolanos, el líder del Frente Amplio, Marco Arana, ha vuelto a asegurar que el gobierno de Nicolás Maduro no es una dictadura. Según él, “las dificultades relacionadas con la violación de derechos humanos, el encarcelamiento de opositores y retrasos en los calendarios electorales muestran un régimen político con rasgo autoritario. No es una dictadura formalmente”. Más aún, Arana ha asegurado que además de un país dividido y problemas económicos, en Venezuela existe un “amplio” apoyo al régimen chavista y “opositores que participarán en las elecciones”.

Tal vez Arana debería revisar sus definiciones y explicar qué entiende por “amplio” porque incluso según una encuestadora cercana al chavismo como Datanalisis, la aprobación de Maduro es del 22%. De acuerdo a Ipsos, la aprobación de PPK en marzo era del 19% y difícilmente se pueda decir que gozaba de un “amplio apoyo popular”. En lugar de tratar de engañarnos resaltando el apoyo que tendría el régimen, Arana debería aceptar que el gobierno de Maduro está desacreditado por la crisis humanitaria, la corrupción y la represión que ejerce sobre la población.

Pero, más importante que ello, es analizar los argumentos que ofrece Marco Arana para decir que el gobierno de Maduro no es una dictadura. Y es que democracia no puede significar de ninguna manera un sistema político con un proceso electoral hecho a gusto y medida de un único grupo de poder (el que tiene el control del Estado). Si la democracia tiene alguna validez es porque se trata de un sistema que limita que el poder. Por eso tenemos una constitución que ningún grupo político puede violar, instituciones que se dedican a vigilar los procesos electorales y órganos fiscalizadores como la Defensoría del Pueblo.

A diferencia del Perú, donde este sistema de balances y contrapesos funciona deficientemente, en Venezuela no funciona en lo absoluto. Y no funciona porque Maduro ha impuesto una Asamblea Constituyente para diseñar una constitución a su medida, porque los líderes opositores más importantes están impedidos de participar en elecciones (ni Antonio Ledezma, ni Leopoldo López ni Henrique Capriles pueden presentarse a la presidencia) y porque las instituciones que deberían ser independiente están copados por personajes serviles al gobierno. Un sistema de gobierno en la que las fuerzas opositoras que incomodan al régimen no pueden participar no es de ninguna manera una democracia. Es un formalismo para legitimar públicamente a la dictadura.

A estas alturas, cuando miles de venezolanos huyen de su país para ganarse la vida en otro lado, cuando decenas de personas deben salir de Venezuela debido a sus convicciones políticas y cuando Maduro ha disuelto el parlamento, es una absoluta falta de respeto que Marco Arana siga sin poder decir que Venezuela es una dictadura. Parece no haber aprendido que la democracia es esencialmente limitación del poder del gobierno y es eso mismo lo que convierte a su movimiento en una fuerza política peligrosa para la libertad de los peruanos. A las dictaduras hay que llamarlas por su nombre.

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