jueves 12 de abril, 2018

Hay que llorar por el periodismo - por Renán Ortega

Lectura de 3 minutos
mleivallanto
Fuente: YouTube/ATV

He escrito varias columnas ya sobre el periodismo, pero todos los días veo más ejemplos que sirven para convencerme de que vamos de mal en peor, como este video.

(Desde el minuto 3:12 empieza la entrevista al representante de EsSalud)

Hay quienes dicen que para el periodismo hay que ser apasionado y hay que tener cojones. Hay quienes dicen que el periodismo debe luchar por los más débiles.

Así, hay muchos que ven en el llanto de Milagros Leiva un símbolo de lo que debería ser un periodista. Debe ser empático, debe sufrir como sufren los débiles del Perú y salir a defenderlos a toda costa.

Explico el caso: un padre acusa al Hospital Grau de EsSalud de una supuesta negligencia médica, porque su hijo murió en el vientre de su esposa. Milagros Leiva se comunica en vivo con el acusador, quien no habla mucho, pues la protagonista es la periodista. Ella habla y le manifiesta toda su pena y todo su dolor. Poco después, Leiva se comunica con un representante del hospital (quien no era el que iba a hablar originalmente), este le dice su nombre, quién es y luego pregunta, respetuosamente, “¿en qué puedo servirle?”

Ante esto, Milagros Leiva se molesta y suelta una verborrea haciendo basura al sujeto que se había comunicado con un noticiero a responder preguntas. El problema es que, hasta el momento, Leiva no había hecho ninguna pregunta. Solo atinaba a decirle que ahí estaba el padre para escuchar qué tenía que decirle. En otras palabras, no le interesaba preguntar sobre su versión. Solo quería que el representante hable directamente al padre, como en un talk show. Que qué tenía para decirle, que si acaso él le iba a devolver a su hijo.

El señor contesta, respetuosamente diciéndole a la periodista que aún no le ha hecho ninguna pregunta, a lo que Leiva responde, “esto de verdad es una broma, me está tomando el pelo”. Y luego afirma con convicción que lo que han hecho los médicos es un crimen y tras decir varias cosas que solo suman a la indignación, pero no esclarecen nada, hace la pregunta “¿por qué mataron a este bebé?”.

Ahí recién escucha atentamente la explicación del representante, quien cuenta el caso pacientemente y cuenta, según su versión, que se actuó de acuerdo a los protocolos internacionales. Mientras él habla, Leiva se toca la frente, suspira exageradamente para luego interrumpir y decir, “estoy contando hasta 10 para no llorar”. Y luego llora y suelta un monólogo dramático, sin contradecir los hechos, sin hablar de pruebas. “No puedo creer lo que usted está hablando”, dice. Y pide ir a la pausa, sin éxito, puesto que continúa hablando y hablando mientras solloza (la mayoría del video es Leiva hablando).

Esto debe de haber subido muchísimo el rating, me imagino. Muchos puntos por el drama, cero por el periodismo. El llanto de un periodista durante una entrevista no debe ser señal de buen periodismo. Todo lo contrario. Debería ser una señal de alerta para saber que quien está frente a nuestros ojos no tiene la capacidad de ver objetivamente un caso.

Para el periodismo hay que ser apasionado, pero en la búsqueda de la verdad, aunque vaya en contra de lo que creemos. Tener cojones, pero para tragarnos el orgullo y todos nuestros prejuicios para preguntar a las dos partes y sopesar las versiones. No para darle más valor a una de las partes porque nos tocó el corazón. El periodismo debe luchar, pero por la verdad, nunca por el más fuerte y nunca por el más débil.

Si la verdad está del lado del más débil, habrá que defenderla, si está del lado del más fuerte, habrá que defenderla también. Pero creo, también, que un periodista tiene que saber cuándo decir basta. Si hay un tema que a uno le afecta personalmente al punto de nublar su juicio, debe alejarse del caso. Por eso es que el periodismo es para valientes, porque hay que saber aguantarse y esperar. Escuchar en silencio a quien quizás odiamos y aceptar que puede tener razón o, si no, apartarnos.

Lo más probable es que EsSalud sea la basura que Leiva dice que es. Quizás sí hubo negligencia. Lo único que sé es que no es gracias a Milagros Leiva que se sabrá la verdad, ni gracias al llanto. Es gracias a pruebas y testimonios.

Señores, las lágrimas de la periodista no están haciendo del periodismo un oficio que busca la verdad. Lo están convirtiendo (quizás no a propósito) en un espectáculo donde el drama es quien entrevista. Lamentablemente, en los 19:05 minutos que les comparto en el video, no hay periodismo, hay drama, espectáculo y el uso de una tragedia para hacer rating.

Siempre listo para la conversación del día.
Ad
Copyright © 2018 - GRUPO ALTAVOZ