lunes 9 de abril, 2018

Solo la televisión salvará al Perú, por Bruno Schaaf

Lectura de 3 minutos
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Fuente: Buhola.com

La mayoría de peruanos que nacieron a partir de la segunda mitad del siglo XX tienen, a diferencia de sus antecesores, la particularidad de vivir influenciados por la televisión. Pues, en la actualidad, los medios de comunicación integran nuestro círculo de influencia, que moldea, de manera discreta, nuestros valores, posturas e intereses.

Dado que el estado tiene interés en nuestra formación moral e intelectual, y, según el INEI, el 87% de peruanos ve televisión, el estado peruano tiene ciertos canales televisivos a su disposición. Este tipo de servicios—criticado por pseudo liberales—tiene básicamente el fin de ofrecer aquello que raramente ofrecen los canales privados: cultura, educación e información de calidad. En este artículo no vale la pena criticar programas como Esto Es Estupidez, sino explicar por qué es necesario repotenciar los canales estatales.

No pude alegrarme más cuando me enteré que Milagros Leiva dejó RPP. Posteriormente, y casi en lágrimas, me enteré que el programa de Renato Cisneros cubriría ese espacio televisivo. Mirando en retrospectiva, mi alegría no fue en vano, pues el programa de Renato Cisneros, Nada Está Dicho, es un programa infinitamente superior, que ofrece entrevistas de índole político, lingüístico, cultural y cinematográfico.

Entonces alguien dirá: ¡Eh, Bruno!¡Es que Leiva hacía un programa meramente político!¡Son diferentes!¡Incomparables! Y yo diré: No, un programa político es el de Aldo Mariátegui o Christian Hudtwalcker, lo de Leiva era un festín de preguntas irrisorias disfrazado de programa político, que por su mal periodismo atraía a grandes a grandes entrevistados.

En fin, el hecho de que un programa como Nada Está Dicho tenga un espacio en un canal privado es para alegrarse; sin embargo, no para emocionarse. Pues dado que la cultura no suele ser rentable—y todavía menos en Perú— difícilmente RPP, propiedad de Delgado Parker, u otro canal privado cometerá otro acto de valentía, como transmitir un programa cultural o algo semejante.

Ciertamente, aquella tendencia en los medios de comunicación privados no existe exclusivamente en el Perú. Por ejemplo, en 1980 se privatizó The Learning Channel (TLC), un canal norteamericano con fines educativos, que años después, al verse encañonado por la competencia, tuvo que empezar a emitir realities como Toddles & Tiaras, un programa casi tan embrutecedor como Bienvenida La Tarde.

Dado que el mercado no ofrece contenido de calidad por voluntad propia, se ha hecho costumbre, desde que se fundó la BBC (Corporación de Radiodifusión Británica), que los estados dispongan de una o más emisoras radiales o televisivas. En el caso peruano, el Estado tiene tres canales televisivos: IPe, TV Noticias 7.3 y TV Perú. El primero es un canal infantil; el segundo emite noticias; y el tercero, y más antiguo, fue creado por Prado en 1957 y cumple funciones culturales, informativas y educativas.

Sin embargo, ninguno ha sido potenciado correctamente y los canales privados con contenidos mediocres resultan—a ojo de elector peruano—mucho más atractivos. Una muestra de su poca atracción es que, según las cifras de Ibope Time, ningún programa de TV Perú, Ipe o TV Noticias 7.3 estuvo en noviembre del 2016 entre los diez programas más vistos.
Acá he de decir, que lo importante es que el televidente, sin importar su nivel económico, sin importar si puede pagar cable privado o no, tenga la posibilidad de elegir el contenido que quiere ver y que su pobreza no lo condene a ver Combate o Combutters—piedras del mismo huayco—.

Lamentablemente, si consideramos que en el Perú los medios de televisión privados son poco informativos; que, en muchos casos, han olvidado la ética televisiva; que los canales estatales no han sido explotados correctamente; y que solo uno de ellos transmite esporádicamente programas culturales, se puede decir que el televidente peruano no puede elegir, pues la televisión peruana resulta homogéneamente embrutecedora.

La importancia de la televisión pública es gigantesca y se puede evidenciar en la historia. Por ejemplo, en Alemania la televisión pública tuvo, después de la Segunda Guerra Mundial, una especial importancia a la hora de democratizar el país y acabar con cualquier vestigio de autoritarismo. El gobierno de Alemania Occidental creó entonces dos canales públicos televisivos, ARD y ZDF. Ambos hacen hasta la actualidad especial énfasis en noticieros, programas de debate, cine, arte o documentales. Estos servicios se financian a través de una cuota de radiodifusión que cada hogar paga mensualmente. De ese modo, ARD y ZDF tienen recursos suficientes para ser canales competitivos y con gran audiencia, que emiten publicidad tan solo 20 minutos al día.

Claramente, la televisión hace un gran aporte a la sociedad si el Estado sabe utilizarla como instrumento educador. Así como en Alemania fue importante para democratizar a la población, en el Perú podría hacer lo mismo y poner las primeras piedras de una sociedad culta y democrática.

Por lo tanto, la tarea del estado es hacer de estos servicios canales de calidad, más atractivos y de ancha difusión. En esta discusión no se debería banalizar el atractivo del canal. Un trágico ejemplo es La Función De La Palabra, un programa de TV Perú dirigido por Marco Aurelio Denegri, que, sin duda, es uno de los programas más educativos e interesantes de la televisión peruana. Sin embargo, debido a lo poco atractivo que le resulta al televidente peruano se dice—y casi sin exagerar—que apenas el camarógrafo lo ve.

Por otro lado, la tarea de cada peruano es elegir el canal correcto, pues la educación del pueblo—por suerte—no solo depende del Estado, sino del pueblo mismo que, en ejercicio de su libertad, puede elegir su fuente de información, y educarse en la medida que quiera. Esto ocurre, siempre y cuando, no se olvide que, mirando canales de televisión mediocres, lo único que se mueve son los glúteos de Millet Figueroa, mas no la capacidad intelectual.

Escribe Bruno Schaaf
Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad de Mannheim. Amante del Perú y nostálgico de un mejor futuro para todos los peruanos.
Siempre listo para la conversación del día.
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