viernes 6 de abril, 2018

San Marcos y la lógica Phillip Butters, por Matheus Calderón

Lectura de 3 minutos
Matheus Calderón
Phillip Butters
Fuente: Exitosa

Cada que hay una toma en una universidad pública -pero también se puede extender a una toma de carreteras, por ejemplo- surge el sentido común que quienes realizan esta toma son simplemente vándalos o delincuentes.

Ese mismo sentido común ha vuelto, en la voz del comunicador Phillip Butters, cuando ayer se discutía de manera pública la toma de la Universidad de San Marcos. En una acalorada entrevista con el presidente de la Federación Universitaria de San Marcos, Butters dejó ver no solo sus problemas como comunicador sino sus taras a la hora de enfrentar argumentos.

Butters -y esto es lo más relevante de todo- habla vía teléfono con el estudiante pero no para consultarle sobre la situación y ofrecer información a sus oyentes, sino para afirmar que es un vándalo y que está cometiendo un delito.

La lógica de Butters es ridícula por explícita: él “dialoga” no para conocer, sino para afirmar lo que ya sabe de antemano. De allí, justamente, que su lógica sea la típica del extremista: no se trata de interpretar los hechos, sino de tomarlos de manera literal – la literalidad, el cierre al espacio de interpretación, es el rasgo por excelencia de los grupos terroristas, por ejemplo.

Para Butters el debate se acaba cuando se establece un tipo penal: “usted está cometiendo un delito”, vocifera. Lo acusa de amedrentar a otros estudiantes -irónico, además que tal acusación venga de quien amenazó con golpear a ciudadanos LGTBI-. Y hasta pide que el presidente Vizcarra enmarroque al estudiante.

La interpretación del comunicador Butters no solo reduce una demanda política a un cuestión penal, sino que excluye e invisibiliza las razones por las cuales un grupo de estudiantes realiza una medida de fuerza -una medida, sí, de violencia.

¿Qué hacer cuando nos enfrentamos a estos fenómenos? Podemos seguir la lógica de Butters y optar por la literalidad: la toma de San Marcos es un fin en sí mismo, por parte de vándalos y delincuentes. Pero eso no resuelve nada. ¿Cómo -y esta es una de las cuestiones de fondo- interpretar la violencia sin caer la lectura prescriptiva? (sabemos que la violencia está mal, sí, ¿pero qué más?).

El sociólogo Michel Wieviorka ofrece una salida para explorar los choques entre diferentes actores opuestos: una comunidad contra una minera, por ejemplo, o un gremio de estudiantes contra el Rectorado. ¿Cómo lo hace? Distinguiendo dos categorías diferentes de enfrentamiento: situaciones de conflicto y situaciones de violencia.

En los conflictos sociales se producen tomas de carreteras y quema de llantas -hay uso explícito de la violencia-. Pero no es una violencia que busque destruir al actor contra el que se oponen. No es un “tenemos que destruir a los dueños de la minera”, sino un “los canales de diálogo se han agotado, no somos identificados como interlocutores válidos”. Agotamiento de los canales formales y reconocimiento.

Al contrario, optar por la eliminación del agente opuesto -“tenemos que destruir a los dueños de la minera”- sí sería destruir el conflicto, donde hay posibilidades de diálogo, y optar por la violencia -como en el caso del terrorismo, en el que no se busca reconocimiento ni diálogo sino simplemente destruir al agente enemigo.

Una toma no es un “hay que destruir al rector” (el que, por cierto, también participó de una toma de San Marcos el año 2016) sino un “los canales oficiales no están funcionando y necesitamos otros canales”.

¿Los estudiantes de la toma protestan para cerrar los Estudios Generales? No exactamente. Protestan porque, de acuerdo a su posición, estos cursos no han sido coordinados con los estudiantes y no responde a sus verdaderas dinámicas. Señalan que no hay profesores ni infraestructura suficientes para cubrir las vacantes y que hay cursos cuestionables como “Oratoria” o “Autogestión personal” (sic). Es decir, porque bajo su posición no hay una verdadera preocupación por el estudiante.

¿Hay un trasfondo político en sus demandas? Sí, lo hay: desterrar lo que ellos llaman las dinámicas de privatización de la universidad pública. Uno puede estar en contra de este trasfondo, pero justamente el reto es discutirlo y no invisibilizarlo. Continuar con la lógica Phillip Butters solo contribuye a avivar los enfrentamientos. Uno puede oponerse o apoyar la toma, pero no simplifiquemos procesos complejos, procesos que también son de aprendizaje.

Sabemos que existe la violencia y los fenómenos de violencia. Y podemos tomarlos de manera literal, como fines en sí mismos, o podemos asumirlos como síntomas con causas más profundas. Lo primero nos permite asumir valoraciones morales. Lo segundo nos obliga a buscar causas sociales y políticas, a la vez que no abandonamos nuestras posiciones morales o jurídicas.

Sabemos que existe la violencia y no queremos que exista. Pero para que no exista, hay que explicar primero por qué es que se produce. Gritar “vándalos” y “delincuentes” no contribuye a eso.

Escribe Matheus Calderón
Editor de Política
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