lunes 12 de marzo, 2018

(EDITORIAL): Dime con quién te juntas...

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Bancada parlamentaria de Nuevo Perú.
Fuente: Difusión

Cuando parecía que los congresistas del Nuevo Perú por fin comenzaban a dejar sus sesgos ideológicos atrás para empezar a reconocer al gobierno venezolano como una dictadura, los peruanos nos volvimos a topar con la innegable realidad de la debilidad de sus principios democráticos. Ayer, el diario El Comercio reveló que a través de su vocero Alberto Quintanilla, la bancada del Nuevo Perú se había sumado a la realización de la “Cumbre de los Pueblos”, un evento que se realizaría en paralelo a la Cumbre de las Américas.

Lo grave del asunto es que el documento firmado por el vocero del Nuevo Perú señala que a la pretendida “Cumbre de los Pueblos” se ha invitado a los dictadores Nicolás Maduro y Raúl Castro y, además, llama a la “defensa del presidente Nicolás Maduro”. Es decir, a pesar de las innumerables y patentes violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen venezolano, la izquierda “moderna” continúa siendo indolente frente al máximo cabecilla de la dictadura chavista.

Siendo francos, la verdad es que a estas alturas la doble moral de la izquierda ya no debería sorprender a nadie. Verónika Mendoza dijo hace unos días que para ella Venezuela era una dictadura, pero reconoció que había “matices” en su bancada respecto al tema. Y es en estos “matices” en los que deberíamos concentrarnos porque habla bastante mal de una lideresa supuestamente democrática que sea aliada de personas que defiendan -o no sean lo suficientemente críticos- con un régimen que encarcela personas inocentes, persigue a los disidentes políticos y prohíbe a candidatos opositores participar en las elecciones.

Basta recordar cuando Manuel Dammert, uno de los miembros más dogmáticos del Nuevo Perú, llamó “epopeya democrática” a las elecciones de la Asamblea Constituyente de Venezuela. Esta Asamblea Constituyente, cuestionada por diversos organismos de derechos humanos y sobre la que pesan serias denuncias de fraude electoral, sirvió al régimen de Maduro para disolver el Parlamento de Venezuela. Es decir, al único poder que quedaba en manos de la oposición democrática.

Aunque el Nuevo Perú asegure defender una alternativa de izquierda democrática, mientras sigan juntándose con dictadores en eventos privados y mientras sigan teniendo en sus filas a personas que defienden a las peores dictaduras del continente, su supuesto compromiso con los valores democráticos jamás podrá tomarse en serio. Después de todo, una persona de convicciones firmes, que se opone a las violaciones de los derechos humanos, a la concentración de poder y al autoritarismo, ni siquiera contemplaría como posibilidad aliarse con personas que sostienen lo contrario. La defensa de la democracia, al fin y al cabo, no solo debe hacerse con palabras bonitas, sino sobre todo en la propia acción política.

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