lunes 12 de febrero, 2018

(EDITORIAL): Con los derechos no se negocia

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Altavoz
Al centro: Xi Jinping y la entonces presidenta del Congreso, Luz Salgado.
Fuente: Congreso

Cuando en el 2016 el Congreso de la República tomó la repulsiva decisión de condecorar al dictador chino Xi Jinping con la Medalla de Honor en grado de Gran Cruz, este diario condenó la doble moral de nuestros parlamentarios. Mientras que por un lado rechazaban las acciones de Nicolás Maduro, por el otro se reunían y se tomaban fotos con otro dictador que también tiene las manos manchadas de sangre. Como dijimos en aquella oportunidad, más que una condecoración, Xi Jinping merecería pasar el resto de sus días tras las rejas.

Traemos esto a colación porque con el anuncio de la llegada de Nicolás Maduro a Lima para la Cumbre de las Américas otra vez han resurgido los cuestionamientos contra un Congreso que quiere declarar al dictador venezolano como persona non grata cuando no ha tenido reparo en rendirle pleitesía al líder del Partido Comunista de China. El mayor defensor de esta contradicción ha sido el congresista fujimorista Carlos Tubino, para quien no tiene sentido comparar al gobierno chino con el venezolano porque China sería una “economía de libre mercado” y “un ejemplo de reducción de pobreza”. “Acá estamos hablando de Venezuela, un país rico llevado al hambre y la miseria con el Socialismo del Siglo XXI”, dijo en un comentario publicado en Twitter.

Antes que nada, habría que recordarle a Tubino que China no es precisamente una economía de libre mercado. Es, más bien, un ejemplo típico de capitalismo de Estado. Basta con decir que China ocupa el puesto 112 de 159 países en el Índice de Libertad Económica publicado por el Fraser Institute y diseñado ni más ni menos que por Milton Friedman. China, para quienes todavía no se hayan dado cuenta, es un país terriblemente estatizado, en el que importan más los deseos y las ambiciones de la cúpula comunista que la libertad y los derechos de los ciudadanos. Tal y como ocurre en Venezuela.

El hecho de que a China le vaya mejor económicamente que a Venezuela no cambia la naturaleza criminal del régimen comunista. Xi Jinping todavía replica las miserables prácticas de Mao Zedong de encarcelar a personas por sus ideas, de reprimir violentamente a quienes protestan y vulnerar los derechos de propiedad de las personas inocentes. La injusta muerte del Premio Nobel de la Paz Liu Xiaobo es suficiente para que sintamos repulsión por el gobierno chino. A pesar de sufrir de cáncer del hígado, Xiaobo murió encarcelado por cometer el “delito” de exigir mayores libertades tanto económicas como civiles y políticas.

Aunque nuestros políticos no lo entiendan, lo cierto es que las violaciones de los derechos humanos no son compensables con unos cuantos decimales más de crecimiento económico. Ningún supuesto fin social y colectivo tampoco justifica la destrucción de las vidas individuales. Más aún, ni siquiera es válido defender a criminales como Xi Jinping o Nicolás Maduro alegando una postura utilitarista porque los países más exitosos de la Tierra son precisamente los que más respetan los derechos de las personas. De manera que es absurdo hacernos de la vista gorda ante las violaciones de derechos humanos en China argumentando que es un ejemplo de reducción de la pobreza. No hay crecimiento que valga el sufrimiento de miles de inocentes.

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