jueves 25 de enero, 2018

Planificar e improvisar - por Marcelo Mosenson

Lectura de 3 minutos
Charlie Parker
Fuente: Difusión

Pasada la niñez, la vida pareciera debatirse en la improvisación y la planificación.

Vivimos planificando para finalmente descubrir que nada sale como anticipábamos, ya sea para bien o para mal. Pero si no lo hiciésemos, inmersos en un eterno presente, es seguro que de mínima seríamos víctimas del corte del suministro eléctrico de nuestros respectivos hogares. Mientras que, a su vez, ninguna relación afectiva de peso y duradera soportaría el peso de nuestra liviandad.

El punto medio entre ambas posturas es la ilusión de quien no tolera la angustia que implica constatar que no existe una solución predeterminada a nuestro constante dilema. En el mejor de los casos, el punto medio sabría ser tan solo el promedio arbitrario entre ambos extremos.

Cada vez que dirijo las improvisaciones de los actores durante alguno de mis ensayos, descubro junto a ellos que no hubiésemos logrado ciertas genialidades de haberlo planificado a través de un texto. Pero para que una buena improvisación arroje algo interesante es necesario ordenarla, manipularla e incluso planificarla en algún momento dado.

Los más obsesivos necesitan planificarlo todo frente al caos inherente al hecho de haber sido arrojados a vivir sin ningún preaviso. El vacío, la incertidumbre y el absurdo pueden significar la libertad total o una prisión abarrotada de angustia dependiendo de cómo lo viva cada uno.

Por el contrario, los improvisados y procastinadores seriales se angustian frente a su certeza de que planificar implica, de alguna manera, morir un poco. Lo cual no es del todo desacertado. El dolor, la alegría, el sexo y el amor no se planifican. Lo que nos hace elegir planificar algo en detrimento de otra cosa, quizá tampoco. ¿Pero quién se atrevería a rechazar la genial invención de los mapas, las rutas y el GPS?

Uno de los ejercicios más fascinantes que surgen a partir de las improvisaciones con actores es el de pedir a dos o más actores que conversen entre ellos con cierta intención. El abismo y la desnudez que suscita semejante libertad, la de conversar sobre cualquier tema frente a otros espectadores es una de las expresiones más inquietantes que puedan existir. El debate interno que se apodera de uno entre dejarse llevar y controlar lo que se va a decir nos pone al desnudo de quienes creemos ser para ser contradicho constantemente por la mera mirada y escucha del otro.

No hay manera de planificar nada en una inocente conversación, siempre estaremos expuestos a la dictadura de las miradas externas como a la de nosotros mismos.

Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon, actualmente el hombre más rico del mundo, tuvo que improvisar reiteradas veces antes de convertir a Amazon en una de las empresas más valiosas del mundo. Martin Luther King Jr., uno de los grandes oradores de la historia contemporánea, había sido siempre un meticuloso planificador de sus discursos hasta que se vio obligado por las circunstancias a pronunciar e improvisar uno de los discursos más importantes de su vida como del siglo XX, el actualmente recordado como I have a dream

El Köln Concert, es una grabación del renombrado pianista de jazz Keith Jarrett lanzada por la discográfica ECM en 1975. En este disco, Jarrett realiza una de las improvisaciones solistas en el “Cologne Opera House” más impresionantes del jazz.  Keith Jarret se vio limitado a tocar frente a un piano vertical de mediocre calidad como consecuencia de un problema que había tenido la producción en conseguirle el piano de cola que él había solicitado. Las limitaciones en cuanto a las posibilidades de su instrumento, le obligaron a extralimitarse en su magistral improvisación.

Por supuesto que ninguno de estos seres excepcionales hubieran logrado improvisar con éxito de no contar en su haber con miles de horas de estudio, trabajo y planificación. También le ocurre a los grandes chefs obsesionados por la perfección de sus platos a tener que improvisar miles de platos antes de embarcarse a planificar sus menús.

Las religiones y sus rituales organizan y planifican nuestras vidas incluso hasta luego de morir. Las agendas y tecnologías que incentivan el buen empleo del tiempo proponen algo similar. Hay quienes todavía necesitan que un coach les organice sus descansos y tiempos libres como improductivos. También están aquellos que se proponen como facilitadores de un buen brainstorming (reunión creativa) para autorizar, legitimar y ordenar la improvisación de las ideas.

A juzgar por todas estas circunstancias, ordenar nuestro modo de vivir pareciera ser tan fácil como escribir sobre el agua.

Vivir sin expectativas es negar el placer de la ilusión, aunque ella sea el eventual combustible de toda decepción. O no.

Me encuentro con algunas horas por delante antes de ir a trabajar mientras me debato entre organizar mi tiempo libre o dejarme llevar mientras releo lo que no había planificado escribir.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
Siempre listo para la conversación del día.
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