lunes 8 de enero, 2018

17 meses de lucha contra el delito (2/4) - por Carlos Basombrío Iglesias

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Fuente: Andina

En la primera entrega di cuenta de los diferentes niveles de delito violento en el ámbito urbano y de cómo cada uno requiere un acercamiento específico. Describí cuál creo que es la estrategia adecuada para enfrentar las organizaciones criminales. Me ocupo, en esta segunda entrega, de lo que llamaría la ciudad violenta.

Como en todos los países de América Latina y para el caso del mundo, en el Perú se repite la constante de que la gente se siente más segura en su barrio (incluso en los que no son tan tranquilos) que en la ciudad como conjunto.

Ello tiene explicaciones múltiples, desde la percepción de que la ciudad es hostil e insegura, que se refuerza cotidianamente por los medios de comunicación donde vemos multiplicados los asesinatos, los robos violentos y cualquier otra situación que, cuando las comparamos con nuestro entorno inmediato (el barrio), tienden en la mayoría de los casos a ser más alarmantes y frente a los cuales nos sentimos menos preparados.

La segunda razón es que mucha de la criminalidad en las ciudades ocurre en los lugares de tránsito y encuentro. Para que haya arrebatos de celulares, tiene que haber paraderos muy congestionados o autos atrapados en medio del tráfico. Para que haya marcas tiene que haber bancos o casas de cambio. Para que haya discotecas y bares donde la violencia se exacerba, tiene que haber puntos de encuentro. O sea, la ciudad. Ese inmenso mundo anónimo donde todos desconfiamos de todos. Donde el diferente es casi sinónimo del peligroso.

¿Cómo combatir la inseguridad en esas calles peligrosas? 

A nivel policial son fundamentales, a mi juicio, la velocidad de reacción frente a los delincuentes y la inteligencia especializada en bandas.

En el caso de lo primero, el aumento de la capacidad de reacción se tiene que dar a su vez en dos niveles. Por un lado, la capacidad de cortar la fuga de los marcas, raqueteros y otras bandas y, en segundo lugar, la investigación criminal para detener con prontitud a los responsables de los crímenes que más perturban la vida colectiva. En esto último se ha avanzado bastante. Muchos crímenes atroces y lógicamente publicitados han sido solucionados rápidamente, algunos en menos de dos días. Se me viene a la mente, por solo mencionar uno que me conmovió particularmente, la rápida captura de los delincuentes que balearon en un asalto a una madre y a su bebé de 11 meses en Villa el Salvador; pero habría centenas de otros casos que citar en diferentes ciudades del país. 

Sobre la capacidad de reacción rápida frente a hechos violentos para construir un cerco que impida la fuga, hemos tenido fracasos y éxitos. Fracasamos, por ejemplo, en la balacera del Jirón de la Unión, a pocas cuadras del Palacio de Gobierno. Pongo también un ejemplo exitoso. La persecución por dos distritos a delincuentes que incluían al temible asesino “Pato ciego” (quien por razones que solo las autoridades judiciales podrían explicarnos tenía detención domiciliaria). Ese operativo fue eficiente, valiente y sin víctimas que lamentar.

Para la reacción rápida, creo que va a ser cada vez más importante que ya todos los vehículos policiales de Lima y Callao estén geo referenciados por satélite en tiempo real y que unidades especializadas y comisarías puedan ver en sus pantallas exactamente dónde está cada uno de los patrulleros y motos, asumiendo por tanto una capacidad de gestión de sus recursos mucho mayor y, por ende, responsabilidad cuando esta no se produce como debe ser (si usted ve un patrullero escondido con sus efectivos dormitando, sepa que sus jefes lo saben y lo permiten).

El sistema de geo referencia está totalmente listo para ser extendido a casi todas las ciudades grandes y medianas. Para mí ese es uno de los grandes logros en la gestión y agradezco a los muchachos brillantes que lo hicieron, liderados por Joan Palacios, quienes en tiempo récord, trabajando de madrugadas y fines de semana, lo hicieron posible, sin costo alguno para el Estado. 

Estos sistemas de monitoreo están previstos para engarzarse y potenciarse en el gran centro de monitoreo y control de emergencias (policía, bomberos y ambulancias) que tendrá Lima y Callao, si se trabaja a paso firme, a mediados del 2018.

Allí se podrá monitorear en simultáneo todas las cámaras de la ciudad, contando con un centro de atención de denuncias, un 105 multiplicado y modernizado, con centros de manejo de crisis, así como espacios de capacitación y sistematización de las experiencias para la optimización de la respuesta al delito. El proyecto de inversión está listo y el financiamiento asegurado. Solo hay que hacerlo.

El otro gran desafío es cómo producir una inteligencia de la calidad que ya hemos logrado para desbaratar las organizaciones criminales grandes en los megaoperativos, pero especializada en la más difusa, indispensable en la tarea de atrapar bandas más pequeñas. Para ello se seleccionó cuidadosamente, entre los 6,000 que salieron de las escuelas de policía en agosto, a 800 jóvenes policías basados en su formación previa, escrutados cuidadosamente sus posibles vínculos peligrosos y poligrafiados. A ellos se les ha capacitado durante cuatro meses adicionales para esta tarea específica y, si se continúa con los planes, se hará lo mismo con otros 800 ahora que acaban de salir 7,000 policías más.

Doy cuenta, finalmente, de una estrategia no policial que, a mi juicio, va a significar un gran cambio. Me refiero a quitarle valor al celular robado que es el robo más frecuente e irritante para la población (hay 25 millones de blancos potenciales caminando por las calles). Es decir, que los celulares robados sean rápidamente identificados y anulados por lo que solo servirían para que los chicos en la casa jueguen a que hacen llamadas.

Se logró anular un millón y medio de celulares y pudieron ser muchos más si hubiésemos contado con la colaboración adecuada de las empresas de telefonía. La verdad que, unas más que otras, todas han arrastrado los pies. Acostumbrados a que la fiscalización de OSIPTEL en estos temas haya sido en el pasado, por decirlo de una manera elegante muy light (eso está empezando a cambiar), han arrastrado los pies jugando al filo de violar la ley. 

La buena noticia es que, al final del 2017, habíamos ya encontrado un camino para que el objetivo se pueda cumplir, casi sin la necesidad de su participación. Están dadas así todas las condiciones para que, digamos en abril, cada celular que se robe en el Perú pueda ser anulado en no más de 48 horas; sin necesidad de que el propietario denuncie el hecho e identificándose automáticamente a quien lo compró robado.

Estoy seguro de que si se continúa con entusiasmo, honestidad y creativamente con estas estrategias, venciendo las inmensas dificultades que en cada paso siempre va a haber, paulatinamente nuestras calles peligrosas lo serán un poco menos.

Hay un camino trazado, hay que recorrerlo, pero recreándolo cotidianamente al hacerlo. El piloto automático no funcionaría.

Siempre listo para la conversación del día.
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