martes 19 de diciembre, 2017

Abandono en el infierno: La historia de Ana Teresa Gutiérrez

Lectura de 7 minutos
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Fuente: Foto: Daniel Blanco

ANDREA GÓMEZ Y ARIANA LIRA

Fue hace cinco años. Ana Teresa Gutiérrez Honorio tenía 32 y trabajaba como fotógrafa en un bar miraflorino. El barman y promotor, Juan Pablo Orellana Otoya —quien era, además, su amigo íntimo— preparaba un novedoso trago que se prendía en fuego. Lo último que Ana Teresa recuerda es estar prendida en llamas. Esa noche la dejó con 25% del cuerpo quemado y en absoluto desamparo. Hasta hoy, ninguno de los responsables del accidente ha dado la cara.

Noche infernal

Sábado 22 de diciembre del 2012. Ana Teresa estaba sentada en una mesa frente a la barra, en compañía de dos amigos. Mientras Orellana preparaba los tragos, su amiga se percató de dos bolitas que estaban sobre el vaso, sobre una especie de colador de metal. Ante su curiosidad, el barista les explicó que eran dos terrones de azúcar empapados en absenta, una bebida alcohólica con 70% de alcohol cuyo consumo, además, es ilegal o regulado en distintos países por ser considerada una bebida nociva y alucinógena. A los terrones de azúcar les había prendido fuego con un encendedor. Sin embargo, las llamas del fuego —quizás por la oscuridad, quizás por la iluminación especial— no se veían.

Según Ana Teresa, las últimas palabras que escuchó fueron las de su amiga diciéndole a Orellana “creo que no te salió el truco, flaco”. Lo siguiente que recuerda son las llamas en su cara. La joven estuvo aproximadamente dos minutos con el fuego encima.  

“Recuerdo el fuego y la cara de Juan Pablo [Orellana] yéndose para atrás de la barra. Recuerdo el fuego y la cara de Juan Pablo entre el fuego”, dice Gutiérrez. Ella y sus dos amigos se prendieron en llamas. Esa, además, fue la última vez que Ana Teresa vio a su amigo de años, Juan Pablo Orellana.

Según lo declarado por el mismo Orellana, los terrones de azúcar, humedecidos con el licor no se encendieron. Por ello, Orellana apartó el encendedor que tenía en la mano izquierda —manteniéndolo prendido— y agregó un poco más de alcohol. El absenta salpicó a la mesa y, al contacto con el fuego del encendedor, el trago se prendió de fuego y este se propagó de inmediato. Orellana, en su declaración del 17 de setiembre del 2014, reconoció tener responsabilidad por el hecho ocurrido.

Los bomberos llevaron a Ana Teresa al Hospital Arzobispo Loayza y fue trasladada a la clínica San Pablo, en Surco, la mañana siguiente.

Meses oscuros

Ana Teresa pasó por 21 días de limpieza, 51 en la unidad de cuidados intensivos y 14 meses de internamiento. Durante ese tiempo, el único de los responsables de Soma Bar que se contactó con ella fue Manuel Saravia Cunningham, quien, además, ayudó a cubrir una fracción de los gastos médicos durante el primer año. Juan Pablo Orellana, quien era íntimo amigo de Ana, se acercó una sola vez a la clínica, pero no podía recibir visitas. Nunca más supo él.


Ana Teresa a unas horas del accidente. Le vendaron todo el cuerpo, pues tenía el 25% con quemaduras de tercer grado.

“Por eso, cuando a mí me ocurre esto, no solo era el dolor físico, sino en el alma por saber que mi amigo, mi gran amigo, me quemó. Porque yo me ponía al otro lado y decía: ¿qué pasaría si yo lo hubiera quemado a él? Creo que yo me hubiese muerto primero de la impresión de lo que ocurrió y yo no hubiese descansado, no lo hubiese dejado ni un segundo solo”, comenta.


Juan Pablo Orellana y Ana Teresa Gutiérrez en octubre del 2012, dos meses antes del accidente.

Los responsables

El 29 de abril del 2016, el 22 Juzgado Penal de Lima condenó a Juan Pablo Orellana Otoya a dos años de pena privativa de la libertad por el delito de lesiones culposas graves. La pena, sin embargo, fue suspendida con la condición de que cumpla ciertas reglas de conducta.

El 11 de octubre de este año, la Sala Penal emitió una sentencia en la que declaró como terceros civilmente responsables a los apoderados del local: Manuel Saravia Cunningham, Milenka Moretti Curich y Javier Rivera Pinzás. La resolución les ordenó pagar, solidariamente con Juan Pablo Orellana, una reparación de S/.180 mil.

Durante los meses en que Ana Teresa estuvo internada, el único de los mencionados arriba que se mostró dispuesto a apoyarla fue Saravia Cunningham. Este, señala Ana Teresa, ayudó a sus padres a cubrir una fracción de los gastos médicos —aproximadamente S/.14 mil— hasta que se mudó a Tumbes para abrir un nuevo negocio.

“Simplemente desapareció. Los otros nunca se presentaron”, comenta Gutiérrez.

Foto de Juan Pablo Orellana Otoya en la barra de Dash subida el 22 de diciembre del 2013, día en el que Ana Teresa cumplía un año de accidentada. “Recuerdo que lloré cuando encontré estas fotos. De la impotencia. Ver a tres de los causantes de mi desgracia, felices, celebrando”, dice Ana Teresa.

Sin licencia

Luego del accidente, Ana Teresa se enteró de que Soma Bar, ubicado entonces en la calle Manuel Bonilla 193, funcionaba sin licencia municipal al momento del accidente.

Los documentos municipales señalan que la licencia de funcionamiento del local, propiedad de la empresa MJM PERÚ S.A.C., venció el 14 de agosto del 2012 —cuatro meses antes del accidente— y la Municipalidad de Miraflores negó su renovación.

En la Resolución Municipal 0854-2011 se menciona que la renovación de la licencia fue declarada improcedente debido a observaciones que se habían hecho previamente y que no fueron subsanadas.

Ana Teresa cuenta que, conversando con personas que trabajaban en temas operativos en el bar, le dijeron que el local lograba funcionar sin licencia debido a que se le pagaba “una platita” al fiscalizador municipal.

“Si esa persona me está escuchando, que sepa que por no haber hecho bien su trabajo, dejó que un lugar sin licencia siguiera operando y ocurra un accidente. Porque si lo hubieran cerrado en agosto, no hubiéramos llegado nunca a diciembre ni al absenta ni al alcohol con fuego”, dice Gutiérrez.

Cinco años más tarde

Ana Teresa se ha sometido a siete operaciones, 14 transfusiones de sangre y, según sus médicos, podría necesitar siete cirugías más. Resultado del accidente, perdió parte de los músculos del cachete izquierdo y del hombro. Su oreja izquierda y su cuello tuvieron que ser completamente reconstruidos.

Con solo 37 años, la joven no puede estar expuesta al sol y, con la cicatrización, sus quemaduras se han convertido en una especie de cordones que no le permiten tener una buena postura ni movilidad.

Para solventar los gastos producto del accidente, los padres de Ana Teresa se vieron forzados a vender la casa que tenían en su ciudad de origen, Pacasmayo, cuyo alquiler iba a ser destinado a solventar los gastos de su vejez.

Mientras tanto, Juan Pablo Orellana, Manuel Saravia, Milenka Moretti y Javier Rivera no solo no han cumplido con pagar la reparación económica impuesta por el Poder Judicial, sino que algunos de ellos continúan operando en el rubro de discotecas y bares de manera pública. De hecho, Moretti y Saravia están involucrados en la promoción de una concurrida discoteca en Tumbes: Blend.

Juan Pablo Orellana es reconocido en distintas notas periodísticas como un exitoso barman y, actualmente, maneja un negocio de servicios de bar para eventos llamado Drop Social Mixology. Si bien la empresa se encuentra registrada a nombre de su hermana, Mariana Orellana Otoya, su página de Facebook lo muestra a él como la imagen del negocio.

“No me queda duda de que la vida se va a encargar de cada uno de ellos. Porque en la tierra se paga todo el daño que uno hace. A veces la descendencia termina pagando las deudas de padres o abuelos. Mientras tanto, que el Perú entero sepa quiénes son estos individuos culpables”, sostiene Ana Teresa.

¿Y ahora? Todo está en manos del juez Hermilio Vigo Zevallos

A pesar de la sentencia que declara que los responsables deben pagar solidariamente una reparación de S/.180,000 a Ana Teresa, esto aún está solo en papel. Por ello, la defensa legal de Ana Teresa Gutiérrez ha solicitado al juez del 22 juzgado penal de Lima, juez Hermilio Vigo Zevallos, el embargo de los bienes de los responsables. Este, sin embargo, aún no se pronuncia, y Ana Teresa continúa sola.

¿Quién es Hermilio Vigo Zevallos?

  • En el 2010, el juez Vigo Zevallos fue suspendido por la Oficina de Control de la Magistratura (OCMA) por favorecer a uno de los Sánchez Paredes, investigado por lavado de activos y tráfico de drogas.
  • En el 2015, el magistrado se vio envuelto en una ola de críticasluego de que votó a favor del hábeas corpus presentado por la exprimera dama Nadine Heredia que la excluyó de una investigación fiscal por lavado de activos.
  • En el 2016, Vigo fue criticado duramente por citar un versículo de la Biblia en una resolución judicial.

Este diario intentó sin éxito comunicarse con Juan Pablo Orellana Otoya. Manuel Saravia Cunningham aceptó responder nuestras preguntas por escrito, pero no obtuvimos respuesta. 

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