viernes 24 de noviembre, 2017

La contundencia del ¿Y?, por Marcelo Mosenson

Lectura de 6 minutos
5a1848dfe3957

Una mera letra es capaz de poner en cuestión a vidas, grupos y sociedades enteras. La Y cuando es pronunciada en forma de pregunta puede arrasar con las certezas del más heroico, del más valiente, del más poderoso e incluso del más desafortunado.

 

Desde la perspectiva del ¿Y? es posible desarmar al peor de nuestros enemigos, o por el contrario, nos permite relativizar algunos dolores y sufrimientos propios como ajenos. Gracias a su naturaleza maleable, inodora, incolora e insípida el ¿Y? es el más contundente y desestabilizador de todos los argumentos. Sin necesidad de oponerse a nada, su pregunta no le teme a ninguna certeza. El ¿Y? es la expresión lingüística que más se asemeja al agua. Material indestructible, capaz de matar y de horadar la piedra más dura. Tan sólo necesita de tiempo e insistencia como para avanzar. Con el ¿Y? sucede lo mismo. Mediante su repetición termina convirtiendo en arena a cualquier certeza. No hay recoveco por el que no logre introducirse.

 

El ¿Y? comparte con el agua todas aquellas mismas propiedades. Incluso la de garantizar la vida.

 

Es indomesticable porque no ejerce la fuerza, el juicio ni la confrontación. Tan sólo nos desnuda frente  al ego y nuestra pretensión de certezas. El ¿Y? es completamente amoral.

 

No le importa el éxito que alguien haya alcanzando, ni las penurias vividas. El ¿Y? lo relativiza todo destruyendo nuestras máscaras y exigiendo en su neutralidad algo distinto e imposible de colmar.

 

Del mismo modo que solemos admirar ciertas logros y sucumbir ante ciertos dolores el ¿Y?, propio o ajeno, nos obliga a replantearnos nuestra construcción de sentido y el absurdo que constituye cualquier existencia.

 

No puedo más que admirar  a quien logra hacer cumbre en el Everest, terminar una ultra maratón, haber ganado millones de dólares o el haber escrito una gran obra literaria. Es más, envidio a todos ellos. Pero aún siendo sujeto de la envidia el ¿Y? logra anestesiar tales sentimientos.

 

Animales atravesados por el lenguaje el ¿Y? es la palabra y pregunta que sostiene y derriba a todas las demás desde que nacemos hasta que morimos. Del mismo modo que tiene el poder de hacernos detener, a riesgo de caer en una postura nihilista, también es la pregunta que alienta a nuestros deseos. Todo depende de cómo nos vayamos respondiendo su invitación a la reflexión y a la introspección.

 

Lo evidente es que nadie logra escapársele, al menos una vez en la vida, incluso aquellos que le esquivan constantemente (la mayoría, tal vez) viviendo de forma automática mediante deseos,  certezas y sentidos prestados.

 

Lo mismo vale para ciertas pérdidas. El ¿Y? puede, por el contrario, resultar tranquilizador al lograr derribar la certeza de cómo debiéramos sentirnos frente a ciertas tragedias.

 

El dolor como el sufrimiento, al igual que el éxito, parecieran generar emociones impermeables a cualquier cuestionamiento. Perder un trabajo, un amor, una posición de status, o la muerte de un ser querido, tan sólo por ofrecer algunos ejemplos, suelen resultar desgarradores. Pero si nos atrevemos a preguntarnos tan sólo ¿Y? hasta las últimas consecuencias, esto es, hasta llegar al silencio, en donde ya no hay más argumentos, probablemente habríamos de encontrarnos, paradójicamente, lo suficientemente desestabilizados como para que a partir de su pregunta podamos torcer el rumbo de ciertas convicciones.

 

Cuando el ¿Y? arrasa con todas las verdades nos obliga a callar hasta que, a partir del silencio, podamos eventualmente construir algo nuevo, aún a riesgo de tratarse de una nueva certeza momentánea. Pero quienes nos permitimos ser atravesados por la pregunta, y sumergirnos en el silencio, la contemplación y el abismo que nos propone el absurdo, el ¿Y? nos detiene por momentos,  mientras que por otros, nos hace avanzar. Lo cierto es que jamás nos abandona.

 

El éxito, el fracaso y las pérdidas tienen buena prensa. Sin embargo, todos hemos vividos momentos alegres absolutamente injustificados, puesto que no sabemos porqué nos sentimos de ese modo. De la misma manera que podemos sentirnos muy mal y sin justificación alguna. No siempre logramos encontrarle un sentido a nuestras emociones.

 

También ocurre que algunas desgracias nos sorprenden porque no nos afectan tan mal como hubiésemos supuesto antes que ellas ocurran. Del mismo modo que ciertas conquistas no nos generan el placer y la alegría que hubiésemos anticipado.

 

Hay momentos en la vida en que conquistar la cima del Everest o perder nuestra casa no nos producen efectos diametralmente opuestos. O tal vez sí, e incluso, todo lo contrario. Hay éxitos que pueden entristecernos y ciertos dolores  que al conectarnos de alguna manera con la vida nos generan un cierto placer.

 

Casi cualquier verdad puede ser cuestionada por un ¿Y? Pero no es cuestión de relativizarlo todo y sucumbir a una angustia existencial. Más bien se trataría de cambiar de rumbo, esperando recorrer un camino que nos permita responder, tal vez, al ineludible ¿Y? con un no  sé, pero estoy convencido que habrá valido la pena.”

 

 

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
Siempre listo para la conversación del día.
Ad
Copyright © 2018 - GRUPO ALTAVOZ