miércoles 11 de octubre, 2017

(EDITORIAL): Ni una más

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Altavoz
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Fuente: RPP

Estos últimos días hemos sido testigos de tres denuncias de violencia de género que no podemos pasar por alto. A un año de la primera marcha Ni una menos, los casos de Lorena Álvarez, Micaela de Osma y Vanessa Arzápalo nos recuerdan que en nuestro país todavía queda mucho por hacer para que las mujeres puedan vivir con tranquilidad. Por la gravedad de las heridas, la denuncia de Vanessa Arzápalo es tal vez la más impactante. La cobradora de combi de 31 años y madre de tres hijos fue desfigurada luego de ser golpeada por su expareja apenas después de terminar de trabajar. "Como si fuera una pelota me reventó, así me aventó", dijo a la prensa.

Estos, sin embargo, no son los únicos casos de violencia contra la mujer que se registran en nuestro país. Son, simplemente, los más mediáticos. En el Perú, semana tras semana las mujeres son víctimas de violencia física y psicológica que no es reportada por miedo y vergüenza. Solo por dar un ejemplo, el año pasado hubo más de 12 mil denuncias al mes hechas por mujeres por casos de violencia familiar. Por si esto no fuera suficientemente preocupante, un estudio realizado por la PUCP mostró que alrededor del 60% de los peruanos considera que la violencia entre parejas debe resolverse en privado.

Pese a que muchos alegan que en vez de marchar bajo el lema de "Ni una menos" deberíamos hacerlo con pancartas que digan "Nadie menos", lo cierto es que la violencia de género es un fenómeno distinto a un robo o a una gresca entre borrachos. No cabe duda de que toda vida humana vale igual que las demás, pero para combatir los problemas que afectan a nuestro país tenemos que comprendernos y no decir simplistamente que cualquier violación de los derechos humanos es igual y se produce por las mismas razones.

En el caso de la violencia de género, el problema es cultural y tiene sus raíces en siglos de opresión femenina. Si queremos por tanto erradicar la violencia contra la mujer, debemos también dar una batalla desde la cultura y la educación. De otro modo, lo único que lograremos será darle la esa la espalda a las mujeres que son golpeadas porque sus maridos las ven como propiedad. Las mujeres seguirán siendo arrastradas y desfiguradas hasta que como país no nos tomemos suficientemente en serio la lucha contra la violencia de género.

Escribe Altavoz
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