viernes 6 de octubre, 2017

No existe la libertad sexual - por Marcelo Mosenson

Lectura de 4 minutos
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Fuente: Difusión

“No hay relación sexual”

“El goce es imposible”

Jacques Lacan

 

Cada vez que leo y escucho la máxima de disfrutar libre y plenamente de la sexualidad me pregunto: ¿De qué están hablando? ¿A qué se refieren en realidad? ¿Me perdí de algo?

Por supuesto que la idea de pecado en torno a la sexualidad resulta fácilmente cuestionable, incluso absurda, para quienes no compartimos ciertas creencias religiosas. Pero de ahí a evangelizar a aquellos culposos y frígidos mediante una apología de una utópica sexualidad plena y libre, resulta tanto voluntarista como ingenua.

El deseo de conocer encuentra obstáculos, sostiene Lacan. Y la sexualidad nos enfrenta constantemente al deseo de saber.

La sexualidad es siempre traumática. De lo contrario, ¿cómo se entiende que uno de los actos más aberrantes que puedan existir sea el de la violación? De tener que elegir, muchos optaríamos por ser molido a palos a ser violados. A su vez, como bien descubrió Claude Lévi-Strauss, la prohibición del incesto es universal. Independientemente de la forma que esta tome, en toda cultura siempre existe, al menos una relación sexual prohibida.

Aunque muchos nos escandalicemos por la culpa que han sabido construir las religiones en torno a la sexualidad, es evidente que si tuvieron tanto éxito en castigar la libre sexualidad es por algo. Del mismo modo que el contundente éxito de la pornografía también habla de la falta de libertad en torno a la sexualidad, de lo contrario, más allá de toda inclinación voyerista, su apabullante popularidad no sería tal.

La mera existencia de sexólogos también habla que la naturaleza de la sexualidad es todo menos libre y plena. El problema radica en pretender que lo sea y creer que todo se resume a un tema de creencias.

Basta conversar con amigos, aún los más liberales en cuanto al sexo, que cuando se es víctima de una infidelidad, lo que realmente se padece es el mero actual sexual por sobre los sentimientos eventuales entre el infiel y su partenaire sexual . Y no lo opuesto, como muchos se apresuran a afirmar. Porque todos podemos gustar o admirar a alguien, incluso querer de algún modo a otra persona que no sea nuestra pareja, pero lo que realmente no se tolera es haber pasado al acto, por más banal que pueda haber resultado para el infiel. Porque finalmente lo que se valora en una pareja es que, a pesar de uno poder gustar de un tercero, en el sentido más amplio de la palabra, uno elija la represión sexual.

Poco importa la discusión acerca de la viabilidad o no de la monogamia. Tampoco importa la profunda comprensión que podamos tener en relación al sexo. Lo que es indudable es que, aún en su banalidad, la sexualidad jamás es libre, en el mejor de los casos es plena. Pero al igual que la felicidad, lo es sólo por momentos.

La pretendida libertad sexual no existe, ni siquiera para los más libertinos. Las prostitutas que tienen pareja poseen reglas y acuerdos estrictos con sus hombres al igual que cualquiera. Ellos podrán no estar celosos de sus clientes, pero sí estarlo en el caso que una de ellas le fuera infiel, “por mero placer”, con algún otro hombre. Los swingers también sostienen reglas estrictas respecto de con quién, cuándo y cómo. Mientras que las llamadas “parejas abiertas” quizá puedan serlas con relativo éxito, no porque sean libres sexualmente, sino tal vez porque la naturaleza del amor entre ellos sea de otro orden.

Cualquiera que haya sido un hijo pequeño alguna vez, sabrá que hay siempre un elemento particularmente posesivo en el amor, posesión que se traduce de forma contundente a través de los cuerpos. No está ni bien ni mal, es así.

Siempre se habla de hipocresía en torno a la sexualidad, pero poco o nada se habla de la hipocresía en torno a los que proclaman libertad y plenitud sexual.

En el mejor de los casos uno puede aspirar a una libertad en relación a la culpa. Cuando la libertad absoluta sólo podría darse del lado del instinto. Pero una vez que ingresa la palabra nuestra libertad se encuentra irremediablemente condicionada de por vida.

En otras palabras, el sexo es tan banal como todo lo contrario. Aspirar a vivirlo de manera libre y plena es tan utópico como pretender ser feliz de una vez por todas. Porque el sexo, de la misma manera que la palabra, nos constituye.

Somos hijos de un acto sexual. Haber nacido es irremediablemente absurdo. Mientras que la sexualidad es la bisagra que pone de manifiesto nuestra búsqueda incesante de amor y de sentido, a pesar, y más allá de nuestra voluntad.

Podemos disfrutar del sexo y aspirar a una sexualidad libre y plena a sabiendas que nunca seremos libres, y que el goce apenas tiene que ver con el orgasmo.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
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