lunes 31 de julio, 2017

¿Quién dijo? - por Marcelo Mosenson

Lectura de 3 minutos
597f780a25bc1
Fuente: Difusión

Siempre me he preguntado de qué palabras estamos hechos los unos y los otros. Porque hay palabras que nos encierran mientras que otras nos liberan. Dependiendo de cuáles habremos encarnado, nuestras vidas se desarrollan de una u otra manera.

Hay que es de las frases más aterradoras y limitantes que puedan existir. Toda una existencia puede verse frustrada por dos palabras monosilábicas. Intentar resolver los desgarros que estos dos vocablos suelen fomentar al interior de su propuesta suele llevar al fracaso existencial de cualquier hombre, más o menos despierto.

La única manera de extirpar y desarmar a quien intente imponernos un hay que es mediante otras dos palabras aún más demoledoras: ¿Quién dijo?

Los hay que son afirmaciones contenidas de sentido impuesto o autoimpuesto con pretensiones de sabiduría eterna. Pero basta contrastarlo con un ¿quién dice? como para advertir la eventual inconsistencia de tal pretendida verdad.

Quienes no conducimos nuestra vidas bajo alguna ley divina nos armamos de innumerables hay que contradictorios entre sí, pero no por ello menos potentes respecto de los producidos por las distintas religiones.

Lo curioso es que ni siquiera hay acuerdo en si los lácteos hacen mal. Francia es uno de los países con mayor expectativa de vida del mundo y dudo que se les ocurra algún día suprimir los quesos, cremas o yogurts de sus dietas alimenticias.

Hay que vivir apasionadamente cada día como si fuera el último cuando, a su vez, la sabiduría budista nos enseña sobre la importancia de cultivar la paciencia. Mientras que cualquier plan de negocios consistente necesita de ser planificado a un futuro de al menos cinco años.

Hay que amar sin esperar nada a cambio. No conozco una sola separación amorosa que no ponga de manifiesto lo inviable de tal afirmación. Constantemente esperamos recibir al dar, aunque más no sea sentirnos bien con nosotros mismos.

Hay que comportarse con equidad me recuerda la discusión que tuve con un amigo quien al heredar de forma repentina una importante fortuna se vio en el dilema de repartir parte del dinero entre sus hijos. La decisión radicaba entre hacerlo en partes iguales o, por el contrario, distribuirlos según las asimétricas necesidades de cada uno de ellos. Finalmente, optó por esto último, a sabiendas que de haber optado por repartirlo en partes iguales, también habría sido víctima de críticas por parte ellos.

Hay que saber perdonar. Posiblemente sea cierto, siempre y cuando también uno aprenda a no hacerlo. ¿Cuántas veces nos ha ocurrido que por haber perdonado hemos repetido y tropezado con la misma piedra?

¿Quien dijo que hay que ser felices cuando ni siquiera hay consenso alguno en cuanto qué es la felicidad?

¿Quién dijo que el enamoramiento sea la base del principio del amor cuando muchos matrimonios  arreglados construyen un real amor duradero a partir de una unión impuesta por sus respectivas culturas?

¿Quién dijo que hay que luchar por lo que uno quiere cuando no pocas veces lo que queremos lo conseguimos justamente porque no debemos luchar para conseguirlo?

¿Quién dijo que sea mejor estar solos que mal acompañados si basta ver a nuestro alrededor  para comprobar que esto no suele suceder? Todos vivimos en mayor o menor medida mal acompañados.

Hay que aprender a perder para saber ganar. Siempre y cuando también aprendamos a ganar para saber perder, o aún peor, para darnos cuenta que estamos perdiendo y ni siquiera nos hemos dado cuenta.

Hay que comenzar por amarse a si mismo para luego aprender a amar. También es cierto que amar a otro es una manera de amarse a si mismo. Y el amor, poco sabe de orden, etapas y cronologías.

¿Quién dijo que la violencia es producto de la falta de educación cuando fue justamente un pueblo tan educado como el alemán fue el que exterminó a doce millones de personas en sus campos de concentración durante la segunda guerra mundial?

Hay que decir siempre la verdad. ¿Si, y con con qué propósito? Como dice Alfred Adler, importante psicoterapeuta austríaco: “La verdad es a menudo una terrible arma de agresión. Es posible mentir e incluso asesinar con la verdad…una mentira no tendría sentido si la verdad no fuera percibida como peligrosa.”

¿Quién dijo que vivir sea mejor que no hacerlo cuando ni siquiera escogimos ser nacidos?

Para quienes creemos que Dios ha muerto o bien sentimos que no habla claro, no tenemos más remedio que crearnos nuestras propias reglas de manera que nos ayuden a vivir de alguna manera. Pero frente al absurdo y la imposibilidad de vivir bajo el imperio de la fe, quizá no tengamos más remedio que basarnos en una de las máximas de Groucho Marx “Estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
Siempre listo para la conversación del día.
Ad
Copyright © 2018 - GRUPO ALTAVOZ