viernes 5 de agosto, 2016

Despertar o permanecer - por Marcelo Mosenson

Lectura de 24 minutos
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Fuente: www.selfhelptower.com

… la verdad se disfraza de ilusión para influir en la voluntad.

Schopenhauer

Me debatí durante veinte minutos antes de tomar la difícil decisión de levantarme de la cama y trasladarme al baño para orinar.

Mi sueño y pereza no me permitieron hacerlo de forma inmediata. Tentado por el colchón y mi posición horizontal padecí de forma auto infligida aquéllos largos veinte minutos. Mis ganas de ir al baño se acrecentaban de tal modo que tampoco pude descansar y mucho menos dormir. Por el contrario, sólo pensaba en ello y en mi falta de voluntad como para tomar la decisión (correcta) que de todas maneras sabía, habría de llevar a cabo tarde o temprano. Sólo me estaba postergando. Luego de haberme levantado para dirigirme al inodoro comprendí que había malgastado un tiempo valioso frente al sentimiento de alivio que me produjo vaciar mi vejiga.

Lo peor de todo es que no fue esta la única vez en que me vi confrontado al mismo dilema. Dilema que ya había resuelto en mis pensamientos innumerables veces afirmando que aquello no habría de sucederme nunca más. La próxima vez, ante el menor síntoma, iría al baño sin importar el sueño que llevara a cuestas. Porque lo que resiste persiste, he escuchado decir en más de una oportunidad.

Si sumo la cantidad de veces en que me encontré, a lo largo de mi vida, desperdiciando de esta forma minutos de sueño y descanso, seguro que sumarían días. Algo peor sucedería de añadir los años que permanecí en sostener relaciones incómodas, en salas de cine cuyas películas descubría que no habrían de interesarme pasadas las primeras secuencias, o en bares que al minuto de estar sentado confirmaban mis ganas de elegir otro más confortable. Mejor no hacer cuentas.

Siempre sabemos de nuestras incomodidades, pero  pretendemos alivianar nuestras conductas con afirmaciones tales como no me arrepiento de nada.  ¿Pero cómo no arrepentirnos, aunque más no sea para prevenir situaciones similares en el futuro, o peor aún, en este mismo presente? Quizá sea más conveniente no arrepentirse de arrepentirse.

Cada vez que intentamos evitar algo en lugar de actuar en función de lo que realmente queremos nuestras chances de perder la apuesta son enormes. Los que evitan engordar, terminan sucumbiendo a la suma de otros kilos, una y otra vez. Mientras que, por el contrario, quienes buscan y actúan respecto de lo que quieren, como estar físicamente en forma, parecieran lograrlo de manera bastante más consistente que los que se limitan a evitar no estarlo. 

Más que una cuestión semántica entre el evitar y el actuar, la resolución de estas tensiones pareciera resolverse en estar dispuestos a pagar el precio de la incomodidad en pos de la comodidad.  

Hace años que vengo escuchando a amigos y amigas que quisieran separarse de sus respectivas parejas, pero que no logran levantarse de la cama para ir al baño. También están quienes, por evitar la soledad, terminan potenciándola aún más alimentándola de otras soledades en forma de compañía cuyas fechas de vencimiento parecieran estar impresas. Y así, durante años o vidas enteras, los deseos y las decisiones se postergan hasta caer en un forzado olvido.

Son trozos de vida los que se desperdician en trabajos que no nos gustan, parejas que no amamos, tibios cafés bebidos, y películas que sabemos de antemano que podríamos perfectamente no ver. Peor aún, el tiempo mal vivido nos va constituyendo. Nunca es tarde dicen. Quizá. Pero a condición que aceptemos que siempre es tarde como para postergar lo impostergable. Me temo que la paciencia esté sobrevaluada. Por eso nunca me expliqué cómo es que algunos están dispuestos a hacer largas colas para entrar a un restaurante de moda, luego de anotar sus nombres en alguna planilla y padecer la espera por el premio eventual de finalmente sentarse a comer en medio de una ciudad llena de alternativas culinarias.

En todo esto pensaba mientras permanecía en mi cama, padeciendo una vejiga que se inflamaba cada vez más y que me impedía disfrutar de los últimos minutos previos a la hora en que habría de sonar mi despertador.

Aliviado de haber expulsado mi orina, me senté al borde de la cama, arrepentido sobremanera de no haber actuado antes y preguntándome con cierto dolor, cuántas veces hemos sufrimos más de la cuenta por evitar sufrir. 

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
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