viernes 29 de julio, 2016

Dinero & muerte - por Marcelo Mosenson

Lectura de 14 minutos
Mira al Deadpool del comic enfrentarse al Deadpool de “X-men Origins”
Fuente: www.entrepreneur.com

La vida se debate entre el deseo y las posibilidades. Es por eso que el uso que hagamos del dinero sea posiblemente, de todas las metáforas, la más literal de todas.

Las tarjetas de crédito nos recuerdan que vamos a morir. La publicidad de quienes nos alquilan dinero nos dice que disfrutemos cuanto antes de lo que el dinero nos puede proporcionar. La realidad es que nadie sabe cuántos años vivirá. Mucha gente muere antes de lo que piensa, de hecho es lo que suele suceder (Bertrand Rusell). Las expectativas de vida son sólo eso, expectativas. 

¿Pero cómo actuar frente al dinero? Si corremos el riesgo de acumular y consumir ciertas experiencias que el dinero nos puede brindar, asumimos nuestra finitud. Si por el contrario, ahorramos constantemente pensando en nuestra vejez, significa que creemos que vamos a vivir muchos años más. Y es una completa locura vivir precariamente para poder morir rico. 

También existen caminos intermedios, desde luego, pero no resuelven la paradoja. Siempre habrá algún deseo que nos haga tambalear nuestros principios financieros.

El dinero nos enfrenta a la vida, al sentido que le otorguemos. El vivir de forma hedonista como si se tratara de nuestro último día se contradice con la idea de ahorro. Por el contrario, hipotecar nuestro presente temiendo a una hipotética escasez futura lleva a que de morirnos antes de lo esperado hayamos perdido goces y oportunidades incalculables.

En un estudio realizado sobre enfermos terminales en los que se recogen testimonios acerca de sus vidas, la mayoría se mostraba más arrepentido por lo no hecho que por algún error cometido. 

Gastar a destiempo queriendo cumplir sueños de juventud puede resultar desplazado como incongruente. Todos hemos presenciado alguna vez a algún hombre ya mayor luciendo un auto o una moto deportiva que de alguna manera se contradecía con su actualidad. Como si tales adquisiciones fuesen más el síntoma de un sueño incumplido de juventud que de un deseo actual. 

El cómo gastar (casi independientemente de lo que ganemos) nos enfrenta a cómo vivir. El ex presidente de Uruguay, el Pepe Mujica, en su acertada crítica a nuestra sociedad de consumo, nos dice que cuando compramos algo no lo compramos con dinero, lo hacemos con nuestro tiempo; vida invertida en trabajar. Indiscutible. Por el contrario, el premio Nobel de literatura, Albert Camus afirmaba que es un tipo de esnobismo espiritual lo que hace a la gente pensar que pueden ser felices sin dinero. 

Todos soñamos con ganarnos el Gran Pozo. Sin embargo, de lograrlo, no siempre estamos preparados para asumir nuestros deseos y la supuesta libertad que ello implica. Según estudios realizados en los Estados Unidos, un tercio de las personas que lo han ganado alguna vez se han quedado en bancarrota sólo unos años después de recibir su primer millón. Desgracias, despilfarros y hasta muerte ocasionaron cada uno de estos inesperados millones. 

La falta de dinero impuesta o autoimpuesta nos puede proteger de tener que hacernos cargo de nuestros deseos como de nuestras propias miserias. Siempre se puede apelar a la escasez de recursos como la causa de nuestra falta de generosidad o del incumplimiento de ciertos sueños. Por el contrario, la abundancia nos confronta con nuestra supuesta libertad y el sentido que le queramos dar. En ambos casos quedamos expuestos, sólo que de manera distinta. La generosidad nos pone a prueba tanto en la escasez como en la riqueza. No son las circunstancias las que determinan nuestro accionar. 

Victor Frankl, sobreviviente de los campos de concentración nazis, creador de la logoterapia, y autor del célebre libro, El hombre en búsqueda de sentido, contaba que dentro de los campos estaban quienes mataban por un trozo de pan, y quienes lo compartían poniendo aún más en peligro su propia subsistencia.

En las muchas ocasiones que pregunté alrededor mío acerca de qué es lo que harían de ganarse repentinamente una montaña de dinero, las respuestas fueron poco conclusivas. Pocos sabemos realmente cómo habríamos de reaccionar de encontrarnos en la situación de recibir inesperadamente una gran fortuna.

Todos, casi sin excepción, querríamos cambiar en mayor o menor medida el curso de nuestra vida actual. Pero las respuestas que obtuve a partir de mi curiosidad invariablemente apuntaban a comprarse una casa, ayudar a sus cercanos, viajar por el mundo, consumir alguna excentricidad, y trabajar menos o distinto. Ningún cambio particularmente significativo.

El dinero es mejor que la pobreza, aún cuando sólo sea por razones financieras (Woody Allen).

El dinero no tiene color, es transparente. Dime cómo gastas y te diré quien eres. 

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
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