viernes 24 de junio, 2016

El arte de superar conflictos - por Marcelo Mosenson

Lectura de 13 minutos
Los Beatles, justo antes de tomar la fotografía de la portada del album Abbey Road.
Fuente: www.juntadeandalucia.es

No temo tanto a los conflictos como sí a la propia reacción, o a la de los demás, frente a ellos.

Hay veces que no logramos solucionarlos; eventualmente los resolvemos y sólo algunas pocas veces sabemos superarlos.

Para que así sea se precisa de cierta inteligencia analítica y emocional. A su vez,  las propias creencias, valores y principios deben ser puestos en duda una y otra vez. Lo cual lleva a asumir, por ejemplo, que la vida no es justa. Que cualquier acuerdo entre partes implica ceder algo y que la venganza, justificada o no, jamás se lleva bien con la superación de un conflicto.

Aún sabiendo de mi incapacidad para matar a otro ser humano, y lo sé justamente por haberlo soñarlo de manera diurna como nocturna, he preguntado, más allá de toda consideración moral, por qué está mal matar. Después de todo “pareciera ser un sentimiento genuino como universal a la hora de sentirnos violados como amenazados”.

Frente a lo cual, el budista Gerardo Abboud, traductor del Dalai Lama, me respondía:

Nosotros conocemos habitualmente una sola realidad, la que perciben mis sentidos, la que yo pienso, la que me emociona: odio, rencor, apego, celos, envidia, orgullo se las considera en el budismo que son parte de nuestro paquete humano, pero no son percepciones o cogniciones válidas, porque cuando uno las empieza a analizar, en realidad, no tiene ningún tipo de asidero, no tiene ningún tipo de núcleo. Cuanto más las analizás, más se desvanecen.

La ignorancia es justamente la causa de todas estas emociones aflictivas. Es básica y fundamental. No sabemos quiénes somos. Soslayamos completamente ese tema, nacemos como seres humanos ¿Pero sabemos por qué nacemos? Nadie nos preguntó. Sin embargo, nos encontramos con esta vida que tenemos que vivir, y además con la consigna de ser felices. Todo el mundo quiere ser feliz, hasta los animales quieren ser felices, nadie quiere sufrir, todos tenemos esa consigna y de pronto nos suceden cosas, envejecemos, nos enfermamos, morimos. Son condicionamientos formidables que están indicando que en realidad no es una vida que esté respondiendo a un nivel de libertad perfecta, tiene un montón de falencias. 

Frente a cualquier pedido mío de algo siquiera parecido a la revancha respecto de algún conflicto más o menos grave, Sergio Dubove, mi abogado, uno de los más brillantes abogados de familia de la Argentina, tuerce mis impulsos y argumentos como un judoca a su adversario. Si me nota fuera de eje me recuerda que la enfermedad contagia, la salud no. Cuando clamo ¡Justicia!, me convence que hay que ceder para ganar. Cuando mi contrincante “me” ataca injustamente, Sergio jamás levanta la voz, siquiera amenaza. Tan sólo se viste de espejo para devolverle su propia imagen a la otra parte. Esto provoca no pocas veces que el adversario equilibre sus pretensiones vengativas y económicas (usualmente son sinónimos) sin siquiera tener que manifestarlo. 

Sergio Dubove es quizá de los pocos abogados que no busca resolver conflictos, sino superarlos. Un poco como cuando en la serie Seinfield el personaje de George Costanza le viene a plantear con sumo entusiasmo a Seinfield el intrincado plan de venganza que acababa de elucubrar, éste le responde The best revenge is living well. (La mejor venganza es vivir bien). 

El Juicio Salomónico hace referencia a un hecho bíblico narrado en el libro primero de los Reyes. Dos mujeres acudieron ante el rey Salomón para que arbitrara en una disputa que mantenían. Ambas habían tenido un hijo, pero uno de los niños murió y cada una de ellas reclamaba ahora como suyo el que quedaba vivo. Salomón ordenó que el niño fuera cortado por la mitad con una espada y que se entregara a cada mujer una de las mitades. La primera estuvo de acuerdo con esta solución, mientras que la segunda prefirió que no se ejecutara tal sentencia y que el pequeño fuera entregado a la otra mujer. El Rey afirmó entonces que, con certeza, esta última era la verdadera madre del niño, pues, guiada por el amor maternal, había optado por renunciar a su custodia para que conservara la vida. 

Cada vez que expreso mi deseo de sangre respecto de la madre de mi hijo, quien viene impidiendo hace años mi contacto con él, Sergio Dubove me recuerda que a los conflictos no se los resuelve, apenas se los supera. 

No es fácil de aceptar, pero los verdaderos padres debemos entregar a nuestros hijos para que no sean cortados en dos y así, esperar que algún día nos sean devueltos.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
Siempre listo para la conversación del día.
Ad
Copyright © 2018 - GRUPO ALTAVOZ