viernes 17 de junio, 2016

PADRECTOMÍA - por Marcelo Mosenson

Lectura de 3 minutos
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Fuente: luisamaldonado.com

Hay palabras que el lenguaje pareciera evitar por el dolor que ellas conllevan. Se es huérfano de padres, pero nuestra lengua no nos propone un equivalente para la muerte de un hijo. Una falta similar ocurre cuando se produce la ablación de un padre. Por eso me vi forzado a inventar un neologismo: padrectomía. La palabra oficial, menos elocuente en lo que respecta mis sentimientos es la de parentectomía.

Descubro mi paternidad frente la imposibilidad de ejercerla. Resulta contradictorio añorar lo que nunca se ha tenido. Sin embargo, ser padre de un hijo a quien apenas conozco provoca en mí un sentimiento de paternidad que no encuentra refugio. Sentimiento que por momentos se me presenta como ilusorio y ajeno a la condición de padre. Mientras que en otras oportunidades, frente a la ausencia de un hijo que me tiene como padre forzadamente ausente, mi rol pareciera manifestarse de forma aún más lúcida que de tener un contacto cotidiano con él. Al menos, eso quiero creer de a ratos.

Uno se constituye en padre de un hijo independientemente de su propia voluntad. Ya que para un hijo uno siempre será su papá. Y no hay nada peor que un padre ausente, ni siquiera uno muerto. Ya que no hay duelo posible respecto de un padre omnipresente en su ausencia.

Para los padres e hijos que sufrimos de una padrectomía, La Justicia, el primer y último recurso disponible, resulta ineficaz como perversa. Sus leyes, muchas de ella coherentes, no se cumplen, mientras que otras, como la que otorga a la madre de forma automática la tenencia del hijo, no es más que un fiel reflejo de ciertas creencias arraigadas en nuestra sociedad. Seguimos confundiendo roles con género. Y los mitos que imperan son los del padre proveedor y la de la madre amorosa dedicada a la crianza.

 

En sociedades como las nuestras en donde conviven lo peor del machismo y del feminismo, el padre de un niño pareciera tener pocos derechos en torno a la crianza. Los casos de feminicidios divulgados recientemente por la prensa no hacen más que exacerbar esta situación de impunidad de algunas madres que con sólo denunciar falsamente a un hombre como violento, hijos y padres son desterrados preventivamente de su vínculo de manera automática y sin necesidad de prueba alguna.

Lamentablemente, las falsas denuncias en el ámbito de la justicia familiar no suelen ser penadas. Mientras que los daños provocados tanto al padre como a los hijos sometidos a pericias de todo tipo resultan irreparables, aún cuando se haya demostrado la falsedad de todas ellas.

Cada uno ocupa la palabra padre como puede, sabe y quiere según la época, la cultura y la clase social en la que nos toque vivir.

En mi caso, la palabra padre se torna confusa, exacerbada y por momentos muy difícil de ocupar. Como un enamorado cuyo amor se manifiesta de forma más apasionada frente a la pérdida de su objeto de amor. Mientras que mi hijo es forzado a una suerte de orfandad inducida.

Del mismo modo que una mujer deseando quedar embarazada comienza a ver repentinamente carritos de bebés por todas partes, yo me encuentro, por el contrario, esquivando constantemente todo lo que me remita a mi hijo. Incluyendo los mismos hijos pequeños de mis amigos como los de mis propios hermanos. Todo duele.  Mi dolor duele, pero principalmente el dolor presente que presiento en mi hijo, como a su vez, el que pueda llegar a sufrir en un futuro por las huellas de nuestra relación interrumpida en tantas oportunidades de manera inexplicable como incomprensible. Porque cada hora y día que pasan no sólo son irrecuperables, sino que a su vez, son constitutivos de su infancia como de mi paternidad. Y es por eso que vivo con miedo no sólo por el presente, sino también por el futuro de su memoria.

Es por eso que hace un par de años tomé la decisión de contar mi historia, su historia, como la de otros padres, mediante la realización de una película documental, Ver a papá: diario de una padrectomía, aún inconclusa y a la que se puede apoyar de diversas maneras, a través del siguiente link. 

 http://ide.la/1rKmlE3 

 

El tiempo, al contrario de lo que  suele afirmarse, no es oro. El tiempo es vida. Y cuanto más tiempo pasemos impedidos de ver a nuestros hijos, y ellos de nosotros, padres o madres, el tiempo es muerte.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
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