viernes 10 de junio, 2016

"El rito de la circuncisión", por Marcelo Mosenson

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Fuente: www.menshealth.com

Mosenson, hijo de Moisés, es mi apellido. Fui circuncidado como todo judío al octavo día de haber nacido. Aunque jamás, mis padres ni yo, hemos recibido alguna educación religiosa. 

Pocos ritos comprometen tanto al cuerpo como el de la circuncisión; sin embargo, es uno de los preceptos más respetados. Desde judíos observantes hasta ateos son arrastrados por los imperativos de la tradición. Las explicaciones más usuales citan la alianza sagrada con Dios y, más modernamente se la justifica por razones higiénicas. Pero el sentido profundo de esta práctica parece, por momentos, escaparse a las definiciones del sentido común. 

El prepucio es la piel que recubre el glande, y Dios nos exige circuncidar la excrescencia de nuestra carne. Esta piel que se corta durante la circuncisión es efectivamente una “cáscara”. Cada vez que la palabra “cáscara” es utilizada en el lenguaje espiritual, es para denunciar alguna cuestión negativa, algo que impide el desarrollo. Lo judío no puede expresarse si no se han eliminado todas las “cáscaras” que lo recubren, me explica el rabino Gerard Arbib. Nosotros los judíos, sabemos que un día habrá una resurrección de los muertos, y cada uno revivirá con la apariencia que tenía cuando estaba vivo. Algunos lo harán con un defecto o una falta cualquiera. 

En algunos países árabes ciertas tribus poseen un rito similar. Se la realiza luego de un peregrinaje religioso y un baño purificatorio algunos días antes del matrimonio, en presencia de la novia, cuyo vestido recibe la sangre de la operación. El hombre no debe manifestar ningún signo de sufrimiento so pena de romper la unión proyectada. La circuncisión aparece aquí como una prueba, una constancia de la virilidad prenupcial.

Maimónides, Najmánides y otros, estiman que uno de los objetivos de este precepto es la disminución de la pasión sexual. (La atenuación de la libido es atribuida a merma de la sensibilidad nerviosa del glande descubierto.)

El judío se encuentra comprometido en el camino del dominio de sí mismo. La circuncisión no es más que la primera etapa en la educación del hombre judío. Luego continúa con una larga serie de disposiciones de orden moral y religioso. Toda marca de pureza –involucra al hombre en una atmósfera de castidad y dignidad humana- lo preservan de la caída al estado animal. 

El rabino, Gerard Arbib, da a este acto un significado distinto cuando dice : es el acto de confianza del padre del bebé frente a Dios. La fuerza entre Dios y el ser humano en aquel momento, esa creencia extraordinaria, hace que el pecado sea expulsado. Dios dijo a Abraham : “quiero que te hagas circuncidar, tú y tus hijos”. Abraham tenía cien años, su hijo Ismael trece. También dijo : “todo niño nacido en tu familia, debe ser circuncidado a la edad de ocho días”. La circuncisión es una alianza, y esta alianza por la carne muestra la fidelidad a Dios. Por esta razón para convertirse al judaísmo, es menester someterse a la circuncisión. 

La circuncisión también está muy generalizada en África y los ritos varían de un pueblo a otro.

En cuanto a los Mayas de Yucatán, de Guatemala, de Honduras y del Salvador, los Temeas y los Manaos de los bordes del Amazonas, cortan a cuchillo el prepucio de los púberes con una simple incisión, en medio de una cantidad de complicados ritos. Según muchos autores, los indios de la América precolombina cortaban longitudinalmente el pene para otorgarle un aspecto de franja.

En Bellezas del Talmud un filósofo le preguntaba a un doctor de Israel :

-Si la circuncisión es necesaria para el perfeccionamiento del hombre, ¿porqué Adán no fue creado circunciso?

-¿Por qué -respondió el doctor- te cortas el pelo de la cabeza y te dejas crecer la barba?

-Me corto el cabello -decía el filósofo- porque comienza a crecer en la infancia. Me dejo la barba porque crece cuando comienza la sensatez.

-Deberías también cortarte los brazos y la piernas, que crecen en la edad de la ignorancia. Mas ten presente que todas las cosas de la tierra tienen necesidad de un mejoramiento, de una perfección : así es el hombre.

Más allá de no lograr comprender el fundamento de ciertos rituales, es indudable que por alguna curiosa razón el Hombre necesita crearlos y practicarlos; aún ignorando su eventual significado. Mis padres y mis abuelos no hubieran podido explicármelo. Yo tampoco logro comprenderlo, tan sólo lo intento.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
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