miércoles 22 de febrero, 2012

Dietas alternativas - por Marcelo Mosenson

Lectura de 2 minutos
Hamburguesas
Fuente: Burgerlandia.es

“La única forma de mantener buena salud es comer lo que no quieres comer, beber lo que no te gusta beber y hacer lo que no prefieres hacer.” ~Mark Twain

La obsesión por las dietas y el comer sano se han convertido en la nueva religión de nuestros tiempos. El comer orgánico, privarse de azúcares y harinas blancas, entre otras sustancias, son obligatorios. Desintoxicarse es el fin último alrededor del cual muchos hombres y mujeres construyen sus valores, hábitos y creencias.

Frente a un mundo líquido en donde el deseo se desplaza constantemente, el culto por la salud pareciera haberse constituido en una suerte de anclaje del sentido: vivir sano para vivir bien. Sólo bastaría con tener la disciplina necesaria de alimentarse bien y hacer ejercicio como para así vivir una vida plena.

El otro día, compartiendo la mesa de un bar junto a una mujer de unos treinta años surgió la siguiente pregunta. ¿Que haría cada uno de nosotros si nos restaran tan sólo cinco minutos de vida? Para mi sorpresa ella respondió que se comería una hamburguesa. Mientras que yo sólo pude responder, casi sin pensarlo, que me moriría si me enterase que habría de morirme en cinco minutos. Lo que no me atreví a preguntarle es por qué no se comía una hamburguesa ahora que se encontraba aún con muchísimos cinco minutos de vida por delante. Difícilmente vaya a tener la oportunidad de hacerlo justo cuando le resten trescientos segundos de vida, pensaba mientras la escuchaba con curiosidad.

El vivir sano pareciera haberse convertido en un fin en sí mismo más que en un medio. El sentido habría de condensarse en la experiencia del alimentarse bien, aún si esto presupone el sacrificar muchos de los grandes placeres de la vida: las pizzas, las hamburguesas y las papas fritas.

La idea de sacrificio siempre seduce al buscador de sentido. Pareciera ser más tentador evitar algo que luchar por lo que se desea. A pesar que la mayoría de las dietas tiendan a fracasar al poco tiempo, ya que una vez logrado el efecto deseado el vacío que llevó a llenarse el estómago tiende a persistir. Además, nada es más rico que lo prohibido.

¿Por qué será que las dietas alimenticias son las más populares de todas las posibles? Nunca oí hablar de dietas televisivas, informativas o sociales. ¿Qué pasaría si evitásemos mirar cierta cantidad de inservibles horas de televisión, rodearnos de personas tóxicas y evitásemos gastar tiempo en postear y observar las fotos de nuestras comidas, mascotas y viajes en las redes sociales?

Quizá, el fracaso de muchas dietas radique también en que el acento está puesto en el cómo más que en el para qué. Jamás escuché a algún padre decir, por ejemplo, que el propósito de su dieta sea el sentirse lo suficientemente liviano como para poder jugar más con sus hijos y no morir en el intento. Tampoco fui testigo de alguien que decidiera dejar de ver ciertas amistades que difícilmente elegiría de conocerles hoy como para disponer del tiempo suficiente que se requiere para conocer a otras personas más nutritivas.

Obsesionarse por la salud sin un sentido de trascendencia es como ahorrar dinero con el sólo propósito de jamás gastarlo.

¡Qué interesante sería ofrecer a todos los inclinados a realizar dietas una de palabras! Esta tendría como objetivo eliminar de nuestros diálogos, palabras y frases que intoxiquen. Al igual que las harinas blancas, habría que eliminar de nuestra dieta lingüística expresiones tales como: no puedo, (o peor aún, no podés), hay que conformarse, conocé tus límites, la vida es así, qué se le va a hacer, entre tantas otras. Todas ellas podrían ser reemplazadas por, no sé, (aún no sabés), hay que buscar una solución, buscá otra manera, la vida es incierta, hay mucho por hacer, respectivamente.

Vivimos bajo la dictadura del buen vivir en detrimento del vivir según nuestros anhelos. Nos conformamos con una dieta saludable en lugar de una vida con sentido. Nos preocupamos por lo que comemos y no por lo que leemos, conversamos o escuchamos diariamente. Denunciamos las grasas concentradas, pero no condenamos la falta de concentración en percibir lo que sentimos y sienten los demás a diario.

Si supiera que me restan cinco minutos de vida y no sucumbiera en la desesperación, llamaría a todas las personas que más quiero, me despediría de cada uno de ellos y me comería un Big Mac.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
Siempre listo para la conversación del día.
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