miércoles 22 de febrero, 2012

La pasión cool - por Marcelo Mosenson

Lectura de 3 minutos
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Fuente: Ananda Marga Yoga Society

No es necesario que el alcohólico pierda la razón, pero el enamorado que no entrega la suya está en deuda con su Dios. Marguerite Yourcenar

Luego de haber compartido unos apasionados días con un hombre que acababa de conocer, mi amiga decide llamarse al silencio y cortar todo vínculo con la persona en cuestión. Cuando le pregunto qué fue lo que la llevó a descartarle de forma tan intempestiva, me responde que la intensidad del encuentro le resultó nefasta.

Conociendo a mi amiga, una bella, elegante e inteligente mujer orientada al éxito, intuí de inmediato que detrás de tal afirmación se escondían razones más profundas. Sin embargo, lo que más me llamó poderosamente la atención fue el hecho que la exaltación del encuentro fuera una razón plausible como para justificar el desencuentro.

Indudablemente, pensaba mientras me despedía de ella, la pasión no está de moda. En la era de lo cool hemos aprendido que el apasionamiento poco tiene que ver con el amor, que el enamoramiento es una forma de locura y que el otro es una invención de nuestro deseo.

Vivir de manera cool implica vivir una vida organizada, sin mayores contratiempos. Deseamos una casa ordenada y alimentarnos de la manera lo más sana posible. Los espacios del hogar como del trabajo tienden al minimalismo para que todo fluya, sin trabas ni obstáculos. De no ser esto suficiente, recurrimos a sabidurías milenarias tales como el feng shui y el yoga, diseñados para occidentales. Cuando no alcanzara con tener la casa en perfecto orden, el cuerpo flexible, las finanzas en reglas y el cuerpo sano, puesto que la mente siempre se resiste a la quietud, se puede recurrir al mindfullness, a la meditación o a algún retiro espiritual que nos brinde un estado de paz, aunque más no sea por un rato. 

Basta con ver prácticamente cualquier publicidad para ser testigos del valor primordial de nuestra época: lo apacible. Cuanto más sereno y confortable sea todo, tanto mejor. La única pasión existente pareciera estar al servicio de su misma ausencia. Como si Edith Piaf debiera ser reemplazada por Carla Bruni, Jaques Brel por Patrick Bruel y Sandro por Ricky Martín. En la misma línea, Marlon Brando es sustituído por Tom Cruise, Ana Magnani por Sandra Bullock y Gena Rowlands por Scarlet Johansson. Ni hablar de Cyrano de Bergerac, el psiquiátrico sería su actual destino. 

Hoy en día, la expresión apasionada del amor resulta más pornográfica que la pornografía misma. No te apures, andá con cautela, tomá distancia y no ahogues al otro, son las prescripciones del amor contemporáneo. Dado que ya hemos aprendido que el amor no es eterno y que el enganche con el otro no es más que nuestro propio síntoma, debemos 

autocensurar y, a su vez, escapar de cualquier desborde amoroso. Tres lindos mensajes consecutivos enviados en un relativo corto lapso de tiempo pueden convertirnos, bajo la mirada de nuestro hombre o mujer deseada, en un stalker (acosador) o peor aún, en una persona devaluada que no tiene pudor en humillarse gratuitamente. 

El neo romanticismo encuentra su pasión en la coincidencia más que en la diferencia. Basta que alguien fume para que sea desechado por un no fumador o que uno coma carne para ser despreciado por un vegetariano. Lo mismo vale para los títulos universitarios, la carrera profesional y la salud financiera, a la hora de encajar en los algoritmos de Match.com o en una persona de carne hueso que pretende elegir al candidato que podría responder a las expectativas de una ilusoria feliz coincidencia. 

Las circunstancias actuales de una persona son tomadas como su esencia, como si fuésemos personalidades estáticas ajenos al cambio, ya sean estos buenos o malos. La realidad presente de cada uno de nosotros son la garantía de nuestro éxito o fracaso, respecto de la afinidad con el otro. Todo esto, bajo la creencia que uno es, efectivamente, sus circunstancias. Cuando por el contrario, el fumador puede dejar de fumar y el no fumador tornarse un fumador empedernido, el pobre puede convertirse en rico y el rico quebrar y perderlo todo. 

Uno es uno y sus circunstancias es una de las grandes falacias que nos ciegan respecto de nosotros mismos como de los demás. Cuando en realidad somos la reacción a ellas. Porque ni siquiera somos del todo lo que sentimos. Tanto las circunstancias como las emociones varían como, a su vez, mutan nuestros estados de ánimo. 

La agobiante búsqueda de certezas nos llevan a una única certidumbre : la incertidumbre.  

No volví a conversar con mi amiga, pero dialogando con ella de forma imaginaria le respondía que para El Principito, lo esencial es invisible a los ojos.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
Siempre listo para la conversación del día.
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