miércoles 22 de febrero, 2012

La clave del éxito - por Marcelo Mosenson

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Fuente: blog.gusanito.com

Uno busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias. 

-Enrique Santos Discépolo

Es cierto que el éxito depende en mayor o menor medida de cierta cuota de azar, mucho más y mucho menos de lo que estaríamos dispuestos a aceptar. Sin embargo, es seguro que no se lo consigue de no seguir ciertas reglas que parecieran ser inherentes a toda persona exitosa.

Cuando se afirma que el éxito nos es esquivo lo más seguro es que nosotros le esquivemos a él. 

Estamos rodeados de frases acerca del éxito que parecieran no tener otro propósito que permitirnos justificar nuestros fracasos y frustraciones. La peor de ellas es esa pregunta retórica y nihilista que consiste en preguntar ¿qué es el éxito?

Todos sabemos perfectamente, al menos, lo que no es: no lograr nuestros objetivos. Desde luego que se puede tener éxito en algo y descubrir que no se es feliz. Pero esa es otra discusión. Lo cual no implica que el éxito pueda ser relativizado. Deseamos realizar ciertas metas independientemente del hecho que éstas sean las que más nos convengan o no.

Si quiero tener mucho dinero y por el contrario soy pobre no hay duda de que habré fracasado. Lo cual no quiere decir que el dinero traiga la felicidad, como tampoco lo contrario. Ese es otro tema.

El éxito de varias literaturas acerca de cómo ser exitoso en la vida deben su éxito, valga la redundancia, a que nos mienten o, sencillamente, sólo nos dicen una parte de la verdad. Por ejemplo, el best seller “El Secreto”, nos vende la idea de que si deseamos algo y pensamos mucho al respecto seremos capaces de atraer todo lo necesario como para cumplir nuestro sueño.

A propósito de ello, aún sigo esperando y soñando con obtener un físico ideal, pero por alguna misteriosa razón no he podido todavía atraer hacia mí las pesas del gimnasio de la vuelta de mi casa. Aún cuando todas las noches visualizo positivamente el cuerpo que desearía tener.

Otras de las máximas de los libros de autoayuda en relación al éxito está basada en una suerte de apología de la voluntad, al mejor estilo de Silverster Stallone en Rocky. Suena bonito, sólo que la voluntad nos puede llevar a cabalgar durante eternos kilómetros hacia un destino equivocado.

Mientras que la máxima que afirma que si perseveras triunfarás pareciera ser más a una estrategia de los ricos para explotar a los pobres que a una verdad acerca del éxito. En todo caso, se trata de trabajar inteligentemente antes que de manera dura.

Viktor Frankl, sobreviviente de campos de concentración nazis, explicaba que más allá del azar, los que lograron sobrevivir al terror no eran necesariamente los más fuertes, sino los que tenían un profundo sentido de trascendencia. Sólo en la misma medida en que el hombre se compromete al cumplimiento del sentido de su vida, en esa misma medida se autorrealiza.

La semana pasada tuve la oportunidad de entrevistar a un muy exitoso empresario, Tomás Sinclair, presidente de la compañía de seguros Gamasi, uno de los brokers de seguros más importantes de la Argentina.

Cuando le pregunté acerca de la razón de su contundente éxito, me miró a los ojos y respondió: autogestión y autoestima. Esperando que me dijera algo más un largo silencio se apoderó de la escena. Incómodo le volví a preguntar a qué se debía el secreto de su éxito. Sin ningún atisbo de duda me vuelve a responder prácticamente lo mismo. Si se pretende trascender uno requiere de una constante autogestión y autoestima.

Por cierto, pensaba, nada más patético que escuchar constantemente la queja de alguien que declara querer algo, pero que no hace nada para lograrlo, alguien que en palabras del empresario implicaría carecer de autogestión. También están los que se escudan en su esfuerzo y voluntad olvidando que sin autoestima difícilmente vayan a conseguir nada.

Mientras que pretender aumentar nuestra autoestima sólo a partir de buenos resultados es como esperar ser besado por la mujer de nuestros sueños para luego, recién, intentar seducirla. O bien, es como esperar que nos llegue la motivación para entrenar en el gimnasio, cuando en realidad ella nos invade sólo luego de haber transpirado suficientemente. La motivación se manifiesta a posteriori.

A su vez, si no buscamos trascender, difícilmente logremos tener el combustible necesario como para autogestionarnos cuando la motivación no está disponible. 

El éxito podrá no ser sinónimo de felicidad, pero la postergación de nuestros sueños asegura, irremediablemente, el éxito de nuestro fracaso, desilusión y tristeza.

Marcelo Mosenson es escritor y cineasta. Más allá de un café es su última novela. Es socio fundador y director de la productora www.nomadefilms.com También es socio y director de contenidos de la empresa de marketing www.crazymarketing.company Estudió cine y fotografía en París. Becario Fulbright obtuvo un Masters en comunicación y medios en The New School University, NYC.
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