La seguridad en el barrio (3/4), por Carlos Basombrío Iglesias
Opinión
FUENTE: Difusión

2018-01-11 18:25:00

Carlos
Basombrío
Iglesias
 

"Barrio Seguro es la estrategia más importante y ambiciosa de prevención de la inseguridad que creo, sin falsas modestias, se ha impulsado hasta ahora en América Latina".


Uno de los aspectos que más preocupa a la ciudadanía dentro de las múltiples tareas que tiene el Ministerio del Interior es cómo enfrentar la delincuencia urbana, que creció exponencialmente en los últimos 15 años.

Como dije en la primera entrega de esta especie de balance o rendición de cuentas, hay distintos niveles de criminalidad que se deben enfrentar con estrategias diferentes y específicas.

Expliqué primero cómo asumimos el enfrentamiento al crimen organizado en las ciudades; en la segunda entrega hablé sobre cómo habíamos concebido la lucha contra las bandas criminales, especialmente marcas y raqueteros, pero también el masivo fenómeno del robo callejero, expresado principalmente en el robo de celulares.

En esta tercera parte quiero referirme al entorno más inmediato de la gente, al barrio.

En relación a ello, creo que hay que distinguir tres tipos de circunstancias. Los barrios de distritos de clase media para arriba, los barrios de los distritos pobres y los barrios extremadamente peligrosos.

En cuanto a los primeros, los niveles cotidianos de inseguridad ciudadana dependen de buenas o malas gestiones municipales y policiales. Normalmente son barrios con condiciones de seguridad relativamente mejores que el promedio, donde sin duda todavía hay mucho por hacer, pero en donde se cuenta con un importante números de serenos, centrales de monitoreo sofisticadas, cámaras de video vigilancia, comisarías razonablemente equipadas y con un número de personal superior al promedio, entre otras herramientas importantes.

La combinación de policías y serenos puede colocar a algunos de esos distritos en 1 efectivo de seguridad por cada 100 habitantes (mucho mejor que el estándar óptimo a nivel internacional que es de uno por cada 250 habitantes). No se elimina el delito pero hay una diferencia muy importante con la realidad de otras zonas urbanas de múltiples ciudades del país.

Una realidad muy diferente es la de los barrios de los distritos pobres de las ciudades en donde más criminalidad existe y menos capacidad institucional hay para enfrentar el problema. En muchos de ellos encontramos entre 1500 y 2500 habitantes por policía y en casi ninguno hay serenazgos con un número de personal razonable.

Es en este segmento enorme de la población en el que hemos priorizado nuestro trabajo en el barrio. De hecho, para los 13,000 policías que salieron de las escuelas entre agosto del 2017 y enero del 2018 se estableció el criterio de priorizar en todas las ciudades aquellas zonas urbanas con mayor déficit de atención policial.

En segundo lugar, se inició un proceso de modernización de comisarías, partiendo con un proyecto piloto llevado a cabo en ocho comisarías de San Juan de Lurigancho. En estas, se han cambiado horarios haciéndolos más eficaces para el servicio, se ha geo referenciado todos los vehículos de la comisaría y construido mapas del delito en línea que son actualizados semanalmente con las incidencias delictivas localizadas en el mapa, para identificar fácilmente los puntos calientes y hacer así una más adecuada distribución de los recursos.

En algunas comisarías se ha avanzado más que en otras en la planificación de la presencia policial en función a estos criterios y en el número de kilómetros promedio por patrullero recorridos. Cada semana se publicó de los resultados para las 50 mejores entre las 130 que hay en Lima y Callao.

Este sistema geo referenciado ha permitido dos cosas: 1) aumentar significativamente el número de kilómetros recorridos por patrullero llegando en algunas comisarías a más de 1000 km a la semana en promedio por cada uno de sus vehículos y 2) disminuir virtualmente a nada la posibilidad del robo de combustible, histórico problema de la Policía Nacional.

Complementario a lo anterior, se ha enfatizado un modelo de policía comunitaria. El concepto de la policía comunitaria es que los policías tengan zonas asignadas en cuadrantes relativamente pequeños, donde sean conocidos y queridos por su población. Para fortalecer ese acercamiento se ha hecho un renting (con seguro, mantenimiento y reposición) para contar con 900 “patrulleros de mi barrio” en Lima y Callao, justamente para las pequeñas calles en donde nunca llega un patrullero grande y en donde debe convertirse en el referente de la población del lugar (por supuesto, también geo referenciado como los demás).

Los mil y un problemas que hay en el Estado para poner en práctica las cosas hicieron que yo no pudiera ver el lanzamiento de estos vehículos, pero espero que esto se concrete en los próximos meses. Igualmente, el renting de 370 vehículos nuevos para investigación criminal, algo inédito en la historia de la Policía.

Toda esta estrategia está diseñada y financiada para ser extendida a todos los barrios de las ciudades importantes del país, con tasas medianas y altas de criminalidad. Confío en que no se pierda el impulso, porque esto puede cambiar significativamente la vida cotidiana de las personas en esos barrios y, por supuesto, mejorar significativamente la imagen de la Policía.

Pero hay un tercer nivel que son los barrios extremadamente peligrosos, lo que se llama las zonas rojas. Lugares donde la Policía tiene poco acceso y toda la población termina siendo estigmatizada como delincuencial, cuando muchos de ellos son también víctimas de la vida criminal de una parte de sus habitantes.

Enfrentar este problema frontalmente era la apuesta más audaz, algo que nunca se había intentado en el pasado, pero decidimos embarcarnos en ello. Identificamos 100 barrios críticos en diferentes ciudades del Perú de entre 10,000 y 20,000 habitantes cada uno, en base a altas tasas de victimización, altas tasas de homicidios y concentración de población penal proveniente de esos lugares.

Para ellos diseñamos nuestro ambicioso y quizás emblemático programa, Barrio Seguro, que consiste en una intervención especial de la Policía para combatir la vida criminal y crear un espacio más propicio para que se apliquen estrategias de policía comunitaria. Pero, a la vez, una estrategia multisectorial de darle oportunidades especiales a poblaciones vulnerables para tratar de generar en ellas un clima de convivencia pacífica y esperanza.

Es una apuesta de mediano plazo que incluye alianza con alcaldes comprometidos con esa lógica que requiere la intervención multisectorial del Estado. Por mencionar sólo algunos de los aliados de este programa en otros sectores del gobierno están las estrategias de lucha contra la violencia a la mujer del ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, programas de empleo temporal para jóvenes del ministerio de Trabajo, programas de pobreza urbana del ministerio de Inclusión Social, beca segunda oportunidad del Ministerio de Educación, programas de fomento al deporte del IPD y el programa integral de mejora de barrios del ministerio de Vivienda.

Todo lo anterior es más fácil de diseñar que hacer, pero a diciembre del 2017 habíamos avanzado ya con la instalación del programa en 23 barrios en Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Ancash, Lima provincias (norte chico y sur chico), Ica, Tacna, Cusco, Puno y Ayacucho. Cada barrio tiene un coordinador in situ a tiempo completo, un comisario especialmente seleccionado y capacitado para esta estrategia de trabajo, así como un seguimiento especial desde la alta dirección del Ministerio del Interior.

Para el 2018 está previsto el lanzamiento del programa en 27 barrios adicionales con las mismas características llegando a los 50 y la meta para el 2021 es de 100 Barrios Seguros a nivel nacional, con lo cual aproximadamente un millón y medio de personas tendrían este tratamiento “privilegiado”.

El proyecto tiene todas las condiciones para continuar. Tiene una concepción clara, líneas de base para el análisis de resultados a futuro, experiencias concretas sobre las que ir midiendo aciertos y errores, financiamiento tanto gubernamental como de un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo, así como compromisos y obligaciones de los sectores de focalizar sus programas en estos barrios.

Habrá siempre cosas que cambiar y ajustar en el camino, con creatividad y buena voluntad. Quizá la barrera más importante es la limitada comprensión de algunos sectores en el ministerio y la Policía que creen que Barrio Seguro es lo mismo que Vecindario Seguro, una estrategia policial de patrullaje en cuadrantes en alianza con los serenazgos es que es interesante y útil, pero que no tiene nada que ver con lo que estamos hablando; a saber, la estrategia más importante y ambiciosa de prevención de la inseguridad que creo, sin falsas modestias, se ha impulsado hasta ahora en América Latina.

Me comprometo a estar muy vigilante para garantizar que este esfuerzo no se detenga, ni se distorsione. Hay mucho juego.


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