(EDITORIAL): Que viva la papa importada
Opinión
FUENTE: Andina

2018-01-11 07:00:00

Altavoz 

Quienes todavía dicen que el Estado debe fomentar la industria nacional y ese tipo de cosas, no han entendido que el propósito de una economía es que la gente viva mejor, no que los empresarios ganen más plata impidiendo que los consumidores compren a la competencia extranjera.


Esta semana, los productores de papa de Andahuaylas, Ayacucho, Huancavelica, Huancayo, Junín, Tarma, Huánuco, Arequipa, Cusco y La Libertad, iniciaron un paro de 72 horas para exigir al gobierno de Pedro Pablo Kucyznski que combata el bajo precio de la papa e intervenga la comercialización de este tubérculo porque no están pudiendo vender sus cosechas. Según Víctor Chirinos, secretario general del gremio agro-ganadero de Arequipa, si los productores de papa no venden sus cosechas en dos meses, perderán su capital de trabajo.

Para los productores de papa y algunos otros desinformados, el gran culpable de este mal es la papa importada que se consume en algunos locales como las pollerías. La solución "lógica", nos dicen los mercantilistas, es incrementar los aranceles de la papa importada para que su precio aumente y no obligue a los productores a mantener un precio que hoy es un tercio de lo que alguna vez fue.

El problema con este argumento tiene dos niveles. Uno empírico y el otro moral. El empírico es que es falso que el precio de la papa se haya ido al piso por la importación. De hecho, la importación de papa se ha reducido en el último año. Si en el 2016 se importaron 34 mil kilos de papa, en el 2017 este número cayó a 32 mil. Más aún, en el 2015 el volumen de papa importada fue similar, ya que se importaron 28 mil kilos, por lo que no se puede hablar de un incremento repentino. Y por si esto fuera poco, el porcentaje de papa importada representa menos del 1% de la producción nacional: difícil que pudiese tener un efecto tan importante.

En realidad, la explicación de por qué el precio de la papa ha caído está en las propias declaraciones de los productores de papa. Si ellos no pueden vender sus papas es porque están produciendo (bastante) más de lo que el mercado necesita: deberían cultivar otros alimentos. Aún si se eliminara ese minúsculo porcentaje de papa importada seguiría existiendo un exceso de oferta que llevaría los precios a la baja, de la misma manera que hace un tiempo pasó con el precio de la quinua.

El argumento más importante a favor de la importación de papa, sin embargo, no es que no sea la causa de la caída del precio del tubérculo andino. De hecho, si una mayor importación fuera la causa de la caída del precio de la papa tendríamos todavía más razones para defenderla. Y es que, vista desde el punto de vista de los consumidores, una reducción del precio de un alimento que forma parte de la canasta básica familiar de los peruanos debe ser siempre motivo de alegría.

No nos olvidemos de que en el Perú todavía un 20% de personas vive en la pobreza y ahorrar unos cuantos soles más al mes puede ser significativo para sus vidas. Después de todo, menos dinero gastado en papas es más dinero para comprar otros alimentos o mejorar sus viviendas. En otras palabras: mayor calidad de vida para los más pobres.

Quienes todavía dicen que el Estado debe fomentar la industria nacional y ese tipo de cosas, no han entendido que el propósito de una economía es que la gente viva mejor, no que los empresarios ganen más plata impidiendo que los consumidores compren a la competencia extranjera. Si queremos una economía que sirva a la gente y no solo a los grupos de interés, entonces debemos abrir nuestras fronteras a la importación de todo tipo de productos. Los aranceles no son más que el privilegio de unos pocos.


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