Control Z: María Elena Moyano, hoy
Control Z
FUENTE: Ilustración: María Fernanda Valenzuela

2017-12-01 11:03:06

Control
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La ‘Madre Coraje’ María Elena Moyano dejó su vivo recuerdo en toda una población. Tras su repentino asesinato por Sendero Luminoso, grupo terrorista al que ella se oponía abiertamente, muchas instituciones se crearon para continuar su legado. Hoy en día estas agrupaciones se encargan de que las futuras generaciones conozcan más sobre la historia de una heroína internacional.


Por Elizabeth Lama (Ctrl Z)

Villa El Salvador (VES) fue el distrito que vio crecer a María Elena Moyano, el arenal en la periferia sur de Lima donde ella desarrolló su lucha por una vida mejor. También fue la tierra que la vio morir por sus ideas. No obstante, a 25 años de su asesinato, en las calles de VES ya no hay exacerbación popular, y sus antiguos moradores aseguran que la autogestión comunitaria que hizo famoso a su distrito, en la década del setenta y el ochenta, ya no se da.

“Antes la gente solía preocuparse, pero desde que hubo una alcaldía, en 1984, los vecinos creen que todo lo hacemos nosotros. Ya no hay participación ciudadana”, comenta preocupado José Rodriguez, administrador del Centro de Comunicaciones del Instituto María Elena Moyano, y viejo compañero de ella en el partido Izquierda Unida donde ambos militaban.

Si bien VES te recibe con los brazos abiertos, el candor de los moradores no impide obviar sus zonas descuidadas; por ejemplo, paredes pintadas con el número de algún candidato de la última campaña electoral o las paredes de ladrillos sin tarrajear, a la vista de todos. Sin embargo, esta falta de ornato cambia en el sector tres, lugar donde los colores saltan a la vista por las manos de artistas desconocidos que dibujan una sola cara, la de María Elena Moyano.

Uno de los graffitis pintado en la UTEC por la Brigada Muralista en febrero del 2017 en conmemoración a la muerte de María Elena Moyano. Es uno de los pocos que se mantiene. (Foto: Sandra Vásquez)

Distintos grafitis adornan las zonas aledañas a las organizaciones que tienen su imagen como bandera para luchar por la cultura, por los más pobres y por la unión de la comunidad. Algunos de estos murales permanecen intactos, otros han sido borrados, y uno desafortunado ha sido víctima de un bromista que le dibujó bigotes. Esta pequeña profanación de un símbolo de VES da para la reflexión: si la lucha de María Elena continúa, ¿está perdiendo la batalla?

De repente entre los más jóvenes no es tan recordada, pero actualmente diversas instituciones como Arenas y Esteras, el Centro de Equidad María Elena Moyano y Amigos de Villa mantienen viva la imagen de María Elena, continuando con las actividades que ella realizaba y contando su historia.

LA MUJER A LA QUE SENDERO TEMÍA

La vida de María Elena es muy conocida. Era una joven activista que se levantó para luchar por su comunidad y en su camino empoderó a los ciudadanos para que no le tuvieran miedo a nada. Fue exactamente esa valentía la que le adjudicó enemigos poderosos y violentos como Sendero Luminoso

Desde muy temprano, Moyano demostró su capacidad de liderazgo y su empatía con la comunidad. “Ella era una persona muy carismática, muy amable. Cuando había algún problema la buscaban a ella para resolverlo, y si no la buscaban ella iba y lo solucionaba”, recuerda Mirna Rivera, amiga y ex colega de María Elena.

Federación Popular de Mujeres de Villa El Salvador (FEPOMUVES), organización en la que María Elena fue directora y cuyo más grande logro fue la promulgación del vaso de leche para cada sector. (Foto: Sandra Vásquez)

Moyano se identificó con la izquierda política de VES y fue allí donde hizo grandes amigos como Luis Villavicencio, actual abogado de la Municipalidad. También conoció a José Rodriguez, a quien llamaban ‘Yoni’ cariñosamente. Con este último, burgomaestre de VES de 1990 a 1992, llegó a ser teniente alcaldesa por segunda vez.

En este período municipal fue asesinada.

El 14 de febrero de 1992, Sendero Luminoso convocó a un paro armado –método intimidatorio bajo amenaza de muerte para quien no lo acate– en todo el país, y en específico en VES. Por esos días, los amigos cercanos de María Elena, como Michel Azcueta, le aconsejaron que buscase refugio fuera del Perú, o que cumpliese con disciplina los dictámenes para su seguridad en Lima.

“Yo ya había tenido atentados como la bomba que pusieron en mi casa. Ella debía irse, pero al ir a esa fiesta rompió el protocolo”, señala el ‘Gato’ Azcueta, mientras niega con la cabeza, quizás renegando o lamentándose por una historia que ya no puede cambiar. El también ex alcalde de VES añade: “Fue un momento duro, tal vez el más difícil que me ha tocado vivir en toda mi vida”.

El paro armado no amedrentó a María Elena, quien se reunió junto a un grupo de mujeres en el parque industrial para instar a las personas a no acatarlo. Una verdadera afrenta a Sendero Luminoso.

MALAS NOTICIAS

El 15 de febrero, Luis Villavicencio viajó a Ica por protección. Se encontraba a unas horas de casa, con unos amigos, cuando se enteró de la muerte de María Elena por las noticias. Mientras tanto, ‘Yoni’ estaba convirtiéndose en el padrino de una promoción escolar. El evento recién había finalizado cuando un compañero suyo llegó a contarle lo sucedido. A su vez, Michel Azcueta se encontraba en Miraflores, esperando a María Elena, con quien ya había pactado una reunión.

Pasaron las horas, pero Moyano nunca apareció.

Una sola frase causó la misma reacción en estas personas: María Elena Moyano está muerta. Sin pensarlo, los tres enrumbaron hacia VES para reencontrarse con su amiga por última vez. “Fue terrible”, es lo único que dice Villavicencio para describir lo sucedido.

Ese día, por la mañana, María Elena había estado con sus hijos en la playa de VES. “Estábamos mi mamá, mi hermano, un primo y yo”, recuerda David Pineki. Moyano ya no vivía en VES por seguridad, así que estas visitas se las dedicaba totalmente a sus hijos. Las horas pasaron entre juegos y risas. Hasta aquí, Moyano cumplió con el plan de seguridad. Sin embargo, cuando pasó cerca de una pollada se bajó del auto junto a sus hijos –algo que no debía hacer– y le dijo al chofer que la resguardaba: “voy a saludar nomás”.

A las cinco de la tarde, un grupo de diez terroristas irrumpieron en la reunión a la que había entrado Moyano. Aterrados y confundidos, David y Enrique obedecieron las órdenes de su madre, quien les pidió tirarse al suelo y alejarse de allí.

María Elena sabía, cuentan sus amigos, que estaba a punto de morir.

Dos disparos, uno en el pecho y otro en la cabeza, acabaron con su vida. No satisfechos con su asesinato, los terroristas le pusieron cinco kilos de explosivos en el pecho y dinamitaron su cadáver. 

Tumba simbólica de María Elena Moyano ubicada en el cementerio Cristo Salvador. Es la única que tiene un monumento y es una de las más grandes. (Foto: Sandra Vásquez)

“Cuando llegué, me dijeron ‘María Elena ya no está’”, comenta ‘Yoni’ Rodriguez, quien fue uno de los primeros en regresar a VES. “Yo no entendía: ¿se referían a que se habían llevado su cuerpo? Igual entré. Había pedazos de ella en las paredes”. ‘Yoni’ se quiebra, solloza un poco mientras trata de calmarse y oculta su rostro tras sus manos.

Luis Villavicencio lo recuerda igual, y todas las personas que acudieron a ver a su vieja amiga se encontraron con lo mismo: literalmente con sus restos. “En cinco días iba a viajar a España con sus hijos. Ya lo tenía previsto”, apunta Azcueta.

Su lucha constante y sus ideales no fueron los que acabaron con ella. Tampoco fue su descuido al romper el protocolo. Fue Sendero.

“Yo por muchos años viví resentido. No quería ir al Perú. No entendía por qué mi madre tuvo que dar la vida por la gente. No lo entendía. Sólo 20 años después me reencontré con ese pasado y lo comprendí”, cuenta David Pinaki, a quien la muerte de su madre afectó doblemente: ese día coincidió con su cumpleaños. 

LA ‘MADRE CORAJE’ SIGUE VIVA

Solo unos días después del multitudinario entierro de Moyano, Sendero Luminoso quiso enviar un mensaje a VES y así terminar para siempre con la imagen de María Elena. Los vecinos comentan que fueron dos o tres sujetos quienes instalaron la dinamita que hizo estallar su tumba. 


Entierro de María Elena en Villa El Salvador. No se tenía prevista la llegada de tantas personas así que se realizó una caminata hacia el cementerio. (Foto: Amigos de Villa)

Pero en vez de asustarse, la población se molestó. Amigos y organizaciones –de las que Moyano había formado parte– se movilizaron y se rebelaron contra Sendero Luminoso. En este contexto, muchas organizaciones la acogieron como símbolo para replicar su labor dentro de sus comunidades. Los vecinos de Arenas y Esteras fueron de los primeros en juntarse para pelear contra el terror.

“A raíz de la muerte de María Elena, los padres ya no querían que sus hijos fueran a los colegios. A nosotros nos convocaron dirigentes para animar a los grupos residenciales con juegos y festivales para contrarrestar el miedo”, comenta Arturo Mejía, director de la institución.

Antes de Arenas y Esteras, Arturo Mejía y sus compañeros ya realizaban labores culturales, y conocieron a María Elena en una chocolatada. “Cada vez que yo veo una madre en VES la recuerdo a ella. Una mujer de a pie y común pero luchadora”, dice él.

Arena y Esteras está ubicada en la avenida Talara con 200 millas, y brinda cursos de teatro, pasacalle, clown y pintado de murales. Al año, más de cien jóvenes de seis a 15 años pasan por esa experiencia que les permite desarrollarse en un ámbito diferente al escolar. La casa que los alberga también tiene una sección de cuna donde las madres pueden dejar a sus hijos pequeños mientras ellas realizan actividades.


Arenas y Esteras es una agrupación que brinda talleres culturales a niños, jóvenes y madres de Villa El Salvador. (Foto: Arenas y Esteras)

Generalmente, los jóvenes que llegan a Arenas y Esteras sí saben quién fue María Elena, pero desconocen el trasfondo de su historia. No han interiorizado lo que ella significó para toda una población. “La casa tiene el objetivo de hacer conocer la historia de VES, los valores y a María Elena”, comenta Arturo.

Otra de las agrupaciones que mantiene vivo el recuerdo de esta líder es el Centro de Equidad María Elena Moyano. Curiosamente, este grupo no se fundó en VES, ni tiene su oficina central allí. El proyecto nació en Trujillo por el deseo de un grupo de jóvenes de erradicar las desigualdades sociales. Su sede se ubica en Surquillo.

“Nosotros elegimos el nombre porque queríamos algo muy representativo. Su forma de actuar con el pueblo y su liderazgo en un escenario muy complejo son muy importantes para nosotros”, comenta Madeleine Ramírez, directora de la agrupación.

Su trabajo consiste en brindar charlas, pero cuando llegan a un lugar nuevo lo primero que hacen es presentarse y presentar a María Elena. “A veces cuando vamos a una comunidad nos dicen ‘ahí llegan los Moyanitos’ y los niños me preguntan ‘¿usted es la señora María Elena?’, y es allí cuando les explicamos”, rememora Madeleine con una sonrisa. Su trabajo la apasiona y la imagen de María Elena la impulsa.

A través de este tipo de instituciones, Moyano sigue luchando.

Otra asociación es Amigos de Villa, conformada por el primer grupo de izquierdistas que llegó a VES, entre ellos Michel Azcueta y Elena Regalado, ex compañeros de María Elena. Este no es sólo un grupo político integrado por personas que critican abiertamente al actual alcalde de VES; también fueron –son– amigos de María Elena, por lo que mantener viva su memoria es un deber para ellos.

“Yo soy amigo de la familia desde hace años. [A Moyano] La conocí porque éramos vecinos en el sector 18”, cuenta Michel Azcueta, quien visita la tumba simbólica de María Elena cada primero de noviembre, día de los muertos.

Una de las acciones que realizan conjuntamente con Arenas y Esteras, en honor a María Elena, es el recorrido por su casa, tumba y monumento en conmemoración al aniversario de VES. En cada oportunidad que hay para celebrar un hecho referente a este distrito se tiene presente la imagen de María Elena.

MARÍA ELENA HOY

En vida, María Elena tocó el corazón de muchas personas. No solo con su militancia política y su lucha social, sino también con su personalidad. Como madre, sus amigos la recuerdan abnegada y muy dedicada a sus hijos, pese a que muchas veces tenía que estar lejos de ellos por seguridad.



María Elena Moyano no solo era recordada como una dirigente, sino también como una amiga y compañera divertida. (Foto: Amigos de Villa)

“Yo sentía que estaba muy poco con nosotros”, comenta David Pineki, quien tardó en entender cuál era la motivación de su madre y por qué a veces no podía pasar más tiempo con ellos, tal y como hacían sus amigos con sus madres. “Recuerdo una vez que mi hermano y yo queríamos ir a un evento, pero ella, que era muy estricta, no quiso. Cuando nos rebelamos y nos escapamos nos reprendió mucho”, cuenta entre risas David.

Los amigos de María Elena también evocan aquellas épocas en que ella dejaba por un momento la lucha y era solo una mujer que se divertía en fiestas.

“Le encantaba bailar y cantar. Cantaba muy bonito”, recuerda Mirna mientras sonríe y mira al vacío. “Una vez estábamos en una fiesta. Algunos hombres no querían bailar y ella dijo ‘yo no tengo ningún problema de empezar a bailar sin hombres’”, Mirna se ríe y asegura que María Elena afianzó en ella ese deseo de ser una mujer fuerte y luchadora.

En otra ocasión, ‘Yoni´ acompañó a su esposa a esas reuniones donde María Elena era el alma de la fiesta. “Era una mujer seria cuando debía serlo, pero también muy divertida”, dice.


María Elena junto con amigos de la comunidad en un evento de inauguración en Villa El Salvador (Foto: archivo personal)

Esa noche, un poco timorato, ‘Yoni’ rechazaba las propuestas para bailar. “No me gustaba bailar. No sé hacerlo”, comenta. Pero María Elena no esperaba a nadie cuando de bailar se trataba: jaló a la esposa de ‘Yoni’ y bailó con ella.

Moyano era una mujer a la que casi nadie le podía decir que no, concuerdan sus amigos. “Estábamos en una fiesta de la comunidad. Eran las dos de la mañana y ya era tarde. Le dije a mi esposa ‘vámonos porque se va a poner peligrosa la calle’. Justo en ese momento llegó María Elena. Le decíamos ‘Negra’. Entonces me dice ‘Gordo, ¿a dónde vas?’. Yo me quise ir, pero ella no me dejaba. Bailamos toda la noche hasta que me escapé”, cuenta Luis Villavicencio, mientras asiente como un autómata capturado por su memoria.

Intempestivamente, la sonrisa con la que el ‘Gordo’ siempre habla desaparece y con mucha seriedad acota: “Esa fue la última vez que la vi”.

Lo que queda de María Elena para sus amigos y familiares son solo sus recuerdos, anécdotas divertidas, momentos difíciles y tensos, y una imagen que parece imborrable. Tal vez por ello muchos forman parte de las organizaciones que hoy mantienen su legado.

“Si María Elena viera como está Villa El Salvador, no estaría contenta”, comenta Michel Azcueta, quien no es el único que parece molesto por la actual gestión de la alcaldía de dicho distrito. Todos los amigos de María Elena creen que se ha perdido un empoderamiento entre los vecinos que los hacía actuar. Pareciera que les falta una líder, como ella, que los guíe con valentía.

“Es de esas mujeres que solo existen una vez en la vida”, dice convencido su hijo David Pineki. Es cierto. María Elena movió multitudes y se enfrentó a aquellos que causaban el más grande terror en aquella época. Si bien hoy no existe un mal tan grande como Sendero, aún hay mucho por hacer en VES. Y lo mucho por hacer se está haciendo en su nombre.

Dicho de otra manera, eso es lo que ella, aun muerta, continúa haciendo.


Diversas organizaciones pintan murales todos los años sobre María Elena. Cada uno representa lo que ella le ha dejado a la comunidad. (Foto: Getty Images)


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