Control Z: César Hildebrandt o la dualidad moral de un ídolo
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FUENTE: Difusión

2017-11-24 10:30:32

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El periodista César Hildebrandt fue considerado héroe por la sociedad peruana cuando renunció en vivo a su programa Enlace Global en 1998. Este hecho simbolizó la resistencia de un sector de la prensa a subordinarse ante los intereses de los dueños de los medios de comunicación. Sin embargo, los amplios matices en la personalidad de Hildebrandt lo revelan hoy como alguien que también ha caído en eso que detestaba.


Por Elizabeth Lama


Fuente: difusión

César Hildebrandt está desaparecido de la televisión. Uno de los periodistas más reconocidos de nuestro país, quien fuera rey de los programas periodísticos nocturnos, se borró de las pantallas para refugiarse en la palabra escrita.

¿Cuándo fue la última vez que vimos a César Hildebrandt despedazar a un entrevistado en televisión nacional? ¿Cuándo fue la última vez que lo vimos renunciar en vivo? ¿Cuándo fue la última vez que lo despidieron de un programa? Porque, siendo sinceros, todo esto lo ha hecho más de una vez.

Con un récord de dos renuncias en vivo, 15 programas de los que fue despedido, incontables entrevistas que generaron polémicos titulares, los peruanos hoy sentimos su ausencia.

Si antes eran los televidentes quienes observaban todo lo que Hildebrandt hacía y decía, ahora es él quien nos observa, vigilante desde su oficina en el semanario que dirige, tal vez a la espera del momento adecuado para hablar de lo que no le gusta y, sobre todo, despotricar sobre quienes no le agradan. 

Pese a su baja estatura –no en vano le decían ‘Chato’–, Hildebrandt nunca ha sido un hombre de tránsitos desapercibidos. Desde sus inicios en Caretas hasta su llegada a la televisión con el programa Testimonio, todo aquel que ha trabajado con Hildebrandt tiene anécdotas que relatan lo maravilloso y al mismo tiempo difícil que es tratar con uno de los más destacados –y acaso legendarios– periodistas de nuestro país.

LA RENUNCIA

Lluvia de millones es una frase que nos recuerda a César Hildebrandt. Corría el año 1998, casi a finales del segundo gobierno de Alberto Fujimori. La sociedad peruana se encontraba en uno de los momentos más críticos de su historia. La incertidumbre no sólo acechaba por parte de grupos terroristas, sino también a manos de un Gobierno desestabilizado que buscaba su permanencia a toda costa.

Las marchas y los movimientos sociales contra medidas políticas y económicas eran comunes, así que el régimen ideó una especie de estrategia publicitaria: dueños de canales, periodistas, nuevos diarios, todos serían la nueva fachada encargada de mostrar lo mejor del presidente de la República y de desprestigiar continuamente a sus opositores. Así, Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos compraron la línea editorial de algunos medios de comunicación como Panamericana y masificaron la creación de “diarios chichas”.

En aquella época, César Hildebrandt conducía el noticiero más largo emitido en la historia de la televisión nacional, a través del canal 13. Un solo programa de cinco horas puede sonar abrumador y hasta aburrido para cualquier televidente, sin embargo, Hildebrandt supo cómo cautivar a la audiencia, convirtiéndose en uno de los programas estelares en la televisión peruana. Junto a un equipo de primera, conformado por Guido Lombardi, Lucero Sánchez, Alberto Beingolea, Carlos Espá, Pedro Salinas y Roxana Canedo, el programa Enlace Global con Hildebrandt se hizo líder de su horario, satisfaciendo al dueño del canal 13, Genaro Delgado Parker.

La relación entre Hildebrandt y Genaro no era de amistad, pero sí de respeto. Al menos en sus inicios. Tal como relata el periodista Hugo Coya en su libro Genaro, Hildebrandt dejó su anterior trabajo en ATV cuando, un domingo por la tarde, mientras disfrutaban de un almuerzo en casa del empresario, este le ofreció un espacio en su canal.

Pero no pasaría ni un año para que el periodista decida terminar su nuevo contrato de una manera muy abrupta, con una escena que se hizo clásica instantáneamente.

¿Qué pasó realmente?

Según Coya, los problemas comenzaron el viernes 27 de noviembre de 1998, cuando César Hildebrandt sacó los trapos sucios del canal en su noticiero. Genaro Delgado Parker había empezado a incumplir los contratos que tenía con sus empleados, y muchos se quejaban del retraso en los pagos, lo cual no pasó desapercibido para Hildebrandt.

Con el olfato periodístico del que aún se jacta y que muchos le atribuyen, el periodista vio una historia y una oportunidad en todo este problema. Ciertamente, pocos se atreverían a meterse en un lío con su jefe, mucho menos con el dueño de la empresa en la que trabajan, pero eso no era algo que a él lo detuviera.

Ese viernes Hildebrandt habló sobre Genaro en su programa. Como siempre, no se calló nada y todo el Perú se enteró de que el dueño de uno de los canales más importantes del país no les pagaba a sus trabajadores. Delgado Parker, indignado por haber quedado como un tacaño ante el país, sancionó al periodista: el lunes 30 de noviembre su programa no salió al aire, y en su lugar se transmitió un concurso de belleza.

Como era de esperarse, Hildebrandt no se quedó de brazos cruzados y exigió explicaciones. En el canal, los productores le aseguraron que las razones fueron totalmente comerciales y que el concurso de belleza les generaba más dinero.

Quizás los graves problemas económicos que atravesaba el canal 13 terminaron por tranquilizar a Hildebrandt, quien decidió no hacer más problemas por lo sucedido.

Sin embargo, el martes 1 y el miércoles 2 de diciembre el programa tampoco se emitió. Rápidamente, los productores le explicaron a un asombrado Hildebrandt que había problemas en el Morro Solar, lugar en el que se encontraba el transmisor de Red Global.

Esta vez las razones no apaciguaron su molestia, así que hizo lo que todo buen periodista al sospechar de alguien: se puso a investigar.

En una columna que Hildebrandt escribió tras el fallecimiento de Genaro Delgado Parker, el periodista cuenta que le pidió a su sobrina Mariella Patriau –reportera del canal– que se dirigiese al Morro Solar para averiguar lo que sucedía.

Horas después, Patriau le confirmaría a su tío lo que él ya se imaginaba: no había ningún desperfecto con la antena del canal. ¿Genaro lo estaba censurando?

César Hildebrandt no es solo un hombre sagaz, sino también temperamental. Solo hay que escribir su nombre en YouTube para encontrar una serie de grabaciones que muestran los momentos más polémicos que ha protagonizado en la televisión peruana. Algunos son más recordados que otros, pero lo que sucedió el 2 de diciembre en Enlace Global marcó un precedente: Hildebrandt no le tiene miedo a nada.

Ese miércoles por la tarde, el periodista decidió convocar a diferentes medios para que lo acompañaran en su programa, el cual se emitía desde los estudios Astros de San Borja. A todos se les aseguró que se haría una revelación importante, y si Hildebrandt estaba involucrado entonces tenía que ser algo realmente bueno.

Lo que pasó aquella noche se puede ver en videos que han quedado para la posteridad como símbolo de rebelión para los jóvenes que se aventuran en el periodismo.

César Hildebrandt inició su programa muy fiel a su estilo. Puntual, bien peinado, con un terno beige a juego con su corbata, sentado en posición recta y con la mirada fija en la cámara. Sin miedo. Poco a poco los presentes se dieron cuenta de que el periodista no analizaría el escenario político como solía hacerlo a diario. No. Sin rodeos, Hildebrandt dio rienda suelta a todas las quejas que tenía contra su jefe, Genaro Delgado Parker.

Habló de una censura, habló de programas grabados y habló de la influencia del Gobierno en el canal. Todos –en sus casas y en el set– estaban ansiosos y a la expectativa de cuál sería el desenlace de esta historia. Gustavo Delgado Cafferata, hijo de Genaro y gerente de Astros, intervino a mitad del programa y paulatinamente calmó al periodista. Cuando Hildebrandt mandó a comerciales, alguien alertó de lo sucedido a Genaro Delgado Parker, quien estaba en Miami.

Enojado, Genaro telefoneó al canal.

Hugo Coya, por esos días gerente de prensa de Enlace Global, recuerda que la productora trató –en la medida de lo posible– de no pasar la llamada. Pero cuando Hildebrandt supo que Delgado Parker estaba en la línea, le pidió a su producción que pusiera al aire la comunicación con Genaro.

Aunque en mala calidad, las imágenes de Internet muestran la segunda parte del programa. Hildebrandt, muy decidido, anuncia el enlace con Delgado Parker.

Para ese momento, Hildebrandt ya había dado un paso irreversible: había denunciado una supuesta censura –en vivo y en directo para todo el Perú– en plena dictadura fujimontesinista.

–Genaro, adelante por favor – dice el periodista.

–Son absolutamente ridículas tus expresiones (…) La estación puede poner o sacar el programa cuando quiera sin dar ninguna explicación. Tú eres un contratado de la empresa y tienes que someterte a los dictados de su decisión.

 

Luego de estas severas palabras, Genaro negó categóricamente una posible censura, respaldó en todo momento a su hijo Gustavo y calificó de ingrato a Hildebrandt, pero el periodista no se quedó callado.

–Los televidentes se habrán dado cuenta de cuál es la personalidad verdadera del señor Genaro Delgado Parker. Yo soy su vasallo, yo soy su empleado, yo soy una pieza intercambiable, un comodín de su ajedrez de poder y de dinero. Él hace lo que le da la gana y yo tengo que someterme. Él tiene el dinero, él tiene el poder y yo soy un asalariado que tengo que callar. El zar de las comunicaciones muestra su verdadera cara.

–Esa es otra insolencia suya.

–La gente se dará cuenta.

–Sí, se dará cuenta.

–Bueno, lanza tu candidatura nomás.

–¡Y tú defiende Tiwinza, Genaro!

Fin de la llamada. Hildebrandt mantiene la tranquilidad antes de mandar a corte. La gran pregunta durante toda la tanda comercial es: ¿el programa continuará o lo sacarán del aire? Los camarógrafos seguían asombrados por lo que acaban de presenciar. ¿Quién se atrevería a hablarle así a su jefe y en la televisión? Bueno, César Hildebrandt.

El ambiente fuera del set no era menos difícil de manejar. Llamadas constantes. Todos querían saber qué estaba sucediendo en el interior de Astros. Hugo Coya recuerda cómo entró varias veces al switcher y cómo iba enterándose de lo que ocurría detrás de cámaras. “Genaro llamó a Gustavo y le dijo ´defiéndeme´”. Pero este pedido no fue acatado de inmediato. Hildebrandt tenía mucho por decir.

De vuelta al programa, Hildebrandt optó por burlarse de la situación. “Creyó que me iba a paralizar. Lluvia de millones, lluvia de millones”, agudizó la voz, mientras de fondo se escuchaban las risas anónimas en el set.

Desatado por la euforia de haberse enfrentado a su jefe y con la adrenalina corriendo por sus venas, Hildebrandt comenzó a detallar los motivos que le valieron la censura. En simultáneo, presentó unas encuestas en las que la opinión pública ya no favorecía a Fujimori, y advirtió que el canal 13 estaba bajo el control del Gobierno.

La toma final deja ver a Gustavo acercándose a la mesa de conducción para hablar con Hildebrandt. El periodista, visiblemente enojado, no acepta entablar ninguna conversación. Ni siquiera lo mira cuando le dice:

–Si tú quieres quedarte, te quedas (…) Después de lo que ha dicho su padre, lo siento, pero yo me retiro.

 

Este programa tuvo un rating muy alto para su época, con picos superiores a los 50 puntos, y consolidó la imagen de Hildebrandt: el periodista incorruptible.

Pero esta no fue la única que vez que Hildebrandt renunció para Genaro o para algún otro medio. En el 2001, el periodista regresaría a trabajar con Delgado Parker y repetiría el plato al renunciar a su programa El especial de Enlace Global. ¿El motivo? Los escándalos que vinculaban a Genaro con Vladimiro Montesinos.

Las razones por las que volvió a trabajar para Delgado Parker no se conocen a ciencia cierta. Aunque el hecho es mencionado vagamente la biografía de Genaro, Hugo Coya no da una explicación al respecto. Entonces nos queda la duda de cómo actúa realmente Hildebrandt. Y una vez más nos desconcierta.

En el 2009, sería Ricardo Belmont quien se enfrentaría al periodista luego de que este renunciara a su programa Hildebrandt a las 10, que se transmitía por RBC.

Quizás por este historial de renuncias, Hildebrandt está desaparecido de la televisión.

UNA FACETA POCO CONOCIDA

De la disputa con Genaro han pasado 19 años, pero Hildebrandt todavía es una especie de héroe para muchos. Trabajadores disconformes afirman seguir su ejemplo de renunciar a un jefe maltratador, y jóvenes periodistas lo miran como ícono de un periodismo que no se arrodilla ante nadie. Sin embargo, quienes lo conocen y han trabajado con él pueden dar fe de su otra faceta.

Luego del altercado con Genaro Delgado Parker, Hildebrandt transitó por algunos programas antes de darse cuenta de que solo era capaz de trabajar para sí mismo. Entonces fundó su semanario Hildebrandt en sus trece, una publicación que él mismo aseguró que “no se casa con nadie”.

La figura del periodista que no se vende impulsó al ilustrador peruano Álvaro Portales a buscar trabajo en su nuevo proyecto.

“Quien me facilitó el contacto fue su hija Pía Hildebrandt”, comenta Álvaro. “Yo le pregunté cómo podía contactar a su papá porque quería trabajar en su revista. Él no tardó mucho en llamar a mi celular. Estaba muy entusiasmado con la idea de que yo participara. Se expresó muy bien de mi trabajo. Ya me conocía”, asegura.

El ilustrador ya había sido censurado en Perú21, así que se sentía entusiasmado por colaborar con un medio que le prometía absoluta libertad creativa. Además, trabajaría con una leyenda como Hildebrandt. “Yo vi cuando renunció en vivo. Es ejemplar, es estimulante”, recuerda con emoción. Por ello, Portales no dudó en enviar sus trabajos semana a semana, incluso sin conocer cara a cara a su empleador.

“Siempre nos comunicábamos por teléfono, yo nunca lo vi. Así es con muchos de sus colaboradores”, comenta con tranquilidad. Álvaro es un hombre que prefiere trabajar desde su casa y nunca se molestó en reunirse con César. Aparte, él tampoco lo sugirió.

En el tiempo que trabajó para el periodista, fueron pocas las veces que Portales compró el semanario. Y fue una decepcionante sorpresa el enterarse de que el mismo Hildebrandt –el paladín contra la censura– lo había censurado a él.

“Me di cuenta cuando fui a cobrar mi cheque y no me habían pagado por una ilustración. Me dijeron que no la habían publicado, pero nunca me explicaron por qué”, cuenta Portales. Desconcertado y molesto, el ilustrador dejó de colaborar con el semanario. “No me sorprendió. Él ahora es un empresario y se debe a su público”, sentencia.

Dibujos contra la Iglesia Católica de Portales no fueron publicados en el semanario de César Hildebrandt.

A pesar de este problema, Álvaro colaboró otra vez con el semanario un año después, obviando el malestar anterior. De esa segunda etapa con Hildebrandt recuerda que el periodista le pidió que no sacara una ilustración de un Fujimori demacrado por miedo a lo que dirían sus lectores.

Sin embargo, lo que más recuerda es que fue nuevamente censurado. La editora le aseguró que hablaría con César Hildebrandt al respecto y que le respondería lo más pronto posible. “Hasta ahora no me llama”, Álvaro comenta divertido. Unas semanas después, escribió una carta abierta –sobre lo ocurrido– que recibió apoyo, críticas de incrédulos y una llamada de Pía Hildebrandt, quien reconoció que su padre no había actuado bien.

Desde entonces no ha vuelto a saber de César Hildebrandt, un hombre a quien nunca conoció realmente. No físicamente.

“Sí volvería a trabajar con él, por el sueldo y porque tenemos una relación amor y odio. Él de alguna manera me respeta y es alguien a quien yo sigo admirando”, asegura Álvaro y agrega: “La situación es muy bizarra. Puedo decir con orgullo que me censuró César Hildebrandt”. Bien podemos llamarlo masoquismo o la adoración de un ídolo –inexistente–, pero Portales no es el único que repetiría una experiencia difícil con tal de trabajar al lado de César.

Patricia Montero también. Patricia es una periodista que integró el equipo fundador de Canal N, pero antes estuvo bajo las órdenes de Hildebrandt en su programa Horario 15.

Es una persona que sabe mucho, es un gran entrevistador, pero su trato es muy complicado”. Patricia describe así a Hildebrandt. Ella tiene muchas anécdotas, momentos difíciles y tensos en los que todos buscaban su aprobación y sobre todo no ser víctimas de su enojo.

Montero comenta que su relación con Hildebrandt fue cordial pese a haberse peleado con él algunas veces. Sin embargo, fue ella quien decidió renunciar al trabajo cuando se dio cuenta de que este la absorbía demasiado. Después de haber tenido que armar un reportaje en minutos, pues Hildebrandt se rehusaba a iniciar su programa sin –precisamente– esa nota periodística, Patricia entendió que la situación era intolerable.

“Intenté renunciar una vez, pero no aceptaron mi carta. Regresé unos días después y entré a su oficina. Él me miró, recibió mi carta, la hizo una bolita y la tiró al tacho. Me dijo que yo debería estar acostumbrada y que él es así. Me dijo que ya tenía tema para mi siguiente reportaje. Pero la verdad yo estaba cansada”, relata.

Unos meses después, Patricia consiguió renunciar, y así se ganó un problema personal y a futuro con César Hildebrandt. “Yo renuncié mientras negociaba para ir a otro canal, a Monitor. Entonces yo dije ‘me voy allí´. Al final, Hildebrandt, que estaba molesto conmigo, vio que tenía reuniones con Monitor y pidió que no me contraten”, dice Montero.

Patricia cree que no obtuvo el trabajo debido a su exjefe.  

Pero Patricia Montero y Álvaro Portales no son los únicos que tienen una relación de amor y odio con Hildebrandt, como ellos hay muchos otros con historias sobre este singular periodista. Un ejemplo más es Fernando Ampuero, quien ha escrito sobre su tormentosa relación con Hildebrandt. Incluso le ha dedicado un libro llamado El Enano, en el que narra cómo lo conoció y la forma en que surgió su tóxica enemistad.

La ética periodística, que César debe conocer muy bien, señala que es neCésario oír a ambas partes de un conflicto. Entonces es pertinente buscar a Hildebrandt. Pero conseguir una entrevista con él tampoco es fácil.

Queda claro que es él y solo él quien elige con quien hablar y con quién no.

 

Buscar a César Hildebrandt no es fácil. Imaginar las mil maneras como nos podría decir que no quiere una entrevista asusta, pero no nos detiene. Su celular suena una, dos, tres y hasta cuatro veces antes de mandarnos a la casilla de voz. Una y otra vez por tres noches seguidas nuestros intentos son rechazados y redirigidos al buzón.

Buscamos opciones.

Su actual esposa, Rebeca Diz, nos devuelve la llamada. Muy amistosa y amable nos dice que antes de darnos una entrevista necesita conocer las preguntas. Esta puede ser nuestra oportunidad de encontrar a César Hildebrandt. Sin embargo, los esfuerzos son vanos. Diz ya no quiere hablar con nosotros.

Rendirse no es una opción, así que llamamos a César Hildebrandt Chávez, su hijo, a Mariella Patriau, su sobrina y a su hija Pía la contactamos por Facebook, ya que no vive en el Perú. Día con día cada uno de ellos nos rechaza o ni siquiera responde.

Quizás la mejor forma de encontrar a Hildebrandt es en sus trece, así que nos dirigimos al lugar desde donde realiza todas sus publicaciones.

Al llegar a su semanario, ubicado en Miraflores, nos dejan ingresar sin problema alguno. Un hombre con semblante preocupado entre montones de carpetas y archivos nos recibe y nos indica que la oficina de Hildebrandt en sus trece está en un piso más arriba.

Su secretaria nos recibe cordialmente, y cuando preguntamos por él nos dice “el señor César Hildebrandt sólo viene los jueves”. Es jueves y parece que estamos con suerte. No obstante, la secretaria agrega: “Pero los jueves no recibe a nadie. Puedes enviarle un correo”. La emoción desaparece. No conseguimos hablar con él y nuestro e-mail tampoco recibe respuesta.

Qué desazón.

César Hildebrandt, ese hombre que es respetado por muchos, que ha sido denunciado por copiar columnas opinión, al que recordamos por luchar por un periodismo sin censura, ¿se ha convertido en un empresario de la información?

Parece que todos tienen historias con él. No neCésariamente buenas.

Lo cierto es que Hildebrandt desaparecido de la televisión, aunque ha dicho que este no es un autoexilio. En los inicios de su semanario, le comentó al portal web Periodismo Digital que estaba lejos de la pantalla chica por haber revelado que Alan García tuvo un hijo extra matrimonial. "Lo que pasa es que yo fui echado del sistema, de la televisión (…) [Hubo interés] un par de veces en algún canal, y no se ha podido porque la presión es grande”, ha señalado el periodista.

Pero, aun así, aunque solo publique una vez por semana, nadie lo da por muerto, ¿verdad?

¿O sí?

 


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