“La trinchera luminosa del presidente Gonzalo” - por Martin Scheuch
Opinión
FUENTE: Jim Finn

2017-11-14 08:18:58

Martin
Scheuch
 

"El problema está en que no hay criterios claros para definir qué es exaltación, justificación o enaltecimiento de un delito, y en el caso de expresiones artísticas o literarias, todo depende de la interpretación subjetiva de los jueces."


Hace 10 años el director de cine independiente Jim Finn, nacido en 1968 en St. Louis (Missouri, EEUU), realizó con este nombre un experimento cinematográfico polémico: recrear la vida cotidiana de las reclusas senderistas en el penal de Canto Grande a fines de la década de los ‘80.

Si bien se trata de una ficción, el director asumió el formato documental, rodando con una cámara de video Hi-8 tanto las escenas donde se muestra las actividades diarias de las senderistas en un ambiente carcelario, así como las entrevistas intercaladas, donde ellas explican sus convicciones ideológicas. Sin un narrador con voz en off, las escenas realistas sin comentarios pueden dar lugar a que se piense que se trata de una obra de propaganda senderista. Más aun cuando el mismo director, aun creyendo en la democracia, ha afirmado tener algunas simpatías hacia el maoísmo.

Y si bien al film le precedió una investigación acuciosa sobre la ideología del presidente Gonzalo y las condiciones en que vivían sus seguidoras encarceladas —incluyendo videos reales de las reclusas de Canto Grande y de entrevistas a militantes de Sendero Luminoso—, resulta evidente para quien haya vivido de cerca esa realidad que se trata de una ficción, pues en Lima no hay tormentas, ni truenos, ni negras nubes de lluvia como las que se ven en el cielo sobre el escenario de la película —en realidad, un albergue juvenil ubicado en Nuevo México (EEUU)—. Asimismo, las actrices hablan con un acento similar al de las mujeres limeñas de clase media baja, pero muy distinto al de las mujeres de clases populares de origen andino. En realidad, se trataba de mujeres con ancestros navajos, que por momentos se comunican en su lengua nativa, queriendo el director transmitir de este modo la sensación que tiene un hispanohablante cuando escucha hablar en quechua. A destacar, una representación teatral del Macbeth de Shakespeare con textos en navajo.

La ausencia de explicaciones adicionales, donde una cámara objetiva simplemente se dedica a observar, junto con entrevistas ficticias indagando en las motivaciones personales de las senderistas, es lo más contrario a la propaganda, que por lo general busca manipular las imágenes y adoctrinar a los espectadores. Aquí simplemente se deja libre al espectador para que saque sus propias conclusiones.

En palabras del mismo director:

“Hice esta película para comprender cómo una muchacha indígena de 16 años se convierte en una asesina entrenada versada en la retórica marxista y dispuesta a todo por una sociedad futura de gran armonía. Para hacer esto yo quería recrear la lógica de Sendero Luminoso y la intensidad de su única forma de Revolución Cultural sin mostrar nada de violencia.

Quería ver cómo se entrenan y lo que dicen, y no interponer un narrador omnisciente para explicar o contextualizar a los personajes. En un sentido, la película es una especie de film de realismo socialista o quizás un film de propaganda fallida —que no pasó la censura de Sendero Luminoso—. Lo que se ha creado es un mundo ligeramente estilizado y de ficción basado en un hecho. Una película de mujeres en prisión sin una escena en las duchas; un film de guerrilla latinoamericana sin armas; un drama shakespeariano sin desenlace dramático”.

Curiosamente, si esta película se hubiera exhibido en el Perú, su director podría haber sido acusado de apología del terrorismo.

El Código Penal establece en el artículo 316:

“El que públicamente exalta, justifica o enaltece un delito o a la persona condenada por sentencia firme como autor o partícipe, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de un año ni mayor de cuatro años”, siendo un agravante si el delito es de terrorismo.

El problema está en que no hay criterios claros para definir qué es exaltación, justificación o enaltecimiento de un delito, y en el caso de expresiones artísticas o literarias, todo depende de la interpretación subjetiva de los jueces.

Una obra mostrando gráficamente la violencia ejercida por las Fuerzas Armadas contra población inocente puede ser interpretada como apología del terrorismo, aunque no lo sea.

Por el contrario, ¿por qué hasta ahora no se denuncia a quienes exaltan, justifican o enaltecen a Alberto Fujimori, una persona condenada por sentencia firme como autor de delitos graves?


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