(EDITORIAL): ¿Cuál marxismo?

2017-11-14 07:00:00

Altavoz 

El mundo contemporáneo, donde cada vez más grupos humanos tienen más derechos y donde las sociedades son más multiculturales, es cualquier cosa menos un triunfo del marxismo.


Hace más de un siglo atrás, Marx y Engels describieron al comunismo como un fantasma que atravesaba Europa amenazando al poder establecido. Después de la caída del muro de Berlín, el comunismo no ha vuelto a ser esa amenaza totalitaria que alguna vez se ciñó sobre el mundo, pero bien podría decirse que el marxismo ha terminado convirtiéndose en un fantasma que habita en la mente de los conservadores más radicales. Esta vez no porque se estén gestando nuevas revoluciones, sino porque los más conservadores lo ven por todos lados aun a pesar de que no exista. Para algunos, cualquier reivindicación de ideales tales como la tolerancia, el pluralismo o incluso los derechos humanos equivale a ser un tonto útil de la revolución comunista o, en el peor de los casos, un marxista.

Lo que no saben quienes están cegados por sus propias supersticiones es que la lucha por establecer límites estrictos al poder del Estado, por vivir en un mundo cosmopolita, y por la igualdad social entre hombres y mujeres, no es una particularidad del marxismo, sino que se gestó sobre todo en la modernidad, gracias a los grandes aportes de los más importantes pensadores de la civilización occidental. No fue otra que una pensadora liberal como Mary Wollestoncraft quien parió al feminismo, no fue otro que Jeremy Bentham quien escribió uno de los primeros textos en defensa de los derechos de los homosexuales y no fue sino John Locke quien escribió uno de los textos más importantes en defensa de la tolerancia religiosa.

El mundo contemporáneo, donde cada vez más grupos humanos tienen más derechos y donde las sociedades son más multiculturales, es cualquier cosa menos un triunfo del marxismo. No vivimos en la época más rica, educada y pacífica de la historia de la humanidad porque triunfaron las ideas totalitarias de los soviéticos, sino porque vencimos al comunismo y al fascismo. Uno de los principales factores del cambio cultural que hemos experimentado y que lleva a tantos a defender -por ejemplo- el matrimonio homosexual es la expansión de los mercados libres alrededor del mundo. Es el intercambio y la colaboración con otros lo que nos hace mejores y más tolerantes, no una conspiración marxista internacional. Es, después de todo, en las sociedades avanzadas de mercado como Nueva Zelanda, Dinamarca o Alemania donde la libertad social ha avanzado a pasos agigantados, no en las dictaduras comunistas de Cuba y Corea del Norte. 

El comunismo, ciertamente, es una doctrina nefasta que nos ha costado millones de vidas y que sigue siendo una amenaza para el progreso conjunto de la humanidad. Sin embargo, la alternativa a estas ideas no puede ser inclinarnos otra vez por el fascismo o el conservadurismo más rancio. La alternativa que tenemos contra el mal y la miseria es siempre la libertad entendida como una sola. Mucho nos ha costado llegar hasta donde estamos como para regalarle nuestros logros al marxismo.


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