Castrillón, los dramaturgos también hacen daño: en respuesta a Fernando Luque - Por Adriana Chávez
Opinión
Guillermo Castrillón
FUENTE: Archivo Virtual de Artes Escénicas

2017-11-10 13:48:00

Adriana
Chávez
 

Cuando leí por primera vez la denuncia hecha por Eva Bracamonte sentí asco y, de inmediato, lo supe: la defensa de Castrillón sería su metodología de enseñanza para encubrir los hechos. Y así fue. Porque al final el teatro es un círculo cerrado, ¿no? “Y así se trabaja, hermanito, la chica no entendió mi forma de trabajo. Con el arte no se juega, porque el arte es sagrado”.


Es muy fácil intentar patéticamente encubrir una agresión sexual con supuestas técnicas teatrales y que tus colegas te den palmaditas en la espalda. Es fácil porque son un montón de personas que poco o nada saben sobre relaciones de poder y los diferentes tipos de agresiones sexuales que existen.

Cuando leí por primera vez la denuncia hecha por Eva Bracamonte sentí asco y, de inmediato, lo supe: la defensa de Castrillón sería su metodología de enseñanza para encubrir los hechos. Y así fue. Porque al final el teatro es un círculo cerrado, ¿no? “Y así se trabaja, hermanito, la chica no entendió mi forma de trabajo. Con el arte no se juega, porque el arte es sagrado”.

De acuerdo al testimonio de Eva, existió una clara manipulación, abuso de poder y actos en contra de su voluntad que ella, en varias oportunidades –y esto es algo que el actor parece olvidar cuando defiende al dramaturgo– le manifestó a Castrillón. ¿Cómo es que después de esto el sujeto se atrevió a recostarse encima de ella en ropa interior? ¿Cómo es que después de que Eva fue clara con su profesor este se recostó encima de ella y se quitó la ropa interior?

Luque, ¿qué harías tú si, tras manifestarle tu incomodidad a alguien que tiene un claro poder sobre ti, va más lejos y aprovecha para agredirte sexualmente? ¿Te imaginas a un tipo respirando su aliento asqueroso en tu oído y diciéndote que piensa en el olor de tu boca en las mañanas? Luque, ¿por qué omites las denuncias de mujeres que forman parte del medio, han trabajado con él y advirtieron a Eva de sus supuestos problemas de misoginia y abuso sexual? ¿Es que las demás voces no importan?

Pero el actor, a quien conozco y respetaba por su talento, afirma que no se puede probar que haya “existido perversidad de parte del dramaturgo”. Fernando: ¿cómo es que se prueba la perversidad? Le hacemos a Castrillón un examen en la clínica para ver cuán perverso es? Porque si una alumna te pide –explícitamente– que no vuelvas a quitarte la ropa y, a las siguientes semanas, lo vuelves a hacer, ¿no hay ningún problema? ¿No importa lo que nosotras exigimos porque el arte es sagrado?

¿Cómo es que dices que Castrillón no impone un método si Eva sostiene que sí le manifestó sentirse incómoda con algunos comportamientos y él hizo caso omiso a sus palabras? ¿A eso se le llama consenso de ambas partes? Luque añade, en un post compartido en su Facebook, una oración que vale la pena resaltar: “como bien alega el director en su respuesta”, como si la defensa de un acusado de agresión sexual pudiera ser sostenida como verdad absoluta.

También plantea dos posibles teorías y se inclina por la siguiente: que Castrillón es “un director excéntrico hasta un grado realmente inverosímil, pero no ciertamente perverso” (de nuevo me encantaría saber cómo es que mide el actor la perversidad). Y no importa lo que sintió Eva, no importa que se lo hubiera dicho, no importa que este haya ido en contra de lo que ella le manifestó. Lo que viene después de esto es, sin duda, una de las partes más indignantes del texto de Luque, pues manifiesta que si ella se sintió ultrajada no significa que en realidad lo haya sido, por más duro que esto suene.

No olvidemos: Castrillón tenía conocimiento sobre la incomodidad de Eva y se comprometió a no llevar a cabo nuevamente cierto tipo de actitudes. Y hay algo que parece que muchos no quieren entender: cuando una mujer habla fuerte y claro sobre lo que no quiere –en cualquier contexto– no hay “malentendido” que valga.

Y, en efecto, no se dio una violación: la misma Eva lo dijo, pero no es necesaria una violación para que exista una agresión sexual y eso deberíamos saberlo todos. ¿Cómo es que Luque sabe, con seguridad, que Castrillón no pretendía violarla, sino “sacarle una verdad que ella desconocía”. ¿Verdad? ¿Verdad para quién? Para el actor la versión del dramaturgo es mucho más creíble porque, al terminar el ensayo, se encontraba tranquilo. Es que, claro, como todos sabemos, los agresores y acosadores sexuales quedan profundamente afectados psicológicamente luego de perpetrar un abuso.

En defensa de Castrillón, el actor sostiene que lo denunciado por Eva ocurrió “dentro del sagrado espacio de creación”. Es ahora que recién me entero de que existen espacios sagrados en los que está permitido agredir sexualmente a una persona. Y esta, de acuerdo a Luque, es la salvación del dramaturgo: haber agredido a Eva en un escenario y no en otro lugar.

No hay contexto que valga, no hay malentendido que justifique acciones como las del dramaturgo, no hay espacio sagrado en este mundo para que una mujer no pueda demandar lo que cree que alguien debe hacer con su cuerpo. Entender esto será, probablemente, la salvación de quienes no comprenden cómo funcionan las estructuras de poder y las agresiones normalizadas que todavía vivimos las mujeres.


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