Si el Estado hiciera la Coca Cola - por Gustavo Rodríguez García
Opinión
FUENTE: Proodian Healthcare

2017-10-13 15:16:50

Gustavo
Rodríguez
 

"Si el Estado produjera Coca Cola, probablemente la producción de ese producto se conduciría a través de una gestión pobre."


¿Se imagina un país en el que el Estado podría producir gaseosas y chocolates, tener líneas de empresas de transporte y con los bancos, establecer restaurantes y tener salas de cine? A muchos la idea parece no serles desagradable. En efecto, algunos quieren ver un Estado “fuerte” lo que, de forma bastante distorsionada, significaría un Estado que está por todas partes. Para otros, en cambio, si bien verían esta premisa inicial como una exageración de mi parte -un intento de llevar al absurdo un planteamiento válido en alguna medida- defenderían la presencia de un Estado que esté presente para los “productos y servicios esenciales”, es decir, para “apoyar y proteger” a la población cuando esta se encuentre en una situación de necesidad frente a supuestos abusos o excesos de los privados.

Con mucha facilidad se apresuran algunas voces en sostener que existen fallos de mercado por doquier. Los neoliberales, se dice, siguen creyendo dogmáticamente que el mercado es una panacea y que todo lo hace bien. La verdad sea dicha, el mercado no es ni puede ser perfecto. Ese no es el punto. El verdadero meollo del asunto es si el Estado es mejor que el mercado en la asignación de recursos. No basta, entonces, identificar la imperfección del mercado sin demostrar que el Estado es menos imperfecto. Esta demostración es precisamente lo que los defensores de medidas que añoran la intervención estatal -como la reforma que la congresista Glave plantea sobre el papel subsidiario del Estado- no presentan ni podrán presentar. 

Si el Estado produjera Coca Cola, proveer dicho producto sería posible aunque fuera ineficiente. Por ejemplo, la producción de este producto podría ser indeseable considerando que el dinero invertido podría ser usado para fines más adecuados. Cada sol que el Estado invierte en un emprendimiento, es un sol menos que puede dedicar a alguna meta realmente deseable. Es, desde luego, una realidad ineludible que los recursos no son ilimitados. Los ciudadanos sensatos queremos que se haga lo mejor que se pueda con el dinero que, además, es de todos los peruanos.

Si el Estado produjera Coca Cola, probablemente la producción de ese producto se conduciría a través de una gestión pobre. Los directivos serían elegidos por razones políticas de modo que tendrían poco incentivo para hacer una buena gestión. La capacidad de monitorear la gestión, además, sería menor porque, en estricto, la propiedad de la empresa pública recaería en todos al tratarse de una empresa del Estado. Nadie tendría un incentivo fuerte como para invertir sus recursos individuales en el monitoreo de la producción estatal de Coca Cola.

Si el Estado produjera Coca Cola, es probable que el mercado sea más concentrado que lo que ocurriría si participaran solo privados. Los privados tendrían un incentivo reducido a competir contra el Estado porque éste puede producir y ofrecer sus productos de forma privilegiada. El Estado encontraría la forma de abrirse camino dejando a los privados fuera del mercado. De esa forma, es probable que la producción estatal de Coca Cola pueda desembocar en un monopolio estatal de productos de ese tipo. 

Nuestra Constitución establece que la actividad empresarial del Estado es subsidiaria. Eso, como puede verse, no significa que el Estado no pueda participar en la economía de forma absoluta. Impone, eso sí, la exigencia de abstenerse de una incursión en el mercado allí en donde los privados vienen compitiendo. La competencia entre los privados conduce a precios más bajos. Y allí en donde existe algún monopolista que impone precios altos, empieza el proceso que culmina en el propio fin de su poder: los precios altos atraen nueva competencia que empuja los precios a la baja. 

Si el Estado produjera Coca Cola, podría cobrar un precio ineficiente sustentando su actividad en los impuestos de todos los peruanos. Así, todos los peruanos estaríamos en el negocio de la producción de Coca Cola con nuestro propio dinero. Nada de esto significa que el Estado deba dejar de cumplir papeles importantes como salvaguardar la propiedad privada de los individuos o proveer defensa a sus ciudadanos. Significa que el mercado es mucho mejor asignando recursos que el Estado y deberíamos preferir, por ello, una actuación de los privados. Cambiar las reglas constitucionales para permitir que el Estado actúe cuando lo estime, implica dotar al Estado de la capacidad de anular mercados y reemplazarlos por decisiones demagógicas. Si un privado invierte su dinero en un emprendimiento y toma una mala decisión, pierde su inversión. Si el Estado invierte nuestro dinero de forma equivoca, pierde el dinero de todos los peruanos. No se olvide que el dinero que administra el Estado es realmente nuestro dinero. Dicho ello, lo invito a pensar: ¿le gustaría que el Estado invierta su -nuestro- dinero en producir Coca Cola?


Comparte esta Noticia:





Diseño y desarrollo hecho por UNA SOLUTIONS